Más allá del boom y del crack.

Ensayo sobre la estatización bancaria

Luz Ma. Silva

Agosto de 2007


CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

 

Un poco de historia

Tres sistemas bancarios en México

 

Las tres etapas del sistema financiero nacionalista

 

Un vistazo al entorno de la banca múltiple

 

La crisis y sus secuelas

 

Los retos del sexenio de MMH

El FICORCA

Las SNC y su marco legal

Manifestaciones y arreglos

 

El impacto en las grandes empresas

 

Prolegómenos del tercer sistema financiero

 

El error globalizador

 

Los impactos sociopolíticos: reflexiones finales

 

El problema de la concentración de recursos

 


INTRODUCCIÓN

E l 1° de septiembre de 1982 fue trascendental para México. Fue el día en que se destruyó su segundo sistema financiero. El costo fue enorme. Aún no terminamos de pagarlo. Este ensayo está escrito con el ánimo de reflexionar sobre el tema, para analizar una cuestión a la que a pesar de su importancia, o quizá por ella, se ha analizado relativamente poco.

México se ha convertido en un país en el que se debate todo, salvo la estatización de la banca. Al parecer, nos sucede lo que a las familias chapadas a la antigua cuando una joven se convierte en madre soltera: provoca una serie de conflictos en que todos los miembros se involucran, pero metidos en un proceso de desintegración que los divide, nadie vuelve a abordar el tema del embarazo, y menos aún si el resultado (vástago) vive con ellos.

En los años ochenta se escribió sobre la estatización. Luego, se hizo silencio, apenas interrumpido por la aparición de las memorias de los ex Presidentes José López Portillo y Miguel de la Madrid. En este siglo, que yo sepa, están disponibles varios textos en Internet, se publicaron el libro postrero de don Manuel Espinosa Yglesias, las ediciones del Centro que lleva su nombre y el libro testimonial sobre don Rubén Aguilar Monteverde. Dada la importancia de ambos en el sistema bancario destruido, son obras de obligada lectura.

También, con un enfoque ecléctico, se publicó la compilación de Gustavo Del Ángel-Mobarak Carlos Bazdresch Parada y Francisco Suárez Dávila. (2005), Cuando el Estado se hizo banquero. Provocó comentarios interesantes, aunque relativamente escasos. Finalmente, apareció el capítulo “La banca mexicana o la maldición de Pípila” que escribió José Ignacio Prieto (2006) en su libro Atrapados en el periférico. Todos aportan elementos iluminadores, pero aún estamos lejos de tener una reflexión reposada a nivel nacional con miras a ventilar diferencias de tal manera que podamos alcanzar el acuerdo indispensable para funcionar y construir un futuro con mejores posibilidades para el país.

Por definición un ensayo es una opinión. Podría presumir de objetividad y omitir la palabra ensayo en este trabajo, pero hace mucho tiempo aprendí en la UNAM, mi alma mater, que los textos objetivos no existen. El autor siempre es juez y parte de lo que analiza. Simplemente, desde el lenguaje utilizado, se ve la postura de una persona: habemos quienes pensamos que López Portillo estatizó la banca y hay quienes dicen que la nacionalizó. Asumiendo que al escribir un ensayo el autor es subjetivo, opté por la soltura de las plumas europeas, por sus textos con pocas citas, casi sin cifras, libertad que se sostiene con una rigurosa investigación que la sustenta.

Este ensayo quiere contribuir al acuerdo, planteando algunos efectos de la histórica medida. Busca extraer de ella lecciones útiles para un país que ha perdido el rumbo. Está basado en la revisión de una extensa bibliografía y en las muchísimas entrevistas que sobre el tema he realizado a través de los años. Fue dictado por un profundo cariño hacia México y a todos aquellos que dieron lo mejor de sí mismos en lo que entonces, en 1982, se sentía como trincheras en las que se debía defender a la patria por encima de uno mismo.

Además de a mis seres queridos, a los banqueros (dueños y directivos) y bancarios (funcionarios y empleados) que tuve el privilegio de tratar y a los que no conocí, pero creyeron en el país y en su misión, este trabajo está dedicado a Francisco Xavier de Clavijero, expulsado de la Nueva España por Carlos III y su Pragmática sanción del 27 de febrero de 1767.

Hijo de una pudiente familia veracruzana, el padre Clavijero fue trasladado a Italia con el resto de los jesuitas. Tuvo en Bolonia una vida de privaciones, pues dedicó la mayoría de su exigua pensión a sufragar los gastos que significaban escribir su Historia antigua de México. Apasionado y fiero, caminó varias veces la gran distancia que separaba a Bolonia de Roma [1] , con tal de consultar sus fuentes de información. Terminado su texto, se negó a censurarlo, que era el precio que debía pagar por publicarlo en castellano. Prefirió traducirlo al italiano y que viera la luz como Storia antica del Messico a ceder a las presiones de quienes pedían su mutilación.

Nadie puede afirmar que la expulsión de los jesuitas destruyó un sistema bancario mexicano porque entonces México no era un país independiente, ni tenía banca. Sí se puede apuntar que esa expulsión destruyó el sistema financiero vigente, que permitió que la Corona española, al quedarse con los bienes de la Compañía de Jesús, saliera momentáneamente adelante y pudiera recuperar por un tiempo el poder en sus Colonias, mismas que perdió en el proceso que desencadenó y que desembocó en otra quiebra, a principios del siglo XIX.

¿Por qué José López Portillo estatizó la banca en 1982? Nunca lo explicó realmente. Ya nos saquearon. México no se ha acabado. No nos volverán a saquear... fue un dicho cargado de ira, no las razones que debió dar en su Informe ese 1° de septiembre, cuando tuvo a bien decretar la nacionalización de la banca, el control de cambios y de paso destapar la caja de Pandora nacional. Ya lo dijo Clavijero a propósito de los jesuitas:

Carlos III, rey de España, y consiguientemente el Rey de Nápoles su hijo, protestaron que no declararían jamás su motivo. Esta misma protesta ¿no será en el tribunal de la posteridad una confesión manifiesta de que no tenían motivo alguno legítimo [...]? [2]


Un poco de historia

Tres sistemas bancarios en México

Desde el inicio de su historia independiente, México ha tenido dos grupos diferentes, dos maneras distintas de ver el mundo, dos esquemas de país: quienes ven a la propiedad privada y la iniciativa individual como motor de crecimiento, coexistiendo con un Estado fuerte, y quienes ven un país igualitario, colectivista, con un Estado protector y fuerte. [3] Estas maneras son relativamente inconscientes y se diluyen con la existencia de partidos políticos, pero afloran con frecuencia.

Don Porfirio visualizó a México como un país en que florecía la propiedad privada, la iniciativa individual y el gobierno era fuerte. Era la visión liberal plasmada en la Constitución de 1857, que desgraciadamente no vemos porque desencadenó el conflicto por las propiedades de la Iglesia, que tiene visión comunitaria.

En el siglo XX post revolucionario se estableció una regla no escrita por la cual el gobierno creaba las condiciones de desarrollo y los particulares (iniciativa privada o IP) las aprovechaban. A cambio de dejar que se desarrollara la IP, el gobierno “protegía” a las clases populares de los segundos, que de manera genérica eran objeto de críticas más o menos inofensivas. Cuando las críticas subían de tono, la IP sacaba su dinero del país y, mantenía funcionando sus negocios en espera de mejores tiempos. Esta regla funcionó hasta 1970.

Durante su sexenio, Luis Echeverría rompió la regla al criticar abiertamente a la IP, al propiciar las invasiones de tierras, los movimientos populares y la guerrilla. Una consecuencia de este rompimiento fue el asesinato de don Eugenio Garza Sada y otra que a partir de ahí la IP rompió el silencio.

Así, en el sexenio de López Portillo, cuando don Manuel Espinosa Yglesias o cualquier otra persona de la IP daba sus puntos de vista sobre diferentes políticas, profundizaba el rompimiento. El Presidente tenía la sensación de estar siendo retado por la IP, percepción que se le agudizó cuando Bancomer inauguró el edificio más vanguardista de la ciudad y cuando la dirección de Banamex pretendió hacer un parque en la esquina de Isabel la Católica y Venustiano Carranza, frente al edificio colonial, para llamarle Agustín Legorreta López Guerrero. [4]

Al estatizar la banca, el Presidente López Portillo agudizó el rompimiento del sistema e hizo aflorar la existencia de esas dos visiones de país que desde la Independencia se manifiestan y que dan origen a los intentos conscientes de estructuración y, durante sus enfrentamientos, a las etapas de desarticulación que, como vendavales, llegan y arrasan con todo lo que encuentran al paso.

Cuando se enfrentan las dos visiones del país, el sistema financiero resulta el más débil porque su funcionamiento requiere de confianza y, como dice la sabiduría popular, la confianza es una planta sin raíz, o sea que se la lleva el viento. Pasado el ventarrón, hay que volver a sembrarla, es decir, hay que hacer un nuevo sistema financiero, con el costo que eso representa.

Ese enfrentamiento hizo que México tuviera un desarrollo bancario tardío. Desde su independencia, en 1821, hasta 1884, cuando logró configurar su primer sistema financiero, vertebrado por la banca privada de emisión, pasaron 63 años. Antes hubo intentos fallidos de establecer bancos, pero no prosperaron porque la nación estuvo en continuas luchas civiles y frecuentes cambios de gobierno [5] .

Ese primer sistema funcionó 29 años, hasta que los préstamos forzosos de los revolucionarios, las dificultades para el intercambio económico y la decisión del gobierno de Victoriano Huerta de dar poder libratorio ilimitado a los billetes regionales, provocó la quiebra del Banco Central Mexicano (1913).

El segundo sistema financiero, el nacionalista, también tuvo a la banca privada como intermediario por excelencia, pero a partir de 1925 se organizó en torno al Banco de México. Llamo nacionalista a ese segundo sistema por las características de sus directivos, por su forma de actuar, y porque fue el que dio estructura al desarrollo estabilizador con su enfoque de sustitución de importaciones y su economía mirando más al interior que al exterior. Terminó abruptamente el 1 de septiembre de 1982, cuando el Presidente López Portillo estatizó la banca. Duró 61 años.

La articulación formal del tercer sistema financiero se inició en 1990, con las modificaciones legales para llevar a cabo el proceso de reprivatización bancaria, se vio reforzada con la iniciativa de dotar de autonomía al Banco de México, [6] pero fue bruscamente truncada por el error de diciembre de 1994, que logró lo que no había conseguido ningún otro acontecimiento del siglo XX mexicano: quebrar en menos de 24 horas a ricos, pobres, clases medias, a empresas y organizaciones de todos tamaños y al gobierno. Su repercusión internacional fue el llamado efecto tequila. [7]

El tercer sistema financiero aún está en proceso de configuración. Es complicado, en él coexisten demasiados controles para unas cosas y una gran flexibilidad para otras. La banca es importante, pero no se estructura en torno a ella porque el centro de decisión de los grandes bancos está en el extranjero, obedece a intereses foráneos, aunque diferentes en cada caso. Dos de ellos (Citigroup y HSBC) son más grandes que la economía de México y uno (Santander) de tamaño similar. El BBVA es un poco más pequeño.

