MIGRACIÓN A DEBATE


El sábado 27 de marzo tuve en suerte presenciar el cuarto triunfo consecutivo que la Escuela Tomás Alva Edison (TAE) obtiene en el debate anual de preparatorias de la Universidad Panamericana (UP). Los alumnos del TAE sacaron 95 y los de la UP 87. Se manejaron cuestiones de primera importancia que ayudan a la urgente objetividad con la que debemos analizar las relaciones México-EUA. Estoy convencida de que debemos conocer el terreno que pisamos y dejar de lado cuestiones subjetivas, so pena de seguir perdiendo oportunidades.

El debate fue en torno a la propuesta migratoria del Presidente Bush. Al TAE le tocó defenderla y a la UP, el equipo anfitrión, atacarla. Los jóvenes del TAE hicieron un trabajo serio y profundo. Para empezar, obligaron a sus contrincantes a separar la propuesta migratoria del personaje que la propuso y no cayeron en la provocación de calificarlo. Ellos se enfocaron al problema y a lo que tenían que hacer: ver las cuestiones positivas de dicha propuesta. Así, el auditorio escuchó planteamientos frescos y novedosos.

La cuestión migratoria tiene cuando menos dos ámbitos: el binacional y el interno. El binacional involucra al país que pierde población (México) y al país que la recibe (EUA). Es en ese plano, en el que se plantean las ideas de acuerdos y tratados migratorios. Sin embargo, se olvida otro ángulo del problema: el interno.

La migración, como cuestión interna, preocupa a los países que reciben migrantes Así, cuando EUA habla de una propuesta de reforma a sus leyes migratorias, está mirando hacia adentro, hacia sus necesidades de controlar el flujo de personas que recibe. México hace lo mismo: ve la migración de los centroamericanos que cruzan rumbo a EUA como un problema interno, que maneja el Instituto Nacional de Migración (Gobernación), no los cónsules de Relaciones Exteriores.

Escuchar que EUA es el país más abierto del mundo me impactó. Más aún conocer las cifras: recibe un millón de personas legales al año. El segundo país más acogedor es Canadá, que admite 180 mil migrantes anuales y el tercero, Australia, 150 mil.

Me pareció toral saber que aunque en México son sinónimos indocumentados e ilegales, en EUA no. El que se les defina como ilegales, los deja fuera de la ley, los expone al trato de criminales y dificulta su regularización. Por eso, suceden cosas tan espeluznantes como las persecuciones en el desierto y las deportaciones masivas. Por eso, urge que nuestros connacionales tengan una forma legal de estar, que reciban un trato adecuado, tanto por razones humanitarias y para que tengan la vida digna que merecen, como por su contribución a la estabilidad nacional. Las cifras del Banco de México son elocuentes:

“En 2003 el ingreso de recursos al país por concepto de remesas familiares ascendió a 13,266 millones de dólares, con un incremento anual de 35.2 por ciento. Esta cifra fue reflejo, por un lado, de una mejor cobertura contable de tales transacciones y, por otro, de que posiblemente en el año un mayor número de migrantes de origen mexicano efectuó envíos de recursos desde el exterior. El referido ingreso por remesas resultó equivalente en 2003 a 2.1 puntos porcentuales del PIB, a casi cuatro quintas partes del valor de las exportaciones de petróleo crudo y superó, tanto al monto de la inversión extranjera directa (IED) como a los ingresos provenientes de los viajeros internacionales.”

Se calcula que esos 13,266 millones de dólares serán 15 mil este año. Sin esas remesas la miseria en México sería intolerable. Esos recursos llegan pulverizados, los reciben las familias, sirven para que gran cantidad de mexicanos coman, se vistan, satisfagan sus necesidades y, en algunos casos, construyan un cuarto. No son para grandes inversiones. Pienso que la pretensión de usarlos para crear empleos es irreal porque las familias en México están a nivel de supervivencia.

Bush no propone un acuerdo. No está facultado para ello. En EUA, a diferencia de México, el Presidente no presenta iniciativas de ley. Sólo exhorta al Congreso y a partir de esa exhortación, los Congresistas que sientan que es pertinente, hacen la iniciativa. En el caso de la reforma a las leyes de migración, varios han comulgado con la idea. Unos son demócratas y otros republicanos. Por eso, supongo que sí habrá reformas y que a los mexicanos y migrantes de otras nacionalidades, les conviene ver cómo pueden aprovechar las oportunidades que se abren, en vez de sólo dedicarse a señalar lo que falta para conseguir todo lo deseado.

Pienso que en cuestiones prioritarias, en EUA suele privar el interés nacional por encima de los intereses partidistas. Ahora, el país está en guerra y por razones de seguridad busca acabar con la situación ilegal de los indocumentados. Es ilógico esperar que si analiza con lupa a quienes entran como turistas, deje sin control a quienes llegan a trabajar sin papeles. También es ilógico suponer que otorgará todo lo que quisiéramos, al menos de golpe. Es el momento de hacer un esfuerzo de objetividad para encontrar las oportunidades que plantea la coyuntura.

Pienso que la apertura será temporal, que si se acepta la propuesta de reforma migratoria, nuestros indocumentados tendrán un plazo de tres años renovables por otros tres, es decir, seis años a lo más para escolarizarse, para prepararse porque el desarrollo tecnológico continuará automatizando gran parte de los trabajos que hoy realizan, como sucedió en otros tiempos con los de los cultivadores de cereales. Urge mejorar la educación básica en México, tanto por quienes se quedan como por los que se van. Clamar indignados por las exigencias de EUA, es perder el tiempo. Más nos vale solucionar sus carencias.