LOS GRANDES PROBLEMAS DE MÉXICO


MEXICO GLOBALIZADO

Luz Ma. Silva

 

Entre las numerosas obras que vieron la luz pública el año pasado, a la sombra del bicentenario y el centenario, destaca la obra de El Colegio de México (Colmex) cuyo título tiene cierta reminiscencia con la obra de Andrés Molina Enríquez, Los Grandes Problemas Nacionales (1909). Hacer clic en la liga http://2010.colmex.mx/tomos.html es entrar a una gran biblioteca virtual. Hay un aviso de bienvenida, varios videos e imágenes que vale la pena ver y una liga a los 16 volúmenes. El clic en ella lleva a un librero perfectamente acomodado donde igual número de libros-e esperan pacientemente la lectura. Las obras se venden en papel, como libros tradicionales, y se pueden consultar gratuitamente en el sitio, bajarlos y guardarlos en la computadora, con una limitación: no se pueden reproducir ni parcial ni totalmente. Ni caso tiene porque la biblioteca funciona 24 horas, todo el año.

 

Los 16 volúmenes son una lista de igual número de cuestiones torales, tanto como para dar lugar al título de un tomo:

 

I. Población

II. Desarrollo urbano y regional

III. Migraciones internacionales

IV. Medio ambiente

V. Desigualdad social

VI. Movimientos sociales

VII. Educación

VIII. Relaciones de género

IX. Crecimiento económico y equidad

X. Microeconomía

XI. Economía rural

XII. Relaciones internacionales

XIII. Políticas públicas

XIV. Instituciones y procesos políticos

XV. Seguridad nacional y seguridad interior

XVI. Culturas e identidades

 

El simple listado habla de las grandes preocupaciones de hoy. En esta ocasión comentaré algunos puntos del tomo I. Población. Registrado en el 2010, al menos una parte de sus textos fueron escritos antes, a pesar que eso significó dejar fuera los Censos de muchos países, incluido el nuestro. La presentación del libro explica que en el 2020 el mundo tendrá 7 mil millones de habitantes o, lo que es lo mismo, 7 millardos. Diversas fuentes calculan que por lo pronto somos 6.9 millardos o sea que es un cálculo posible.

 

¿Cuándo tuvo el mundo su primer millardo de habitantes? El libro informa que fue en 1850. En 1930, se duplicó la población, que llegó a dos millardos; en 1960, a tres; en 1974, a cuatro; en 1987, a cinco millardos, es decir en poco más de un siglo la Tierra albergó una población cinco veces mayor que cuando se empezó a contar en miles de millones. En 1999 subió a seis millardos. La ONU calcula poco más de diez mil millones para 2045.

 

El Consejo Nacional de Población estimó que en 2010 México tendría 108 millones de personas. Se quedó corto porque fuimos 112,322,757, pero eso no invalida las conclusiones de El Colmex: la población se duplicará en periodos de 90 años. Dejamos atrás la explosión demográfica y vamos a la implosión, al decrecimiento, a ser una población añosa. Las parejas suelen tener dos hijos, es decir su reemplazo. Además, se estima que en 2005 emigraron alrededor de 580,000 personas, cifra superior a los cerca de 501,000 que murieron.

 

La emigración es una verdadera sangría: se pierde más población debido a ella que a la tasa de mortalidad. Salvo que el orbe se convierta en una tragedia, nuestros compatriotas seguirán yéndose a otros lares en busca de una mejor vida. El país más favorecido por esos migrantes es EUA, pero no es el único. Habrá que leer el tomo III, que versa sobre el tema.

 

Retomo la cuestión de la población interna. El sábado pasado fui a una maravillosa reunión de amigos en el estado de México. El anfitrión la organiza dos veces al año desde hace mucho. Llegar ahí permite ver cómo el proceso de urbanización sigue adelante, imparable. En un lustro el rancho estará en una zona urbana. ¿Cómo es eso si la población ya no crece a un ritmo acelerado? “Porque crece, sí, lentamente, pero estamos pagando las cuentas atrasadas: se está cubriendo el déficit de vivienda que se generó décadas atrás y que aún arrastramos,” me explicó un amigo que dedica parte de su jornada a la construcción.” Las familias que vivieron hacinadas en un cuarto con sus padres y hermanos hoy se mudan a una unidad habitacional o invaden un terreno y construyen una casa. Así sucede por todo el país.”