Los grandes Grupos empresariales se fondean en las matrices de esas instituciones, a mejores tasas y en condiciones óptimas. También usan sus mecanismos de inversión, lo cual es muy conveniente para ellos. Ni los critico, ni espero que lo dejen de hacer, si no les representa alguna ganancia cambiar. Sólo apunto que la brecha entre los servicios financieros a los que tienen acceso y los del resto del país es enorme, creciente y pone en gran desventaja a negocios y personas que tienen que arreglárselas con lo disponible en México.

Como suele hacer nuestro sistema político, cuando no puede controlar algo muy grande, le va creando opciones pequeñas para minimizarlo. En este nuevo sistema financiero se advierte esa tendencia: los grandes bancos internacionales están rodeados de infinidad de instituciones pequeñas que proporcionan uno o dos servicios y que son reguladas unas por el Banco de México, otras por la Secretaría de Hacienda y otras por la de Economía. Aún está en proceso de definición y de búsqueda para encontrar cómo conjugar su parte globalizada con la local. Por lo pronto, es evidente su incapacidad para sustentar el desarrollo del país. [8]

En México el sistema financiero no bancario parece condenado a tener menos clientes y más pequeños de los que podría atender. Incluyo a la Bolsa de Valores porque cada vez que uno de sus emisores se globaliza, se sale y la hace más pequeña, o se queda con el mínimo de operaciones, por ejemplo colocar bonos y obligaciones, y ya. Ese mismo efecto de empequeñecerla tuvieron las últimas disposiciones legales, ahora vigentes, que pretenden dar ingerencia a la autoridad en la administración interna de las empresas que cotizan en Bolsa. Parte del resultado fue visible: se salió un Grupo importante, pero queda en los costos escondidos, imposibles de conocer: los que representan aquellos que pudiendo entrar, se abstienen.

Así, el nuevo sistema financiero expulsa a los grandes negocios al exterior y satisface tan limitadamente las necesidades del resto, de quienes podrían usar sus servicios, que la mayoría de quienes buscan ser productivos se fondean con recursos familiares o, si no hay más remedio, con la tarjeta de crédito (entre 30% y 40% anualizado), con préstamos personales a tasas superiores al 30%, de las cajas de ahorro, de la Sofoles, Sofomes y demás opciones o con recursos de las microfinancieras. [9] Entre todas esas instituciones no se conforma una base sólida para el desarrollo nacional.

El oficio bancario se aprende con el tiempo y una libertad de acción que las nuevas instituciones financieras no tienen, tanto porque la tecnología proporciona toda la parte burocrática y permite que las cosas se hagan sin tomar decisiones, como porque la legislación está enfocada en el control y hace pagar con cárcel, al menos teóricamente, cualquier mala decisión. ¿Quién se arriesga a semejante sanción con tal de aprender? El problema es de tener una cuidadosa selección de personal, de acuerdo con ciertos valores, no de asumir a priori que todo el mundo es culpable.

Regresemos al segundo sistema financiero mexicano y a las consecuencias de su estatización.

Las tres etapas del sistema financiero nacionalista

1. La de definición y conformación. Comenzó en 1921, cuando el Presidente Álvaro Obregón desincautó la banca, o lo que quedó de ella después de la Revolución y terminó hacia 1939, con un Banco de México ya en su papel de banca central, sin atribuciones de banca comercial, y con banca especializada. Es decir, había bancos de depósito, de capitalización y ahorro, etcétera. Fue la banca que ayudó a la reconstrucción del México destruido por trece años de luchas civiles (la Revolución y la Cristiada), la que ayudó a construir infraestructura, a sacar a muchas empresas de la quiebra, a crear otras y a ordenar la deuda externa, de nuevo convertida en una pesadilla para las finanzas nacionales.

Sus instituciones eran pequeñas y con antecedentes de dos tipos: las recién fundadas, en los años 30, como el Banco de Comercio (luego Bancomer) que comenzaron de cero; y las que habían funcionado durante la primera etapa y tenían muchos problemas, pues recomenzaron con la carga de las pérdidas ocasionadas por la Revolución. Por ejemplo, el Banco Nacional de México (luego Banamex), que estaba en esa circunstancia, tomó dos decisiones fundamentales para sanear sus finanzas:

2. La etapa de crecimiento de la banca especializada, de 1940 a 1976, en la que los bancos aumentaron su capital social y contribuyeron al desarrollo del país y de sus diferentes actividades económicas. Esta banca se fue tecnificando a medida que su desarrollo lo permitió y esa tecnificación se tradujo en servicios bancarios para sectores de la población que históricamente carecían de ellos. Fue la banca del desarrollo estabilizador y la que se dedicó a convencer a la población de las ventajas del ahorro y los servicios bancarios. Creó, por ejemplo, el de préstamos personales para la clase media, introdujo la tarjeta de crédito para personas solventes [10] , automatizó sus servicios, etcétera.

3. La etapa de banca múltiple, de 1976 a 1982, en la que la banca comercial se fusionó [11] con otras instituciones que prestaban servicios diversos, y eran de los mismos accionistas, de tal forma que formaron Grupos para prestar servicios universales, es decir múltiples. Los grupos bancarios se volvieron corporativos, al igual que las grandes empresas industriales y comerciales. Fue la banca estatizada en 1982.

Un vistazo al entorno de la banca múltiple

Antecedentes

Por voluntad política del Presidente Luis Echeverría, el desarrollo estabilizador terminó en 1970. Fue sustituido por el desarrollo compartido, en el que se pretendió llevar los beneficios del crecimiento a los sectores marginados de la sociedad. El cambio de políticas públicas que eso significó tuvo efectos indeseados porque se dio en un entorno mundial de turbulencia, provocado por el fin de los dos pilares que sostuvieron la etapa estabilidad con crecimiento en el mundo, llamada los años dorados por los historiadores:

En 15 de agosto de 1971, el Presidente de EUA Richard Nixon denunció el Tratado de Bretton Woods en medio de una economía sin crecimiento y con inflación. Además de dejar de lado el patrón cambio-oro, devaluó 8% el dólar.

Dos años después, el 17 de octubre de 1973, comenzó la crisis del petróleo, a raíz de la decisión de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo Árabes (OPEP) de no vender a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur, que enfrentó a Israel con Siria y Egipto. La medida era contra EUA y a sus aliados de Europa Occidental. El hidrocarburo subió de precio, lo que llenó de petrodólares al sistema monetario internacional. Con la economía en recesión, por falta de energéticos, y la inflación derivada de los dólares sobrantes de origen petrolero, el dólar se volvió a devaluar y entró en un sistema de flotación. Mientras tanto, el peso mexicano continuó con la misma paridad que tenía desde 1954: el dólar a 12.50.

Sostener la paridad de 12.50 hizo del dólar la única mercancía barata en un entorno con gran inflación, en un México que sabía que tenía mucho petróleo, pero no lo explotaba, en el que los enfrentamientos entre el sector privado y el Presidente de la República habían llevado a una disminución de inversiones y actividades, sustituida por gasto público, apoyado en deuda contraída en petrodólares, que la banca internacional colocó prestándole por primera vez a países subdesarrollados, de economías viables, como la nuestra.

El gran problema de los préstamos no es pedirlos, es pagarlos, sobre todo si su destino fue el gasto y no la inversión en una actividad que genere los recursos necesarios para liquidarlos. Así, la tarde del 31 de agosto de 1976, en víspera del último informe de gobierno del Presidente Echeverría, en un programa especial trasmitido por radio y televisión se anunció que el Banco de México se retiraba del mercado. Es decir, se devaluó el peso, que se dejó flotar, como hacía al resto de las monedas en el mundo.

La mayoría de las personas que estaban en activo, incluidos los políticos y los directivos en funciones, nunca había vivido una devaluación y menos en un puesto de decisión. A todos los tomó por sorpresa. Los particulares que al amparo del dólar barato habían salido de viaje y comprado a crédito, repentinamente vieron crecer su deuda. Las empresas también. La economía había perdido su estabilidad. Hubo que revaluar proyectos, aprender a vivir con aumentos de precios y salarios y con una inflación nunca vista de 27.2%, que después resultó verdaderamente ingenua.

Tras de fluctuar varios meses, el peso alcanzó su nivel. En diciembre de 1976 el dólar llegó a 22 pesos, o sea que sufrió una depreciación del 76%. El mundo también parecía flotar, buscando nuevas formas de interactuar. Ese mismo año, en un intento de reorganizar el sistema monetario, en Kingston, Jamaica, el FMI definió sus nuevos estatutos y creó los Derechos Especiales de Giro (DEG) como medio para realizar el intercambio monetario entre países. Así, quedó atrás el patrón cambio-oro y la paridad fija que dieron estabilidad al sistema monetario mundial durante casi tres décadas. Los dólares serían el 30% del valor de la reserva del país. El resto sería conceptual: el tamaño de la economía, la productividad, etcétera.

Petróleo, CETES y mexdólares

En 1976 tomó posesión como Presidente de la República el Lic. José López Portillo. Su triunfo arrollador en las elecciones, sin oposición oficial, fue preocupante: habían votado las clases populares y la burocracia, mientras que entre el resto de las clases medias y altas había un gran descontento, producto de factores como el estilo personal de gobernar [12] del Presidente Echeverría, y otras consecuencias de la ruptura.

Durante el discurso de toma de posesión el gran orador que era López Portillo se ganó la simpatía de todos. Así, comenzó su sexenio con un gran capital político, cosa que era de su agrado, y con los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en casa, como consecuencia de la última devaluación, circunstancia que le molestaba mucho.

En dos años, se enderezó la economía. Las empresas que tenían deudas renegociaron sus pasivos. Se sorteó la inestabilidad y la recesión económica. Los señores del FMI regresaron a sus lugares de origen.

El desarrollo nacional parecía incontenible. Los banqueros nacionalistas veían como grandes problemas la inflación, el bajo rendimiento del sector agrícola y cuellos de botella, como el de la educación y los transportes. Como era ya tradicional, aprovechaban los foros a su alcance para dar a conocer sus puntos de vista.

Sin embargo, prácticamente de repente, la economía se petrolizó. El mundo estaba ávido de consumir el hidrocarburo, pues era el energético más importante, la base del 75% de la energía mundial, y el país puso a producir grandes pozos recién descubiertos. La cantidad de recursos que recibió por ello fue enorme. Por primera vez en la historia, México y sus empresas tenían que aprender a administrar la abundancia. No había desempleados, sólo puestos vacantes y sueldos altos.

Parecía que al fin se había llegado al primer mundo. Era hora de tener un mercado de valores significativo. A la Ley del Mercado de Valores expedida en 1975, se agregó a principios de 1978 la creación de los Certificados de la Tesorería de la Federación (CETES), versión local de los Bonos del Tesoro. Sobre esa base se construyó el mercado de títulos públicos. El gobierno federal tuvo un medio moderno para su financiamiento y al Banco de México un instrumento para efectuar operaciones de un mercado abierto. El éxito de los CETES fue inmediato.

Todo iba muy bien hasta que en 1981 el precio del petróleo hizo dos movimientos bruscos: el primero, en febrero, lo elevó a la cifra récord de 34 dólares por barril. El segundo, en julio, lo derrumbó y de ahí se deslizó, incontenible, varios meses. Junto con el hidrocarburo bajaron los precios del café (16%), del algodón (12%), del cobre (51%) y del plomo (25%), o sea nuestras principales materias primas de exportación.

