COMPETENCIAS Y EDUCACION


MEXICO GLOBALIZADO

Para C. L. y L. Z. por

nuestras enriquecedoras charlas.


Los miembros más añosos de la generación Z (1993-2004) llegaron al bachillerato en 2004 y salieron en 2007. Ellos, a diferencia de nosotros, no emigraron del mundo de papel al de la electrónica. Nacieron en él. Los más aventajados de la generación saldrán este año de las universidades las que, de hoy en adelante, sólo tendrán nativos-e que en sus licenciaturas e ingenierías. Esos jóvenes también están llegando al mundo del trabajo, como empleados, como independientes o como empresarios, o bien engrosando las filas de los NiNis (Ni estudio Ni trabajo).

La manera que tiene esta generación de procesar la información y aprender es diferente a la tradicional. No necesita saber la información en sí, porque la tiene a la mano, sino aprender a buscar lo que requiere, a encontrarlo, trabajarlo, jerarquizarlo, interrelacionarlo y llegar a conclusiones que le permitan asimilar esos conocimientos y aplicarlos. De cómo enfrentemos la cuestión depende el presente y futuro de nuestro país.

Desde hace muchos años me interesan las experiencias de enseñanza-aprendizaje con dinámicas de grupo, técnicas de aprendizaje acelerado, mapas mentales y otras formas no tradicionales de abordar la cuestión. Cuando me enteré que la escuela francesa de pedagogía llama aprendizaje por competencias a la educación dirigida al crecimiento de la persona me dio mucho gusto, pues entiende por competencias los atributos humanos: conocimientos, habilidades, actitudes y valores.

Si al estar frente a un grupo uno se orienta al desarrollo de competencias se da cuenta de lo cierto que es esa afirmación de que “cada mente es diferente, única, y cada quien aprende de una forma distinta, personal.”

El concepto competencia surge de competente, derivado del latín competentĭa, persona que tiene capacidad y aptitudes para algo, que es apta, que conoce, que sabe. De competencia hay otra derivación de uso común, sin aplicación en estos aspectos pedagógicos: competir: disputa, contienda o rivalidad por algo entre dos o más personas o empresas.

Relacionado con el tema, les cuento que hace unos días tuve el agrado de ser invitada por ST Editorial a presentar a sus vendedores mi libro para bachillerato Historia de México I Desarrolla Competencias. Es su primera reimpresión. En 2010 fue bien recibida por los maestros de la materia, pues “tiene cosas diferentes”, dijeron. Es cierto. muchas de sus actividades las fui creando a través de los años o las inventaron mis alumnos, incluidos los adultos de clases particulares, y las retomé y afiné. Así, la obra se apega al programa de la DGB y da opciones novedosas para que, junto con sus conocimientos, los estudiantes refuercen sus competencias a favor del país, de la sociedad y de su crecimiento y realización personal.

En la reunión hablamos de los retos que tenemos los maestros para lograr experiencias positivas de enseñanza-aprendizaje. La calidad de la educación suele ser una preocupación común, pero como es un tema politizado, que no toma en cuenta las características de los estudiantes, se traduce en pocas mejoras reales.

Hoy el reto de la educación escolar es enseñar a manejar la información, que los estudiantes descubran el sentido vital de los valores, la importancia de las actitudes constructivas, del desarrollo personal. Mi libro llega a la Independencia, pero la historia de México muestra que hemos pagado un costo muy alto por no poner atención a esas cosas: en sus primeros 56 años de existencia, hasta 1877, nuestro país tuvo 60 gobiernos, vivió en permanente guerra civil y enfrentó cinco conflictos internacionales que, entre otras cosas, le costaron la oportunidad de integrar un todo con Centroamérica –hasta Costa Rica- y en el Norte la pérdida del 51% del territorio nacional. Si no enfrentamos con éxito el reto educativo presente, tendremos un creciente número de familias enlutadas y un desorden social que sólo nos perjudicará, como sucedió en el pasado.