 

Eso de alguna manera habla de que hay dinero porque no sólo se trata de construir –por más empleo que genere- sino de pagar. Sin recursos las viviendas nuevas se quedarían vacías, las familias seguirían hacinadas y se pararía pronto la construcción, dado que es una actividad muy flexible, se puede detener cerrando la marcha de su maquinaria, hasta que mejores tiempos permitan volver a encenderla. Por lo pronto hay capital para seguir, aunque la inseguridad plantea problemas y facilita las invasiones.

 

La invasión de la tierra y su posterior legalización es una costumbre que se inició en la Colonia. En la conquista los capitanes recibieron tierras como pago a sus hazañas, pero la tropa no. Se adueñaron de las que eran del rey y de sus vasallos, los indios. Cuando la Corona se vio apretada de fondos, les “legalizó” sus pertenencias a cambio de un pago e inició un proceso de apropiación de la tierra que aún funciona, aunque de vez en cuando los propietarios invadidos logren recuperar sus terrenos. Es cuestión de influencias y buena suerte porque los partidos políticos de masas (PRI y PRD) consigue a sus acarreados permitiendo o propiciando las invasiones. Habrá que leer el tomo II sobre Desarrollo urbano y regional.

 

El Colmex deja ver que hoy las familias tienen menos integrantes. El cambio en la estructura por edades abrió un abanico de demandas en materia educativa, habitacional, de salud y empleo. La población en edad de trabajar creció rápidamente. A pesar de los problemas que existen, tiene más ocupación y posibilidades aquí que sus congéneres indignados del Mediterráneo.

 

El siglo XX fue de crecimiento demográfico. El XXI será de envejecimiento. Según el libro y el gobierno ese cambio poblacional plantea un gran reto contemporáneo: la salud. Las enfermedades relacionadas con la senectud, como diabetes, cardiovasculares y mentales, son incurables, progresivas, lentamente letales y provocan incapacidades que atentan contra la calidad de vida de los ancianos y sus familias. Los medicamentos que las previenen son costosos. Los ancianos que carecen de recursos para mantenerse, están atenidos a la ayuda familiar. Otros cuentan con pensiones estatales o privadas y algunos con ahorros personales.

 

Por razones lógicas no ven desde el ángulo que abre oportunidades a los emprendedores: crear instituciones y satisfactores para un gran sector de población que hace poco no existía. Día con día las personas mayores o Baby Boomers se inventan una ocupación, se abren oportunidades a sí mismos ya sea para no aburrirse o porque se les acabó el sueldo y les sobró vida, pero el caso es que están en movimiento.

 

En el libro se analizan pros y contras de las pensiones tradicionales o de “beneficios definidos”, es decir, cumplidos ciertos requisitos se puede esperar una pensión vitalicia de tanto, servicio médico y otras prestaciones, y las actuales de “contribuciones definidas o ahorro individual”, en las que el futuro de cada trabajador depende de lo que logren ahorrar él y sus patrones.

 

Tras un capítulo de la salud y otro del sida, se llega al de nupcialidad: en el siglo XX ganaron en importancia los matrimonios civiles y religiosos. Aunque se siguen dando, han bajado a 51% porque hay más matrimonios sólo civiles (25%) y uniones libres (24%). Hay más divorcios y desuniones que antes, pero a una tasa menor que en el resto de Latinoamérica.

 

Finalmente, a reserva de ver el tomo VII, me atrevo a pensar que el reto educativo de cubrir a población marginada en edad de estudiar está cubierto. Ahora la cuestión es mejorar la calidad. Por eso termino estas reflexiones con una pregunta ¿Qué contenido debe tener hoy la educación para que sea de una calidad tal que se convierta en el instrumento de desarrollo nacional?