Los banqueros nacionalistas, como la mayoría de los líderes de opinión y su propio gabinete, le pidieron que devaluara y bajara drásticamente el gasto público, pero López Portillo se negó diciendo: Presidente que devalúa, Presidente que se devalúa. Después argumentaba: Si se hubiera hecho caso a los ortodoxos hubiera resultado difícil la apertura política electoral y así decidió defender al peso como un perro.

Los efectos para México fueron demoledores, pero la paridad se sostuvo casi fija. En poco tiempo la economía se desangró. Las exportaciones petroleras eran en 1981 las tres cuartas partes del total exportado, en comparación con 1978, cuando eran sólo la tercera parte. El Presidente insistía en ignorar el problema hasta que las presiones hicieron ineludible que lo enfrentara.

Así, el 17 de febrero de 1982, el Banco de México se retiró del mercado, con el dólar a 26.91 pesos. Al otro día abrió a 47 y el peso comenzó a deslizarse 4 centavos diarios. Acto seguido, el Presidente decretó aumentos salariales del 10, 20 y 30%, lo que elevó los costos de producción, atizó la inflación y puso en serios aprietos a las empresas, tanto a las que habían contraído deuda en dólares, ante la imposibilidad de hacerlo en pesos durante casi todo el sexenio, como a las pequeñas y medianas que se financiaban con capital local.

Los créditos que habían sido contratados en otras circunstancias, a precios y plazos razonables, con finanzas sanas, para apuntalar su crecimiento, se volvieron pasivos impagables. En agosto la deuda era ya 60% más cara y aumentaba a diario, con el deslizamiento del peso y una imparable inflación. Llegaría a ser 500% más elevada, mientras que la economía, prácticamente paralizada, dificultaba cobros, nuevas ventas y en fin, la actividad normal.

El 20 de agosto de 1982, el gobierno de México solicitó al FMI una moratoria de 90 días en el pago de la deuda. Además, estableció un sistema de tres tipos de cambio: preferencial, mexdólares y libre o general. Los depósitos en moneda extranjera que se habían hecho en las cuentas que ofrecía el sistema bancario fueron convertidos en mexdólares y restituidos en moneda nacional al tipo del día 17, con el dólar a 69.50 pesos, mientras se pagaba ya a 95.

El 22 de agosto México envió un dramático télex a la comunidad bancaria internacional solicitando una prórroga de tres meses y facilidades financieras de 500 a mil millones de dólares por un año. La petición fue aceptada por los 115 bancos comerciales a las que México les debía.

Declararse en suspensión de pagos ha sido siempre un asunto grave. Para tranquilizar a la comunidad financiera internacional, el Secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog Flores, se fue de viaje, acompañado por el Presidente de Banamex, Agustín F. Legorreta, quien, como buen banquero nacionalista, puso a disposición del gobierno los múltiples contactos que en los grandes bancos del mundo tenía la institución y su familia desde que su abuelo, Agustín Legorreta García, había colaborado en el arreglo de la deuda después de la Revolución y hasta el fin de sus días.

Un aviso de que iban a suceder cosas desagradables los hizo suspender el viaje. Efectivamente, el 1° de septiembre de 1982, el Presidente López Portillo estatizó la banca. El segundo sistema financiero mexicano había sido borrado de un plumazo.

La crisis y sus secuelas

Los males nunca vienen solos, dice la sabiduría popular. Las crisis tampoco. Al quitarle la banca al sistema financiero, se deshizo porque estaba vertebrada con ella. El cambio de status del Banco de México y el subordinar la banca a una subsecretaría fue clara señal de su pérdida de importancia. Fue para la economía nacional como si su corazón hubiera sido trasplantado a los riñones y por un milagro el paciente no hubiera fallecido. El desorden que ese cambio ocasionó fue terrible, la economía prácticamente se deshizo y en los doce años que separan a 1982 de 1995, tuvo tres grandes crisis: 1982,1986 y 1994. La secuela, para bien o para mal, se rompió con la inserción de la economía mexicana en la economía internacional, en especial en la de EUA, lo cual aumentó la dependencia de México hacia el vecino del Norte, pero rompió con las crisis.

Esa fue una consecuencia de la estatización, el cambio de rumbo de la economía, que en menos de 15 años se internacionalizó. En el camino hubo una serie de consecuencias que aún tienen a México en vilo y que llevan a plantear una pregunta ¿Para lograr la inserción de México en la globalización había que seguir esa ruta tan cara y difícil?

El nacionalismo, un valor inútil

El 1° de septiembre de 1982 la banca fue estatizada. El nacionalismo de sus dirigentes no la protegió. Además de la desaparición del sistema en sí, la decepción respecto al país fue una grave consecuencia inmediata.

Hoy, cuando las escenas de violencia se apoderan del paisaje cotidiano, suena increíble que hace 25 años los banqueros expropiados hayan procedido con moderación, que hayan antepuesto el interés nacional al suyo, que el lunes 6 el Presidente López Portillo izara el lábaro patrio en la oficina central de Banamex sin que nadie le arrojara una pedrada, ni le metiera un balazo; que haya estado frente a un personal indignado y compungido, sin oír un grito de reclamo, ni recibir agresión alguna. Para ilustrar la actitud de la gente de la banca expropiada esos días, vale la pena citar algunos testimonios.

Don Manuel Espinosa Yglesias sintió una gran molestia cuando al salir de la breve ceremonia en que entregó la estafeta de su institución al primer director general del banco estatizado, vio una bandera nacional que había sido colgada del techo del Centro Bancomer y que cubría dos o tres pisos:

Entendí que era una manera de simbolizar la “nacionalización” de la banca, pero aun así el hecho me irritó. ¿Cuándo no había sido Bancomer un banco mexicano, creado por mexicanos y con capital mexicano? ¿O qué, acaso, nuestra enseña patria no nos pertenecía ya a todos y era un solo símbolo gubernamental? [13]

Don Rubén Aguilar Monteverde enfrentó, en su calidad de director general, la nacionalización de la banca, o, como él dijo:

La expropiación de la banca. No es correcto hablar de nacionalización, puesto que era de mexicanos. El decreto es muy claro: expropiación de la propiedad de los accionistas mexicanos.

El presidente de la ABM en 1982 era Carlos Abedrop. Hizo señalamientos muy brillantes. La estatización fue un paso atrás, que aún está generando consecuencias adversas. Los hechos le dieron la razón. Por eso el Estado decidió la reprivatización. Como dijo Carlos, la banca detuvo su desarrollo tecnológico, la apertura de sucursales -en diez años abrió tantas sucursales como nosotros en un año-, perdió el camino de la promoción del ahorro, perdió esas líneas porque las consideró un costo, desconociendo que hay ciertos servicios que, aunque generan costos, son esenciales para la actividad. Es algo que era muy importante para nosotros, y de la que hoy se habla mucho. Era esencial la cultura del ahorro, era parte de nuestro quehacer. Desde recién nacidos les dábamos a los niños sus cuentas de ahorro aunque a primera vista nos costara. [14]

Por su parte, el jurista Ignacio Burgoa Orihuela fue uno de los hombres de leyes más prestigiados del país. Maestro universitario de varias generaciones, en 1982 se ganó el respeto de propios y extraños al oponerse a la medida:

No es una nacionalización. Es absurdo hablar así. La banca era de mexicanos, así que es más correcto hablar de expropiación. José López Portillo y yo éramos amigos. Digamos que fui una especie de mentor práctico para él, pero cuando la expropiación nos encontramos frente a frente. Estuve en contra de la medida y así lo manifesté por escrito en el periódico. Todo el mundo supo de mi inconformidad, e igual sucedió cuando pensé que el Presidente debía de ser denunciado porque no explicaba en dónde estaba todo el dinero que había entrado al país. Actué conforme a lo que se dijo en la toma de posesión de su puesto de Presidente: “si no cumplo que la nación me lo demande”. Fue lo que hice. Lo demandé, pero el Procurador no le dio curso a mi denuncia. [15]

El precio de la incomunicación

En un plazo inmediato, el costo político de la medida fue mínimo. Gran parte de la sociedad estaba convencida de que los banqueros tenían la culpa de las altas tasas de interés para el crédito y de que muchas empresas se endeudaran en dólares, sin saber que mediante el encaje legal y los préstamos de regulación monetaria, el gobierno había hecho de los bancos su ventanilla de recaudación de recursos, obligándolos a ellos y a sus clientes privados a fondearse en el exterior.

El tiempo haría que la sociedad viera su error de percepción y cómo la pérdida de los banqueros como grupo de presión sería costosísima en términos de estabilidad y manejo del dinero con sentido económico. También mostraría a los entonces ya banqueros expropiados la importancia de la comunicación ya que si alguna falta tuvieron fue precisamente esa: la del pecado de abstención, la del no explicar cómo estaban las cosas. Me consta que pensaban que callar era lo mejor para México.

La voluntad es más importante que la ley

El grupo expropiado se fue a trabajar al Club de Banqueros. El 2 de septiembre las 21 instituciones afectadas por el decreto de nacionalización presentaron una demanda de amparo contra la medida. La fundamentaron en varios artículos constitucionales:

El día 21 se elevó a rango constitucional la nacionalización de la banca, y por ley, Banco de México dejó de ser sociedad mercantil y se convirtió en un organismo público descentralizado.

El 27 de septiembre el gobierno convocó a los concesionarios afectados por el decreto de nacionalización para discutir los términos de la indemnización. Al día siguiente se creó la Subsecretaría de la banca, dentro de la SHCP. Ese mismo 28 de septiembre el Banco Aboumrad y el Multibanco Mercantil se desistieron de la demanda de amparo global contra la estatización, y aunque el 13 de octubre el juez segundo de distrito en materia administrativa admitió la de las otras diecinueve instituciones, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Lic. Mario G. Rebolledo, declaró:

Es imposible que los ex banqueros discutan un amparo que no procede, pues ya los hechos están consumados; jamás volverán a obtener la dirección de los bancos privados, pues dicha concesión corresponde al gobierno. [16]

Quedó demostrado que México seguía siendo un país de voluntades, no de leyes.

Populismo bancario

El 4 de septiembre Banco de México estableció los nuevos tipos de cambio: 50 pesos por dólar en tipo preferencial y 70 en el libre. Al mismo tiempo redujo las tasas de interés que la banca cobraba por sus créditos y las que pagaba por depósitos a plazo, se eliminaron los cargos bancarios por ciertos servicios y se aumentó la tasa de interés pagadera en cuentas de ahorro de 4% a 20% anual. Obviamente ninguna de esas disposiciones estuvo inspirada por el deseo de tener una banca financieramente sana, sino simplemente se trataba de complacer al pueblo dándole algo que ni siquiera había pedido y que en cambio sí llevó a la quiebra a varias instituciones e hizo que durante un tiempo no hubiera cuentas de ahorro.

