VISIÓN SOBRE LA GENERACIÓN "Y"


MEXICO GLOBALIZADO

Nacidos entre 1982 y 1991, tienen entre 19 y 29 años, manejan la tecnología con naturalidad, generan una dimensión cultural propia, basada en el uso libre del ciberespacio, en la igualdad y fraternidad electrónicas, en la inteligencia colectiva y en la interacción.

25% de los siete mil millones de habitantes de la Tierra forman la enorme y diversificada generación “Y”, que se agrupa en segmentos integrados por gente con intereses similares. Los de cada segmento entran en contacto, piensan, interactúan y platican entre sí, aunque nunca se hayan visto.

Los miembros de la generación “Y” son sensibles a las diferencias y semejanzas en su forma de vida y la de sus amigos de otros lares. Por ejemplo, a los mexicanos les indignan los sitios de Internet que no les venden lo que a sus congéneres por vivir fuera de EUA o Canadá o que buscadores como el Yahoo Mx estén plagados de temas anodinos y prefieren abrir sus cuentas en EUA, Francia o España.

¿Qué tanto la demostración involuntaria de una forma de vida más cómoda, digna y sin humillaciones, más que ideas políticas concretas, contribuyó hace tres meses a desatar la rebelión que aún continúa en los países árabes? No sería la primera vez que un medio de comunicación cataliza el descontento. Pasó a finales del siglo XIX y principios del XX con las generaciones que descubrieron a través del cine la realidad cotidiana de otras latitudes y la compararon con la suya. Los movimientos contra de la jornada semanal de 70 horas proliferaron por el mundo. Entre otras, las películas de los Lumière mostrando a las obreras de sus fábricas, y más adelante las de Chaplin, lograron más conciencia de clase que los líderes.

Mark Zuckerberg, nacido en 1984, es el arquetipo de la generación “Y”. Tenía 20 años cuando creó Facebook. Tras 7 años lo pueblan más de 600 millones de netizen o cybercitizen, como se llaman hoy los participantes activos de la redes sociales. En Facebook interactúan el doble de los habitantes de EUA, cerca de seis veces los de México. Cada vez más personas de diferentes edades e intereses abren su cuenta, forman un círculo rápidamente y lo enriquecen con el reencuentro de excompañeros de escuela y de trabajo, con nuevos amigos y con los amigos de sus amigos.

Instituciones, negocios y gobiernos tratan de habitar sitios como Facebook y Youtube. Por lo general fracasan porque trasladan al ciberespacio sus modos rígidos y ahuyentan a quienes pretenden atraer. Su forma de expresarse, su verticalidad y baja interacción tiene poco que ver con las reglas no escritas de las redes sociales, donde el interesado narra cosas personales que para otras generaciones son íntimas, pero nadie balconea (exhibe) a un amigo, es solemne o abdica del espíritu festivo que desde el corazón del sitio cubre a sus habitantes (no usuarios, ni clientes).

Así como vivir en una gran ciudad garantiza el anonimato, lo hace pertenecer a una comunidad de millones de personas. Sin embargo, a diferencia de las urbes, en el ciberespacio con un click se pone en evidencia a quien rompe las reglas, a quien no cumple lo que promete, y se le condena al ostracismo de las cero entradas, es decir a que nadie vuelva a su sitio.

La computadora y el videojuego son parte del paisaje vital de la generación “Y”. Aprendió a usarlos con facilidad. En competencias personales la mezcla de los ambos le da gran capacidad de análisis: puede captar las variables más importantes de una situación compleja y separarlas de las que no son significativas. Si deja fluir ese conocimiento lo aplica naturalmente, casi por instinto. Si lo hace propositiva y conscientemente, es excelente para el manejo de la información y si lo inhibe, se traduce en desinterés.

Otra ventaja que le da la mezcla de videojuegos e Internet es la capacidad de estar pendiente y dar seguimiento a diversas cosas a la vez. Para las generación “Y” y “X” el zapping es la manera de hacer las cosas. El zapeo, en español, es saltar entre diferentes canales de tv. Nació con el control remoto y ver tres o cuatro programas a la vez sin perder el contenido de todos es una costumbre cultivada desde la infancia. Para ellos, que chatean con 10 o más personas a la vez, es normal que los interrumpan o se interrumpan a sí mismos para hacer otra cosa que interrumpen para regresar a la primera.

La crisis actual está pariendo la nueva economía. A medida que emerja más, la generación “Y” le imprimirá su afición al cambio continuo, a la flexibilidad y a la creatividad. Se calcula que aún no crean más de tres cuartas partes de los servicios que tendrá la humanidad en una década. Inventarlos abre un gran campo de acción para todos, en especial para ellos, por razones de edad y sobre todo de mentalidad.

La generación “Y” tiende a dedicarse a lo que le gusta. Despliega talento y conocimientos en su campo. El resto lo ignora porque no le interesa. Esa es una limitación para saltar a nuevos campos de interés y pone en riesgo sus proyectos al ignorar que las reglas del manejo del dinero, del tiempo y de la información. Debe conocerlas so pena de quebrar o quedarse en la fantasía.

Quienes prefieren ser empleados no buscan trabajos de “lo que sea”. Se sitúan en las actividades que les atraen. En general prefieren horario flexible, formas de trabajo alternativas y movilidad en vez de lo establecido. Quizá por ello se dice que tienen bajo compromiso en el mundo laboral, pero hoy, salvo excepciones, las instituciones tampoco fomentan el compromiso permanente.

La generación “Y” tiene rasgos hippies. Es de esperar que así como aquellos terminaron incorporándose al sistema, los “Y” encuentren su sitio en él, lo transformen y hagan de la sociedad ese núcleo sustentable que tanto anhelan y que, entre otras cosas, supone un manejo cuidadoso de los recursos, valores claros como el respeto a la naturaleza y la ecología, la integridad personal, la honradez, la creatividad y el rechazo al consumismo.