Desde el ángulo de competencias, aprender es incorporar conocimientos, habilidades, actitudes y valores a partir de estructurar los elementos de lo que nos están dando e incorporando otros nuevos. Esa labor es personal, guiada por el maestro (o por el facilitador, en ámbitos no académicos), e implica que:

1. CARECE DE SENTIDO TRATAR DE QUE LOS ALUMNOS MEMORICEN LOS CONOCIMIENTOS. Desde el siglo XVIII, cuando Carlos III estaba a la cabeza del imperio español, prohibió la enseñanza de memoria en la Real y Pontificia Universidad de México. Nadie le hizo caso. Hasta la fecha algunas escuelas pretenden que los alumnos repitan una serie de datos sin sentido. Para la generación Z es imposible aprender de memoria algo sin razonarlo ni entenderlo. No se trata de olvidarse de la memoria. Al contrario, hay que privilegiar la habilidad de recordar a partir del entendimiento.

2. LA INFORMACIóN EXCESIVA ATENTA CONTRA SU COMPRENSIóN. Antaño nos quejábamos de la falta de información. Hoy la desinformación nace del exceso. Los jóvenes de la generación Z tienen cultura visual generada por años de televisión, videojuegos e Internet. Eso les da habilidades de síntesis e interrelación, pero les falta desarrollar las de análisis. Sin éstas se les dificulta manejar la información y encontrar soluciones. Ahí la escuela tiene una gran tarea por delante. Para empezar tiene el gran reto de jerarquizar las cosas, de peinar programas, de replantearlos. No se trata de bajar el nivel educativo sino de reencausarlo para permitir el análisis y la síntesis de la información, que hoy generan conocimiento.

3. LA HABILIDAD DE DEFINIR CLARAMENTE LOS CONCEPTOS DE LOS TEMAS QUE SE TRATEN. Si algo necesita la generación Z es definir. La definición es indispensable para el análisis. La cultura visual usa pocas o ninguna palabra e ilustra los conceptos. No es necesario verbalizarlos para manejarlos. El mundo electrónico los llama palabras clave y sus habitantes están acostumbrados a verlas como algo dado, sin darse cuenta de qué son. El análisis de la información requiere de verbalización y definiciones claras porque esas definiciones le dan estructura al conocimiento. Cada disciplina le da a sus conceptos un significado propio, con ellos construye su saber. Por ejemplo, para unas disciplinas lo deseable es una empresa sólida y líquida porque es financieramente sana, mientras que para otras disciplinas sólido y líquido son estados diferentes y no son simultáneos.

4. ES FUNDAMENTAL INTERRELACIONAR LOS CONOCIMIENTOS, CONECTARLOS, DARLES UN CARáCTER VIVO, QUE RESPONDAN A UNA PREGUNTA, planteada por el estudiante. El punto molesta a los educadores tradicionales porque en el sistema de memorización ellos son los únicos que tienen derecho a preguntar. Que los alumnos lo hagan lo sienten como pérdida de autoridad. No lo es. La autoridad de un maestro se desplazó a ser guía en el desarrollo de competencias, a lograr que los participantes de la experiencia de enseñanza-aprendizaje aprendan a plantear y estructurar sus propios conocimientos, al respeto y la solidaridad que nacen de los descubrimientos y la creación conjunta del saber.

En nuestra cultura, es común confundir las instrucciones de los exámenes (menciona, enumera, enlista, define, analiza) con las preguntas de análisis, que comienzan siempre con un signo de interrogación y palabras como ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Quién? ¿Por qué? y ¿Para qué? He escuchado muchas quejas de que los jóvenes copian y pegan las cosas que encuentran en Internet para hacer sus trabajos. Internet no plantea preguntas concretas, sólo da información. Lograr que los miembros la generación Z cuestionen es ayudarles a abrir la puerta del interés por el conocimiento y por el mundo que los rodea, el electrónico incluido.