El 15 de octubre Banco de México dio a conocer las nuevas reglas de operación del control de cambios. En los primeros días de noviembre se flexibilizó ligeramente al permitir operar a las casas de cambio en la frontera norte y en las zonas libres. Cuando éstas reiniciaron operaciones negociaron el dólar a 80% por encima de la cotización oficial. El 15 de noviembre Banco de México autorizó a todas las instituciones de crédito del país a liquidar en forma anticipada los depósitos en dólares a plazo fijo entregando pesos al tipo de cambio ordinario. ¿La explicación sería con sentido del humor?

Para que los ahorradores puedan aprovechar los rendimientos más atractivos de los instrumentos en moneda nacional. [17]

La situación afectó mucho menos a la gente del Norte del país. Al respecto cuenta Juan Zapata Novoa:

Práctica centenaria ha sido para los norteños el tener cuentas en bancos norteamericanos por facilidad para transacciones comerciales, como medio para obtener crédito, por status y por valor refugio; éstas han sido algunas de las causas para la práctica de tener cuenta con "Nacho Galván", la voz regional para referirse al "National Bank".

A través de los lustros, estas cuentas protegieron los capitales de revolucionarios y devaluaciones. El fronterizo acostumbrado desde niño a vivir una realidad bimonetaria, movía su dinero de un lado al otro, de acuerdo a los beneficios que daba cada país, pero nunca quitando los pies de ambos.

Muchos de los norteamericanos de la frontera también habían adoptado esta costumbre. El secreto bancario mexicano, los altos rendimientos y la inmediata convertibilidad había atraído a muchos ahorrantes fronterizos. Esta fue y será la realidad de los habitantes de la zona geoeconómica más importante del mundo. Por lo que el absurdo control de cambios y las tácticas persecutorias contra los cuentahabientes en la frontera, desquiciaron el intercambio fronterizo, una de las principales riquezas del país. [...]

Las amenazas, coacciones y marañas reglamentarias tuvieron éxito muy limitado y la mayor parte se revirtió contra nuestra economía. [...] La increíble capacidad de adaptación de nuestra población generó mecanismos lógicos. "La moneda mala desplaza la buena" reza el antiguo refrán; el dólar se atesoró y se gastó el peso, pero los norteños se las ingeniaron para que ningún dólar se cambiara o depositara en la banca estatizada.

Desde señoras encopetadas, a simples vendedores de Tijuana compraban sus dólares en San Isidro a los braceros y turistas que se internaban a México. Los comerciantes de Laredo y McAllen hacían lo mismo, permitiendo entonces vender sus mercancías en pesos a los fronterizos, convirtiéndose en verdaderas casas de cambio. Estas proliferaron en el lado americano, siempre ofrecían mejor cotización que las oficiales mexicanas que tenían que esperar las instrucciones del Distrito Federal. La situación llegó al grado de que en Cd. Juárez las casas oficiales de cambio recibían un promedio de sólo diez dólares por día. [18]

Las quiebras por la quiebra

El 10 de noviembre de 1982 se firmó la carta de intención para un programa de recuperación económica con el FMI, el cual aseguró el establecimiento de nuevas y vigorosas medidas de austeridad. Así, los últimos días del sexenio de López Portillo fueron difíciles. El gobierno estaba quebrado y los particulares también. Muchas empresas desaparecieron y las que quedaron, lo hicieron gracias al esfuerzo de sus dueños, de sus directivos y de quienes trabajaban con ellos. El desempleo hizo su aparición y días después de la estatización hubo manifestaciones en el Zócalo de la ciudad de México en las que el lema era El gobierno banquero y el pueblo sin dinero.

1° de septiembre de 1982. Aunque el Presidente López Portillo comparaba su medida con la de la nacionalización del petróleo de Lázaro Cárdenas, su decisión no provocaba espontáneamente esa simpatía y apoyo que esperaba, salvo, claro, las manifestaciones de acarreados. En los ámbitos intelectuales se comenzó a hablar de enfrentamientos entre la élite y en una primera etapa bajaron los asaltos contra las instituciones bancarias, pero aumentaron los fraudes. [19]

En México pasó casi desapercibida la nacionalización de parte de la banca francesa en 1981 por el gobierno socialista de François Mitterrand. [20] El Presidente tenía claros sus objetivos y los había anunciado desde una década antes. Quienes lo llevaron al poder, votaron porque sucediera. Acá no fue así. Tampoco se dijo mucho sobre las consecuencias que la estatización tuvo para otros países de América Latina. Cuenta Ron Chernow, el historiador de la Casa Morgan:

Cuando México alarmó al mundo en agosto de 1982, anunciando que ya no podía atender su deuda externa de 87 mil millones, ennegreció la imagen de todos los deudores latinoamericanos. Se estaban ahogando en un diluvio económico común de incremento de tasas de interés, recesión global y caída de precios en sus commodities [...] En octubre de 1982, asustados por México, los bancos habían frenado hasta 3 mil millones en préstamos brasileños a corto plazo [...] [21]

Los retos del sexenio de MMH

La economía mexicana estaba prácticamente deshecha el 1 de diciembre de 1982, cuando tomó posesión de su cargo el Presidente Miguel de la Madrid. El asunto era tan grave que en la Asamblea Anual del FMI celebrada en Toronto ese mismo mes, el tema principal fue la deuda mexicana. No había divisas ni para importar bienes esenciales. La inflación llegó a 98.8% anual. Muchísimas empresas, de todos tamaños, desaparecieron.

El 10 de diciembre el Lic. Miguel Mancera, restituido al frente del Banco de México, informó:

El control de cambios ha provocado una pérdida de cien mil millones de pesos en tres meses.

El 20 un decreto presidencial estableció dos mercados de divisas: uno sujeto a control -con cotización inicial de 95 pesos por dólar a la compra, a 95.10 pesos a la venta y deslizamiento programado de 13 centavos diarios- y el otro libre, que se cotizaba a 148.50 pesos por dólar a la compra y 150 a la venta. El deslizamiento sería controlado. El preferencial desapareció. Con eso terminó la breve era del control generalizado de cambios. Además, estableció el Programa Inmediato de Reordenación Económica (PIRE).

El FICORCA

En febrero de 1983, México firmó una carta de intención para un Convenio de Crédito Ampliado por 4,500 millones de dólares para el período enero de 1983 a diciembre de 1985. En estas negociaciones se estableció por primera vez el financiamiento del FMI condicionado al compromiso del préstamo de bancos comerciales por cinco mil millones de dólares.

Con esos recursos, el gobierno creó en 1983 el Fideicomiso de Cobertura de Riesgo Cambiario (FICORCA) y asumió pasivos con garantías del Banco de México. El objetivo básico fue permitir la renegociación de la deuda de las empresas que compraron ese seguro contra devaluaciones futuras y lograron mejores plazos en sus adeudos con bancos extranjeros. El Dr. Ernesto Zedilllo, fue puesto a la cabeza del FICORCA.

Las SNC y su marco legal

El 27 de diciembre de 1983 el Presidente de la Madrid mostró inquietud porque los activos bancarios estaban sólo en manos del gobierno e hizo que el Congreso aprobara su iniciativa para convertirlos en SNC.

La iniciativa reservó el 66% de los Certificados de Aportación Patrimonial (CAPS) al gobierno federal y permitió que el 34% restante fuera suscrito por organismos gubernamentales, usuarios y trabajadores del servicio bancario. La única limitación era que ninguna persona física o moral podía adquirir más de 1% del capital social. Para el 29 el Congreso aprobó la iniciativa de reglamentación del servicio de banca y crédito.

Manifestaciones y arreglos

Los banqueros afectados fueron objeto de manifestaciones de profunda solidaridad y blanco de duros ataques. Parecía haber la intención de volverlos chivos expiatorios de nueva cuenta. La frenaron ellos al publicar, en febrero de 1983, una inserción pagada en la prensa:

COMUNICADO DE LA ASOCIACIÓN DE BANQUEROS DE MÉXICO

El señor Presidente Miguel de la Madrid concedió el 22 de febrero último una entrevista a la que asistieron los señores Carlos Abedrop Dávila, Alberto Baillères, Jaime Constantiner, Antonio del Valle, Manuel Espinosa Yglesias, Agustín F. Legorreta y Rolando Vega. La entrevista fue solicitada para manifestar al señor Presidente la solidaridad y apoyo de los banqueros expropiados ante la grave crisis por la que atraviesa el país.

Como banqueros y como mexicanos le ofrecimos toda la colaboración de que seamos capaces, para llevar adelante su acertada política de realismo económico, que a nuestro juicio es la única que puede atacar a fondo las graves dificultades que afronta el país.

Creemos que es éste un momento en el que todos los mexicanos, sin excepción, olvidando discrepancias ideológicas, políticas o de cualquier otra naturaleza, debemos unirnos en torno a nuestro Presidente, para luchar contra la más grave crisis económica que ha afrontado México.

Por otra parte, quisimos rechazar ante la más alta autoridad del país las imputaciones que se nos han venido haciendo, en el sentido de que estamos patrocinando campañas que, con el propósito de atacar a funcionarios o medidas políticas, han provocado indeseables tensiones que dificultan la unión de los mexicanos ante la grave crisis que vivimos.

Nos preocupa, dijimos al señor Presidente, que figuras destacadas del actual gobierno, de manera directa o indirecta, nos involucren en estas campañas.

La opinión pública tiene pruebas de que cuando hemos tenido que trasmitir un mensaje lo hemos hecho siempre con claridad y firmeza, como ocurrió los días lº. y 5 de septiembre del año pasado. Igualmente, cuando hemos decidido emprender acciones judiciales, como las tres demandas de amparo que hemos interpuesto ante el Poder Judicial, lo hemos hecho con nuestros propios abogados y firmando las demandas correspondientes.

No debe por tanto pensarse que nosotros usamos pantalla para expresarnos públicamente, o para ejercer las acciones legales que a nuestro derecho convengan.

Reiteramos al señor Presidente de la Madrid que hemos cumplido escrupulosamente la promesa que hicimos al Presidente López Portillo el 2 de septiembre de 1982, a quien, si bien advertimos que ejerceríamos todos nuestros derechos legales en contra de las medidas expropiatorias, le ofrecimos no oponer resistencia física para la entrega de las instituciones de crédito y sí, por el contrario, colaborar en todo lo que estuviera a nuestro alcance para reducir los daños que la expropiación bancaria pudiera producir, conscientes del alto valor que tiene para el país el eficaz funcionamiento del sistema bancario.

En efecto, toda colaboración que nos ha sido solicitada por el gobierno o sus representantes para asegurar el mejor funcionamiento de los bancos, ha sido ofrecida por nosotros con toda amplitud.

Como lo anunciamos desde el 5 de septiembre de 1982, estamos impugnando con la mayor firmeza, pero por vías estrictamente legales, los decretos expropiatorios. Sin perjuicio de ello, hemos iniciado negociaciones con la Secretaría de Hacienda, buscando un convenio que resuelva los múltiples problemas derivados de los decretos expropiatorios.

Los puntos sobre los que se negocia son de extrema complejidad y presentan muy diversas situaciones en cada banco. A pesar de ello se han logrado avances, y el clima de trabajo de estas negociaciones se ha caracterizado por un alto espíritu de comprensión y por un esfuerzo decidido de encontrar soluciones en lo posible, para que todos podamos, con la mayor eficiencia, dedicar nuestros recursos y nuestros esfuerzos a superar la crisis.

ASOCIACIÓN DE BANQUEROS DE MÉXICO

Responsable de la publicación: Carlos Abedrop Dávila, presidente [22]

El 25 de agosto de 1983 se inició el canje de las acciones de once de los bancos expropiados por los bonos de indemnización, documentos que recibieron pequeños y grandes accionistas de los bancos, incluso muchos de sus empleados. Asimismo, se anunció la venta de las 400 empresas en las que participaba la banca, muchas de las cuales gozaban de una eficaz administración profesional. Al deshacer toda esa estructura, se perdió eficacia administrativa, competitividad y economías de escala.

El impacto en las grandes empresas

La crisis resultante de la estatización cambió profundamente el panorama de las grandes empresas industriales de México, casi todas endeudadas en dólares. Su transformación demoró algunos años y no todas la lograron. Entre las que sí lo hicieron las tendencias fueron:

Así, se puede decir que la gran empresa industrial mexicana experimentó en cabeza ajena al ver la suerte de los banqueros en 1982: para dormir más tranquilo, hay que tener un seguro contra las expropiaciones y ese supone ser muy visible en el extranjero porque cualquier expropiación tendría un costo político importante.

Esa necesidad se combinó con las necesidades de mercado, que la obligaron a ponerse a la altura del mundo, y con las facilidades de crédito para ellas en el extranjero. Fondearse en México les resulta muy caro y difícil, si es que consiguen algún crédito. En el extranjero más barato y fácil. Así lo hacen, aunque por experiencia saben que se están corriendo un riesgo cambiario, aparentemente pequeño, que de todas maneras es mucho menor que antes, porque venden también en otras divisas y no dependen de un solo mercado [23] .

Las transformaciones de las grandes empresas industriales comenzaron en 1982 y aunque aún no terminan, sí podemos decir que la hicieron trasnacional. El proceso fue muy costoso y difícil, en pocas palabras fue el siguiente:

La crisis de 1982 las afectó terriblemente, sobre todo a las que estaban endeudadas en dólares. Tras muchos esfuerzos, tanto en materia financiera como de reordenamiento de la producción, de desemplear gente y racionalizar gastos, las grandes empresas comenzaron a recuperarse hacia finales de 1984 y el primer semestre de 1985. A pesar de la alta inflación y de que las fuentes de financiamiento externo continuaron escasas para el país, hubo un clima de avance económico, a cargo del sector privado. El segundo semestre, las dificultades reaparecieron: bajó el precio del petróleo y los terremotos de septiembre afectaron a la ciudad de México, a diversas partes del país y se tuvieron consecuencias graves. [24]

Los problemas se agudizaron en 1986, a raíz de una gran caída en los precios del petróleo. [25] Esta vez los esfuerzos para salir adelante fueron sobrehumanos. Técnicamente, los grandes Grupos mexicanos cayeron en quiebra, con plantas productivas ociosas y con deudas que debían reestructurar. Para enfrentarlos México tuvo que ceder e ingresar al GATT (General Agreement for Trade and Tarifs). El 25 de julio de ese 1986 el Presidente de la Madrid firmó el protocolo de adhesión al organismo: el primer gran paso para abrir la economía de México se había dado, los cuellos de botella de la producción, que impedían el combate frontal a la inflación se habían vuelto problema exclusivo de los industriales, la gente consumiría productos extranjeros, más baratos. En ese entonces sólo se competía por precios porque en un México de economía cerrada la gente no sabía reconocer la calidad, ni menos aún exigirla.

Por su parte, los industriales que pudieron hacerlo para salir adelante, se pusieron a construir sus redes internacionales, a encontrar los contactos adecuados, a hacer sus productos bien, para tener certificados de calidad que les permitiera venderlos fuera de México y algunos comenzaron a buscar socios extranjeros, para salvar a su empresa y reinsertarla en la ruta del crecimiento.

Mientras tanto, la Bolsa Mexicana de Valores parecía ser una opción para ellos, para las empresas medianas y pequeñas, para las clases medias, en fin para cualquiera que tuviera un dinerito, por poco que éste fuera. La Bolsa era el medio para combatir la inflación y obtener altas utilidades rápidamente. La gente formaba cola frente a las casas de bolsa, esperando turno para ser atendida. La opción era mucho más interesante y atractiva que la de guardar el dinero en una SNC, con sus tasas de interés bajas y con el riesgo de que Hacienda tomara nota de los recursos. Las cuestiones bursátiles se volvieron tema de conversación común y cada quien decía saber más que su vecino. Hubo gente que vendió su coche y hasta su casa, para entrar a la Bolsa y que hacía las cuentas de sus ganancias diarias.

En octubre de 1987 un movimiento especulativo de la Bolsa se combinó con un “crack” internacional y la reacción de gente que no tenía en realidad recursos ni formación para aguantar una baja bursátil extendió el pánico y con una caída de 75% que llevó al Índice de Precios y Cotizaciones de 373 mil 216 puntos a 95 mil 484. En un mes 350 mil pequeños inversionistas (70% del universo, por aquellas fechas) estaban arruinados y el desequilibrio volvió a apoderarse de la economía nacional.

Al mes siguiente, miércoles 18 de noviembre de 1987, el Banco de México se retiró para dejar el tipo de cambio libre a las fuerzas del mercado. La decisión se tomó para proteger las reservas y evitar la fuga de capitales. El 19 se necesitan poco más de 2,700 pesos para adquirir un dólar. A finales de 1987, se instrumentó un plan de ajuste, el Pacto de Solidaridad Económica, que dio un respiro a las empresas, al gobierno, al país entero. En su diagnóstico de la economía nacional, informó el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado:

Entre 1985 y 1987, la tasa de inflación pasó de 63.7% a 159.2%, con las consiguientes alzas sustanciales en las tasas de interés. El peso perdió más del 650% de su valor en ese lapso. El crecimiento económico medio anual fue de 0.6%, que se tradujo en una caída del ingreso per cápita de -5.4% y un deterioro real de los salarios mínimos de -15.4%. [26]

La inflación de 159.2%, era la más alta de la era posrevolucionaria. La esperanza de que los convenios sobre la deuda externa junto con el Pacto de Solidaridad Económica, firmado el 15 de diciembre por gobierno, empresarios y obreros, lleven a un alivio en la situación del país. [27]

Al año siguiente, 1988, a partir de febrero el gobierno mantuvo constante el tipo de cambio controlado en 2,257 pesos por dólar buscando con ello sujetar el proceso inflacionario que había tomado un curso exponencial. Las medidas dieron resultado, ese año la inflación bajó al 52% y dio un excelente respiro a la gente y a las empresas, pero no resolvió por completo su problema.

En 1988, el dinero era caro y escaso. Había rumores de congelación de depósitos. Los empleados de las SNC hacían grandes esfuerzos para tener siempre recursos en las sucursales y algunos gerentes corrían riesgos personales, se apoyaban entre sí y se prestaban efectivo de una sucursal a otra, aunque fueran de distintas instituciones y se tratara de una práctica prohibida. Todo sea por no dejar sin dinero a sus cuentahabientes. Las huelgas, paros, marchas, mítines y desplegados en contra del Pacto de Solidaridad abundaban y afectaban todas las ramas de la economía. Hasta las aseguradoras paralizaron sus actividades seis días. México tendría que seguir por el camino de la apertura.

En 1989 se introdujeron reformas al marco institucional, como son:

Prolegómenos del tercer sistema financiero

En el sexenio de Carlos Salinas

En el mismo 1988, tras la caída del sistema de cómputo, ganó las elecciones presidenciales el Lic. Carlos Salinas de Gortari. Asumió su puesto con un capital político reducido, desde un partido político desgastado, por obra y gracia de un engranaje que aún funcionó. Poco antes, el sistema, temeroso de que Manuel J. Clouthier, Maquío, ganara las elecciones desde el PAN y con él se impusiera el otro esquema de país, creó el Frente Democrático Nacional que lanzó de candidato a Cuauhtémoc Cárdenas, condujo el descontento de las mayorías al esquema del Estado protector y fue el antecedente del PRD. [28]

A mediados de 1990 se envió al Congreso de la Unión la iniciativa de decreto para la modificación de los Artículos. 28 y 123 Constitucionales, con el que se daba respuesta a la situación urgente de cambio en el sector bancario. En las reformas propuestas, y finalmente aprobadas democráticamente por el Constituyente permanente, se buscaba que el Estado dejara de desempeñar el papel de propietario mayoritario de las Instituciones de la banca comercial. La iniciativa presidencial se basó en la tesis de la reforma del Estado:

En las nuevas circunstancias del País, es necesario que los recursos públicos, la energía y el trabajo de la administración se dedique a sus fines propios.

Así, llegó la etapa de la internacionalización mexicana. En 1991 la posibilidad de que México firmara un Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) Los mexicanos iban a poder vender en EUA y Canadá, los de esos países lo harían en México. El 10 de noviembre de 1991, se abrogó el control de cambios y el régimen dual, tras poco más de nueve años de vigencia. Asimismo, se quitaron tres ceros al peso y se dio el proceso de reprivatización de la banca. Adicionalmente, se hizo hincapié en la sanidad financiera de las instituciones:

Los Bancos se venden no porque estén mal, se venden porque la reforma del Estado no acepta recursos inmovilizados en el capital de los bancos, cuando prevalecen aún necesidades apremiantes en nuestra sociedad, y porque la rectoría sobre el sistema financiero se puede ejercer con los ordenamientos jurídicos vigentes.

Con base en lo anterior, el 25 de septiembre de 1990 se publicaron en el Diario Oficial de la Federación las bases generales del proceso de desincorporación de las Instituciones de Banca Múltiple, propiedad del gobierno Federal, así como el procedimiento del registro y autorización de interesados en adquirir títulos representativos del capital de las Instituciones Bancarias.

El proceso de reprivatización tomó dos años. Dejó a disgusto a personalidades del segundo sistema financiero, como don Manuel Espinosa Yglesias, a quien no le quisieron vender Bancomer a un precio justo. Quienes compraron las SNC adquirieron empresas muy caras y difíciles de manejar. Algunas sanas y otras quebradas porque habían sido administradas con criterios políticos y no económicos. Los nuevos dueños eran adinerados, pero la mayoría no había ejercido el oficio de banquero, que es distinto al de las casas de bolsa. Ese fue un mal comienzo para el tercer sistema financiero mexicano.

El 5 de septiembre de 1993 dio inicio la entonces llamada primera convención de la banca reprivatizada. En ella se anticiparon profundos cambios en el sistema bancario. Los nuevos banqueros debían recuperar las fuertes erogaciones que se habían realizado por la adquisición de las SNC, cifra cercana a los 12 millardos de dólares. Para lograrlo requerían de la modernización de los bancos a través de las grandes inversiones de equipo, establecer nuevos enfoques administrativos, capacitar a la gente para el funcionamiento de la llamada banca universal, y sobre todo el diseño y rediseño de nuevos productos para atraer al publico ahorrador.

Para complicar las cosas, cuando comenzó el nuevo sistema, la economía nacional entró en recesión. Recuperar los créditos era cada vez más lento y difícil, pues los clientes, empresas o particulares, sentían que el mercado interno se estrechaba y que el desempleo y las tasas de interés aumentaban. Pronto la cartera vencida llegó a ser el 7.3% de la cartera total en 1993.

Dado que los dos primeros sistemas financieros de México nacieron en medio de crisis, es válido afirmar que la falta de oficio bancario de quienes adquirieron las SNC (NO bancos) a precio de oro, fue un factor de la crisis de 1994-95, pues se encontraron con créditos incobrables por la forma en la que habían sido dados y con retos a los que no pudieron responder, aunque sus intenciones eran las mejores y sus esfuerzos por hacerlo fueron enormes, pero no es igual cobrarle comisiones a un cliente que está sentado en la oficina del ejecutivo de cuenta o que tiene fondos en un contrato, que hacerlo con alguien cuya dirección ni siquiera es la real, o con algún empresario que con un poco de guía saldría adelante, pero que no tiene esa guía porque quien está encargado de prestarle y cobrarle no sabe dársela.

Esa falta de gente formada en el oficio de banquero, en el arte de dar crédito y de enseñar el manejo del dinero para conducir al éxito del cliente, tuvo resultados desastrosos y es una de las peores consecuencias de la estatización.

El error globalizador

En el sexenio del Dr. Ernesto Zedillo

La quiebra del naciente sistema bancario nacional a raíz del error de 1994, incubada por una desafortunada combinación entre especulación bursátil y crédito dirigido sobre todo al consumo dejó sin ahorros a la clase media, provocó un importante proceso de desintermediación bancaria y un aumento de créditos incobrables (o impagables) que se tradujo, por un lado, en la creación del Fobaproa, de las UDIS y de mecanismos de pago y por otro en un gran diferencial entre las tasas activas y pasivas de interés que ha desalentado el ahorro y la búsqueda de crédito para la producción.

A partir de entonces, se aceleró el proceso de apertura de la economía y se anularon los plazos de entrada a la banca extranjera, que a la postre se quedó con las instituciones entonces más grandes y que cobró el servicio de salvar al país y su sistema financiero de la insolvencia en forma de comisiones, del enorme diferencial entre las tasas activas y pasivas de interés que aún registramos, y en una prestación de servicios muy atrasada en comparación con la de sus lugares de origen.

Por si fuera poco, además de llevar a la quiebra a la mayoría del país, los efectos devastadores de una devaluación esperada, pero mal manejada se extendieron por América Latina en especial Argentina, Brasil, y a Rusia [29] , fenómeno que pasó a la historia como el nombre de efecto tequila Al año siguiente la crisis se contagió a Asia y de ahí al resto del mundo.

Los impactos sociopolíticos: reflexiones finales

Es imposible medir muchas de las consecuencias sociopolíticas de semejante medida, aunque sean visibles. Entre ellas, el mensaje claro de que en México no existe el estado de Derecho, que la propiedad privada es una concesión, que el ser honrado es ser tonto y que para progresar con facilidad hay dos opciones: la transa o la emigración porque si a gente tan aparentemente poderosa le fueron quitados sus negocios ¿Qué pueden esperar las personas comunes y corrientes? [30]

¿En qué medida la estatización de la banca influyó en el proceso de desintegración social que sufre México desde hace más de 25 años? ¿En qué proporción un acto arbitrario y sin sustento legal ocasionó la ruptura del sistema político, en medio de un mundo globalizado en el que no acertamos a encontrar el rumbo, a plantear un esquema de país basado en acuerdos básicos, en una visión compartida, aunque sea en mínima parte, que nos permita construir algo en vez de ver lo que hace el prójimo para destruirlo de inmediato?

Aunque no haya habido balas, ni muertos. Las tragedias personales y familiares que para muchos significó no se contabilizan en dinero, ni existen estadísticas que registren daños morales, expectativas frustradas y demás consecuencias negativas para un grupo de mexicanos, ni las positivas, de mayor número de puestos y más opciones de carrera para otro grupo.

Los políticos y los funcionarios ven una parte del manejo del dinero, la que tiene que ver con los precios y los impuestos, pero no manejan procesos como el de la generación de recursos, ni el de relación costos-productividad-utilidades. Al deshacer con la estatización un grupo de presión tan importante como el de los banqueros, que sí manejaban esos procesos, la economía entera se ha ido hacia esa mentalidad político-salarial, por llamarla de alguna manera, lo cual ha traído como consecuencia la falta de crecimiento.

Desde 1982, México no ha logrado una etapa de desarrollo sostenido, mientras que el mundo pasó por una sima y una cima económica. Por ejemplo, en los 8 años del gobierno de Clinton EUA tuvo una época de gran crecimiento que en México ni siquiera advertimos. Esta es una de las consecuencias más graves de la estatización de la banca: la desintegración de un grupo de presión que, sin olvidar los límites del respeto, tenía la fuerza y el valor suficiente como para hacer valer su punto de vista, obligar a sus contrapartes de la autoridad a ver desde otro ángulo las cosas e influir en la política económica nacional.

¿En qué medida la estatización bancaria contribuyó a la derrota del PRI en el año 2000? Es difícil decirlo, más aún medirlo, pero que contribuyó es obvio, tanto por las divisiones que provocó en la élite, como por los problemas económicos que se han vivido desde entonces y que se resumen en la profunda recesión que, comenzada en 1982, sumió a México en la década perdida de la que formaron parte las crisis de 1986 y la de 1994-1995.

En un párrafo de sus memorias, el ex presidente Clinton se refiere a las crisis de 1982 y 1994-95 y, al mencionar los intereses que ganó EUA con el rescate de nuestra economía, da un indicador del costo que para México significó el proceso. A éste habría que agregar la incalculable pérdida por la quiebra de empresas de todos tamaños, el desempleo de sus trabajadores, la frustración de expectativas de desarrollo personal, la baja en el nivel de vida de los mexicanos y los sufrimientos y destrucción que significó la cuestión. Quien alguna vez haya usado hasta el límite su tarjeta de crédito entiende bien lo difícil que es pagar deudas y lo importante que es hacerlo lo más pronto posible, porque el dinero cuesta y cuando uno está pobre los intereses se vuelven una carga muy pesada. Clinton escribió:

Aunque al principio fue duro, el paquete de ayudas funcionó. En 1982, cuando la economía mexicana se hundió, hizo falta casi una década para que volviera a crecer. Esta vez, después de un año de grave recesión, la economía mexicana empezó a mostrar síntomas de recuperación. Después de 1982, México había tardado siete años en acceder de nuevo a los mercados de capital. En 1995, sólo tardó siete meses. México devolvió la totalidad del préstamo, con intereses, en enero de 1997, más de tres años antes de la fecha fijada para su reembolso. Había pedido 10,500 millones de dólares de los 20,000 que pusimos a su disposición, y pagó un total de 1,400 millones de dólares de intereses, casi 600 millones más de lo que ese dinero hubiera rendido si se hubiera invertido en letras del Tesoro de Estados Unidos, como se hacía con el resto del dinero del Fondo de Estabilización de Cambios. El préstamo resultó ser una muy buena inversión, además de una buena medida política. [31]

Falta de una balanza en el manejo del dinero. Los políticos y los funcionarios ven una parte, la que tiene que ver con los precios y los impuestos, pero no manejan procesos como el de la generación de recursos, ni el de relación costos-productividad-utilidades. Al deshacer con la estatización un grupo de presión tan importante como el de los banqueros, que sí manejaban esos procesos, la economía entera se ha ido hacia esa mentalidad político-salarial, por llamarla de alguna manera, lo cual ha traído como consecuencia la falta de crecimiento sostenido y una serie de propuestas de reforma fiscal tan absurdas que sólo se convierten en un elemento de desgaste para el sistema político, pero no obtienen los objetivos buscados: dotar al país de un sistema fiscal que le permita desarrollarse.

El problema de la concentración de recursos

El miedo de los políticos a la concentración de recursos en manos de los particulares (mexicanos no involucrados con el gobierno) es histórico. Mi hipótesis que éste es uno de los obstáculos más importantes al desarrollo sostenido del país, una acotación indefinida, pero real, a la propiedad privada y la razón por la que los estratos que logran acumular muchos recursos económicos y son muy visibles, son blanco del sistema, que tarde o temprano acaba con ellos, aunque en algunos momentos se constituyan en grupos de presión o parte de su actividad esté en manos extranjeras.

La desaparición de la hacienda agropecuaria como régimen de producción generalizado en México en un proceso que duró de 1908 a 1940 apunta en ese sentido, aunque cuesta trabajo advertirlo porque se mezcla con otros elementos que tienen más que ver con sus problemas económicos, la crisis mundial de la primera década del siglo, el fin del Porfiriato y la Revolución misma.

En cambio, es fácil verlo como una constante en la destrucción de los dos sistemas bancarios mexicanos. En el Porfiriato porque al hacer los “banquitos” regionales de emisión el sistema se volvió inoperante y aunque al final don Porfirio trató de rectificar y les pidió que renunciaran a su facultad de emitir, no lo logró. Es difícil aquilatar qué tanto contribuyó a las dificultades económicas que se agudizaron a partir de la crisis mundial de 1908 y a la postre al fin del sistema financiero y del Porfiriato, pero es fácil señalar el hecho.

En el segundo sistema financiero volvió a aparecer el fantasma del miedo a la concentración. Personas tan conocedoras del sistema, como fue don Alfredo Lagunilla, se apresuraron a advertir a los banqueros que la banca múltiple era una trampa que a la postre iba a conducir a la nacionalización. Fue una voz en el desierto, no sé si porque nadie estaba interesado en escucharlo o porque cuando los seres humanos oímos algo que está fuera de nuestras manos remediar, simplemente lo ignoramos.

En el mismo sentido, son las hipótesis de Amparo Espinosa Rugarcía que reproduce Enrique Cárdenas en su libro sobre Espinosa Yglesias:

En 1982, el gobierno consideró que el grupo de banqueros tenía excesivo poder y que éstos eran los causantes de la fuga de capitales. De todos ellos, Manuel Espinosa Iglesias era uno de los más prominentes y con autoridad moral, un personaje con fuerza y liderazgo. El grupo de banqueros podría parecer amenazante al gobierno. Amparo piensa que quizá por esa razón el gobierno estatizó la banca, y de paso, le arrebató el banco a su padre. Incluso cuenta que su madre le pronostico a su esposo años antes la pérdida del banco. Le decía: “Te lo van a quitar”. Según Amparo, su padre pudo haber sido un tanto ingenuo al pensar que podía seguir expandiendo el banco y con ello su fuerza, sin que el gobierno hiciera nada al respecto. Pero él pensaba que el éxito que tenía era también de México y que el gobierno lo debía compartir. Lamentablemente fue todo lo contrario, debido a la crisis económica que se vivía. El gobierno se sintió amenazado y “traicionado” por los banqueros y, al igual que años atrás, no “permitió” que nadie pusiera al gobierno ni al país en una situación difícil. [32]

Aún ahora, con una economía abierta y globalizada, en un mundo en donde 51 de las 100 economías más grandes del orbe son empresas, está presente ese miedo a la concentración. El artículo 28 del texto vigente de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos así lo consagra:

El Estado, sujetándose a las leyes, podrá en casos de interés general, concesionar la prestación de servicios públicos o la explotación, uso y aprovechamiento de bienes de dominio de la Federación, salvo las excepciones que las mismas prevengan. Las leyes fijarán las modalidades y condiciones que aseguren la eficacia de la prestación de los servicios y la utilización social de los bienes, y evitaran fenómenos de concentración que contraríen el interés público. [33]

Se me dirá, con razón, que hay cuasi monopolios en el México contemporáneo. Es cierto. Dado el deterioro del sistema presidencialista, no se puede afirmar nada en torno a su destino. Si estuviéramos en las etapas de los dos sistemas bancarios que analizamos, su existencia dependería en buena medida de las relaciones personales de sus principales accionistas con el Presidente en turno, de la utilidad que representaran para el sistema en general y de su capacidad de no retar, ni disputar nada al Ejecutivo.

La globalización cambió las cosas, pero no la mentalidad de muchos políticos y ciudadanos mexicanos. Todavía en mayo del 2000, antes de vender Banamex al Citigroup sus accionistas propusieron la fusión con Bancomer. La idea de tener una institución mexicana con más de 10 millones de clientes y activos por más de 60,000 millones de dólares preocupó a políticos, periodistas, e intelectuales.

Por su parte, los directivos del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) que estaban ya en arreglos para adquirir Bancomer hicieron gran escándalo, atacaron al nacionalismo mexicano, acusaron a Banamex de querer dinamitar el trato [34] en vísperas de las elecciones y la venta de acciones al Banco extranjero acabó concretizándose mientras que Serfin se vendió al eterno rival del BBVA: el Banco Santander Central Hispánico (BSCH).

En el 2005 Bancomer era ya miembro de un Grupo que valía 60,000 millones, pero de euros. Al año siguiente, la capitalización bursátil del Grupo subió a 63.5 millones de euros y tenía más de 40 millones de clientes. La capitalización bursátil de Santander fue de 88.436 millones de euros [35] , tuvo más de 129,800 empleados, 69 millones de clientes, y 2.3 millones de accionistas.

Por su parte, Banamex fue a dar a manos de Citigroup, la mayor empresa de servicios financieros del mundo. Las cifras son sólo para subrayar la pregunta ¿Qué concentración se evitó al cambiar a la banca nacionalista por las instituciones actuales? Desde luego, no estoy contra la inversión extranjera, ni contra la apertura y la globalización. Lo que me preocupa es que en aras de evitar la concentración, se impida el desarrollo y al “deshacerse” de un sector de la sociedad que se percibe como amenaza, se acaba perdiendo todo.

En Citigroup las cifras son impresionantes. Para dimensionarlas, vale la pena recordar que PIB de México es de alrededor de 677 mil millones de dólares. Banamex es parte de un grupo con un millardo de dólares (1 billion en inglés) de activos, ventas de 108,280 mil millones, ganancias de 17 mil millones de dólares, 300 mil empleados y 200 millones de clientes, es decir, atiende a casi el doble de la población de México, y está presente en más de 100 países. ¿Nosotros con cuántos de ellos comerciamos? ¿En realidad ganó algo el sistema político al impedir que Banamex construyera con Bancomer una institución mexicana de 60,000 millones de dólares?

En el 2006, cuando el británico Hong Kong and Shanghai Banking Corporation Ltd. (HSBC) compró Banistmo, el principal grupo financiero de Centroamérica, la prensa regional hizo análisis en el mismo sentido:

HSBC es la quinta empresa de Forbes, el segundo banco más grande del mundo según The Bankers. En diciembre de 2005 atendía a 125 millones de clientes en 76 países y territorios sus activos eran 1,502 mil millones de dólares y sus ganancias 21 mil millones. Los activos de HSBC son equivalentes a 40 veces el Producto Interno Bruto (PIB) de Guatemala y sus utilidades en 2005 casi duplican el PIB de Panamá. [36]

México ha perdido peso específico en América Latina y la mayoría de los países de la región a nivel mundial. ¿En qué medida el impedir la proliferación de grandes grupos económicos mexicanos en el país contribuye a esa pérdida de importancia?

En el mundo entero, el Estado-Nación tal y como lo conocemos está en crisis porque fue una forma de organización típica de la sociedad industrial y en la globalización muchas instituciones le han ido quitando funciones, entre ellas las financieras. No hay política pública que resista el click de una computadora, si a los inversionistas les desagrada una medida y deciden sacar su dinero del país, cualquiera que éste sea. Si a esa tendencia mundial irreversible agregamos la aversión del sistema político mexicano a la concentración, en aras de la cual fueron sacrificados los dos sistemas financieros desaparecidos, lo que tenemos es que los centros de decisión sobre el destino de México están fuera del país y obedecen a intereses diversos, ninguno de los cuales, por razones naturales, tiene como principal objetivo auspiciar (ni atacar) el interés de México.

La cuestión merece una investigación profunda y urgente. En ciencias sociales no es válido plantear el si hubiera..., pero con ánimo de reflexión sí podemos preguntarnos si la banca nacionalista existiera aún, quizá en forma de uno o dos grandes bancos ¿México tendría mayor capacidad de negociación a nivel mundial? ¿Nuestro sistema político habría tenido una transformación más tersa, al conservar un grupo de presión que lo llevara a un manejo más productivo de la economía?

El propio Clinton, refiriéndose a sí mismo, pone el dedo en la llaga en un problema que si bien no puede atribuirse a la estatización de la banca, sí surgió en el México que se derivó de ella: la necesidad de los gobernantes de consensuar sus decisiones, incluyendo las administrativas, lo cual, junto con la ausencia de un esquema de país, las encuestas de los medios de comunicación y una legislación con serios problemas de congruencia, provoca frecuentes parálisis. Dice Clinton en el párrafo siguiente al arriba citado:

El columnista del New York Times, Tom Friedman, llamó al préstamo la decisión de política exterior menos popular y más incomprendida, pero también la más importante, de la presidencia Clinton.” Quizá tuviera razón. En cuanto a la oposición popular, el 75 por ciento de la población también se había opuesto al paquete de ayudas a Rusia. [...] Las encuestas son útiles para decirle al presidente qué piensan los ciudadanos y qué argumentos son los más convincentes en un determinado momento, pero no pueden dictar una decisión que requiere mirar más allá de la esquina. El pueblo norteamericano contrata a un presidente para que haga lo correcto para nuestro país a largo plazo. Ayudar a México era lo mejor para Estados Unidos. Fue la única acción económica sensata [...]. [37]

La estatización de la banca significó un gran lastre para el desarrollo económico del país y acelerador de una polarización que más que de clases sociales es ideológica, paralizante y demoledora porque al provocar discusiones sobre cualquier cosa, medidas administrativas incluidas, da lugar a un proceso de desintegración de la estructura social, a huecos por los que se cuelan toda clase de acciones que, sin importar su legalidad, se extienden por todos lados, destruyendo las posibilidades y legítimos deseos que los mexicanos tenemos de vivir en un país de primer mundo.

En 1980 México tenía 67 millones de habitantes. Se calculaba que tendría 120 en el año 2000. No fue así por el aumento de la emigración, una de las secuelas de la estatización de la banca por el cierre de empresas y la pérdida de oportunidades que significó. Buena parte de las personas, cuya ausencia se nota, emigraron a los EUA en busca de oportunidades.

En este 2007 se vislumbran los primeros pasos para hacer una banca más apegada al oficio tradicional: el ahorro y el crédito. Por lo pronto, se comienzan a quitar comisiones. Quizá en el 2010, a los 15 años de haber salvado al país de la quiebra originada por el error de diciembre, comience a funcionar como banca y nos traiga muchos de los servicios que presta en su país de origen, entre ellos la gran cantidad de opciones que ofrecen a las empresas de todos tamaños.

Cuidar el crédito. Pocos ejemplos hay más interesantes de la importancia de hacerlo que el que dio el Banco Nacional de México cuando se desintegró el primer sistema bancario. A pesar de la Revolución, pagó –y cobró- todo lo que pudo, sabedor de que de su credibilidad, es decir de su crédito, dependía la posibilidad de volver al negocio. Igualmente, cuando después de la desincautación de la banca separó el banco malo y se lo pasó a los accionistas, prefiriendo achicarse, pero trabajar con finanzas sanas. Ahí demostró una habilidad que el gobierno no tuvo al enfrentarse a la misma disyuntiva después de la crisis de 1994.

Lo mismo puede observarse en Thomas Lamont, el Presidente del Comité Internacional de Banqueros con Negocios en México: demoró más de dos décadas en lograr que el país le pagara la deuda a J.P. Morgan, casa de donde era socio, y a todos los bancos que formaban el Comité. Lograrlo implicó interceder en diferentes conflictos, por ejemplo con los petroleros y los Cristeros y ayudar a que el país reconstruyera su economía. A pesar de su antipatía personal con el Presidente Obregón y de los muchos escollos que encontró en el camino, lo logró: durante la Presidencia de Manuel Ávila Camacho, México terminó de pagar y el banquero pudo morir en paz.

Cuando los mexicanos no pagamos o no cobramos nos hacemos un flaco servicio como pueblo porque no fomentamos la cultura del desarrollo. En general, en nuestro país tenemos problemas con el manejo del dinero. Quiero terminar este ensayo con una cita de don Manuel Espinosa Yglesias sobre el dinero, con la esperanza de que al dejar de satanizarlo podamos encontrar con calma, maduramente, los puntos en común sobre los que los mexicanos podemos construir un mejor país. Definió don Manuel:

El dinero, aunque parezca algo material, es un concepto espiritual. El hombre de empresa goza los negocios viéndolos crecer como si fueran niños. El dinero no vale la pena si no hay vocación por cosas como el éxito del negocio y la generación de empleos. El común de la gente piensa que el dinero propicia la caída en malas conductas y excesos, pero a un empresario bueno, honesto, no le alcanza el tiempo para pensar en eso […] Para destruirse, realmente con poco dinero un ser humano se puede hacer pedazos [...] [38]



[1] Ahora 383 Km., en los caminos del siglo XVIII quién sabe. About.com Italy for Visitors http://goitaly.about.com/library/bl_distances-italy.htm

[2] Froldi, Rinaldo (2002). “Una carta inédita de Francisco Javier Clavijero.

[3] Esta división está por encima de partidos. Desde las actas de independencia se plasma: Morelos y su grupo visualizan un país colectivista e igualitario, mientras que Iturbide y el suyo ven el país de las tres garantías: independencia, religión y unión, es decir, con gobierno propio, católico y con una sociedad desigual, pero unida. Más adelante la división continúa, aunque la lucha Conservadores-Liberales por la postura frente al papel de la Iglesia la oculta. Están a favor del desarrollo individual tipo capitalista tanto Lucas Alamán como Benito Juárez y Porfirio Díaz y del Estado protector de una sociedad colectivista Vicente Guerrero, Juan Álvarez y Maximiliano. Un heredero de esa corriente es Andrés Manuel López Obrador. En el siglo XX son representantes de ella Lázaro Cárdenas, Adolfo López Mateos, Luis Echeverría y José López Portillo. Son pro capitalistas: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Gustavo Díaz Ordaz, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Vicente Fox y Felipe Calderón.

[4] Después de la estatización el gobierno le puso Plaza de la Nacionalización de la Banca y el pueblo, Plaza del Perro. Hoy es una plazoleta privada. En el caso de Bancomer, ante el cambio de sede del BBVA Bancomer, el edificio está en venta. Hasta la fecha, la gente del gobierno toma a mal las críticas de la iniciativa privada porque son directas y siente que le disputan el poder, sin asumir que el liderazgo en la opinión se desplazó a los medios de comunicación, que hoy es imposible que la gente se quede callada, que si quiere conservar el poder debe aprender a oírla (la cultura del cliente es primero se refleja hasta en eso) y que necesita renovar la visión de su papel histórico porque cada vez menos personas están interesadas en su “protección” si a cambio se le pide que no crezca o que obedezca sin chistar.

[5] Entre 1821 y 1876 (Primera llegada de Porfirio Díaz al poder) México tuvo 47 gobiernos presidenciales, dos regencias y dos imperios. Algunos fueron simultáneos, otros duraron meses, días u horas y aunque el Lic. Benito Juárez García fue el Presidente que más tiempo ostentó el puesto (de 1858 a 1872), difícilmente puede pensarse que gobernó los 14 años, si en su periodo se dieron la guerra de Reforma, la intervención francesa y el Imperio de Maximiliano.

[6] Las modificaciones del marco legal para dotar de autonomía al Banco de México comenzaron con la iniciativa presentada al Congreso el 17 de mayo de 1993, que se hizo realidad en abril de 1994 y cuyo proceso era aún incipiente, por lo que se vio rebasada por la crisis bancaria-cambiara iniciada el 20 de diciembre de 1994, denominada el error del 94 cuyos efectos se hicieron sentir duramente en 1995.

[7] El impacto de la crisis mexicana en el exterior fue fulminante. Afectó sobre todo a Argentina y Brasil. Se conoció como el efecto tequila, en honor a nuestra bebida, tanto por el efecto que tiene en quienes lo toman en exceso, como porque en ese entonces estaba tan de moda que para satisfacer la demanda se permitió que en vez de ser 100% de agave se hiciera de 51%, o sea que su contenido se devaluó tanto como el peso.

[8] La mayoría de las naciones tienen sucursales de bancos más grandes que su economía. Es parte de la globalización. Para que nuestro tercer sistema financiero se consolide adecuadamente, es importante estudiar cómo se conforma el sistema financiero de varios países, sus mecanismos de decisión, cómo coexisten los diferentes intereses nacionales y transnacionales, etcétera.

[9] Muchas de las microfinancieras se manejan a fondo perdido, con recursos de ONGs internacionales o de otras fuentes, lo cual soluciona un problema de liquidez a corto plazo, pero no enseña a la gente a ser empresaria, ni ahorrar, ni a invertir. No hay curso de desarrollo empresarial, ni argumento que valga, que equilibre el ejemplo de no pagues, no importa, que se da con eso. En una plática casual con los directivos de una microfinanciera que trabaja con números negros, les pregunté cómo le hacen. Su respuesta fue simple: cobramos. Ellos asesoran a sus acreditados, les enseñan a manejar el negocio en la práctica, les cobran y les enseñan a cobrar y a pagar. Si no se hace así, se comprometerá cada vez más el desarrollo de México, sobre todo porque es cada vez más obvio que la época del empleo masivo pasó a la historia y la gente tiene que aprender a trabajar por su cuenta, como emprendedor.

[10] Con el poder de su firma fue originalmente la manera de decir a la clientela que podía disponer de la tarjeta de acuerdo con su límite de crédito, no que el firmar era un pasaporte para gastar, como se interpretó después de la estatización.

[11] En algunos casos fue fusionada por la financiera del grupo.

[12] Expresión que aludía al análisis que hizo el historiador Daniel Cosío Villegas sobre el Presidente Echeverría y que publicó con ese título.

[13] Cárdenas S.E. Manuel Espinosa Yglesias... p. 29-30.

[14] Citado por Silva, Luz Ma. Las memorias del Club a través de sus socios. Tomo II p. 476.

[15] Citado por Silva, Luz Ma. Las memorias del Club a través de sus socios. Tomo II p. 513.

[16] Citado por Silva, Luz Ma. Las memorias del Club a través de sus socios. Tomo II p. 397.

[17] Ibidem.

[18] Zapata N., Juan Tercos... p. 106-107.

[19] Más adelante, proliferaron también los asaltos y aunque la mayoría de empleados, funcionarios y directivos de las SNC fue tan honrada como lo había sido en la banca privada, hubo algunos fraudes que importantes. Más adelante, en la reprivatización, debido a los criterios poco financieros con los que se otorgaron los bancos, hubo algunos fraudes que hicieron historia, inimaginables en la banca privada y en las SNC y que ocuparon las 8 columnas de los diarios en varias ocasiones. Algunos de sus protagonistas fueron castigados. Otros no y eso contribuyó al proceso de desintegración que hoy vivimos.

[20] André G. Delion y Michel Durupty explican en su libro Les nationalisations 1982 que los primeros documentos que plantean en forma estructurada la nacionalización parcial de la economía francesa datan de 1971 y 1972. En ellos se parte del sector financiero en su conjunto para extenderse después, de manera diferente, a diversas ramas de la economía. En lo que respecta al sector bancario y financiero, el programa se refiere a la nacionalización de los bancos privados de depósito, de las instituciones de créditos para el consumo, de las compañías de seguros, de los bancos de negocios y de las principales holdings financieras. El objetivo es dar a la Nación el control de la creación monetaria, de la inversión, y por ende, de la orientación a largo plazo de la economía y el crecimiento. Delion, André G. y Michel Durupty. (1982). Les nationalisations 1982. En 1987 se privatizó la banca y desde entonces su proceso de concentración la ha llevado a ser de las más grandes del mundo.

[21] Chernow, Ron. The house..., p. 642.

[22] Citado por Silva, Luz Ma. Las memorias del Club a través de sus socios. Tomo II p. 399-400.

[23] Respecto al crédito, abro un paréntesis para preguntar: A nivel local ¿se quiere conservar un sistema financiero pequeño? ¿Por qué, si existen instituciones financieras que podrían atender esas necesidades de crédito no lo hacen? ¿El sistema financiero mexicano está destinado a financiar sólo micros, pequeños y medianos negocios? Qué bueno que lo hagan, pero al carecer de grandes negocios, su dinero es caro y por tanto limita el crecimiento de esos a quienes pretenden favorecer.

[24] Con los sismos se cayó alrededor del 2% del DF, pero aún era una urbe con gran concentración en el centro de la ciudad. Por ejemplo, el que se cayera la Central Victoria de Telmex hizo que una parte del país quedara telefónicamente incomunicada varios días. Muchas SNC se vieron afectadas al caerse sus edificios, o quedar cercadas por los derrumbes de los inmuebles cercanos. En ese entonces, Bancomer era la única que desde la etapa de banca nacionalista tenía su matriz fuera del centro histórico. A partir de 1985 se descentralizó la ciudad. El centro se ha ido reconstruyendo poco a poco, hasta que en últimas fechas ha recobrado su esplendor, pero los bancos y otros grandes negocios se fueron de ahí a diferentes rumbos de la ciudad, sobre todo hacia el Paseo de la Reforma, Santa Fe y Bosques de las Lomas.

[25] Al respecto explica el CEESP: Ciertamente el "choque petrolero" de 1986, cuando los precios de la mezcla mexicana de exportación descendieron de 25.33 dls/barril a 11.86 dls/barril (-53.2%), junto con los fenómenos naturales adversos (terremotos de la Ciudad de México, huracanes, etc.) contribuyeron a agudizar este deterioro, dado que los ingresos petroleros representaban 45% de los ingresos gubernamentales y 53% del ingreso de divisas del país. Por ello, el déficit de las finanzas públicas alcanzó la cifra extraordinaria de 16.1% del PIB y la deuda del gobierno federal llegó a representar 57.5% del mismo indicador. Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, La viabilidad...

[26] Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, La viabilidad...

[27] Por ello, la instrumentación del Pacto de Solidaridad Económica (PSE) en diciembre de 1987, junto con sus etapas subsecuentes y la evolución hasta el Pacto para la Estabilidad, la Competitividad y el Empleo (PECE), tuvieron como objetivo central y prioritario la recuperación de la estabilidad macroeconómica como premisa fundamental para un desarrollo económico sostenido. Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, La viabilidad...

[28] En 1988 se creó el Frente Democrático Nacional, una coalición de fuerzas políticas para participar en las elecciones presidenciales. Antecedente inmediato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), aglutinó a la Corriente Democrática que se separó del PRI, a los Partidos Auténtico de la Revolución Mexicana, Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, Social Demócrata, Popular Socialista, Liberal, Verde, Mexicano Socialista, Coalición de Izquierda y Movimiento de Acción Popular. Además de organizaciones sociales, como la Coalición Obrera, Campesina y Estudiantil del Istmo (COCEI), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México, la Unión de Colonias Populares y la Unión Revolucionaria Emiliano Zapata, entre otras. Su candidato fue Cuauhtémoc Cárdenas.

[29] En 1995 mientras América Latina sufría las consecuencias del efecto tequila, los países del sudeste asiático parecían distinguirse por su estabilidad, por lo que recibieron una fuerte migración de capitales. Sin embargo, la desconfianza se apoderó de la región y el 2 de julio de 1997 la devaluación de la moneda tailandesa inició la llamada crisis asiática que pronto se extendió por la región, cuyo sector inmobiliario había sido objeto de especulación, debido al exceso de capitales. En octubre de ese año la crisis se extendió a Hong Kong y después a Corea del Sur, cuyas elevadas deudas a corto plazo provocaron una corrida contra el won, y en 1998 llegó a Japón. La caída del yen frente al dólar contagió rápidamente a Taiwán, China y de ahí, a mediados de agosto, a Rusia. La iniciativa del Presidente Clinton en el G7 para crear un fondo internacional de contingencia logró detener sus efectos al generar cierta confianza en los mercados internacionales. Resumen parcial de Paredes Rodríguez, Rubén. “Crisis asiática: la primera gran crisis de los mercados globalizados.”

[30] La emigración de mexicanos a EUA es tradicional, pero desde mediados de los 1980s, migra un número creciente de población urbana joven y con pocas o ninguna intención de regresar. Desde 1995 los Conteos y los Censos del INEGI muestran cómo baja la intención de volver a México: sólo el 14% de los emigrados a EUA entrevistados por el organismo piensa hacerlo y 9 de cada 10 son personas entre 15 y 49 años, la mayoría de 15 a 24. López Villar, Darío. (2006). “Migración de mexicanos...”

[31] Clinton, Bill. (2004). Mi vida. p. 748.

[32] Cárdenas S.E. Manuel Espinosa Yglesias... p. 32-33

[33] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cap. I De las garantías individuales. Art. 28. En Infojus, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Legislación Federal (vigente al 28 de junio de 2007). <http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/fed/9/>

[34] Lorenzo, Ana. (10 May. 2000). “BBVA acusa a Banamex de utilizar el nacionalismo...”

[35] Banco Santander Central Hispano <http://www.santander.com>

[36] Girón, Selvin y Matthew Creelman. (28 Jul. 2006). “HSBC, el segundo banco más grande del mundo, compra Banistmo, el más grande de CA.”

[37] Clinton, Bill. (2004). Mi vida. p. 748.

[38] Cárdenas S.E. Manuel Espinosa Yglesias... p. 27-28