HABILIDADES PARA ESTAR COMODO EN EL SIGLO XXI


MEXICO GLOBALIZADO

ST-editorial para cuya colección Bachillerato hice el libro de Historia de México 1 me invitó a Michoacán al “Encuentro Estatal de Profesionalización Docente 2011, Integración de habilidades docentes.” Como no entendí muy bien qué tenía que hacer, se me hizo muy fácil decir que sí, pero no, no se trata de hacer un taller con el libro e intercambiar experiencias, sino de hacer algo vivencial, a partir de las experiencias personales en el proceso de enseñanza-aprendizaje en virtud del desarrollo de habilidades profesionales.

Cuando me cayó el veinte de lo que tenía que hacer, me puse a buscar en Internet para ver qué es eso de la profesionalización del docente y la integración de sus habilidades. Resulta que en otros países hay una verdadera revolución educativa y en México el Sistema Nacional del Bachillerato está dando pasos firmes en el mismo sentido: para cambiar la educación y sus resultados y por tanto para tener alumnos mejor formados, los profesores tenemos que cambiar también. En el proceso no hay primero tú y luego yo: el cambio es simultáneo. Es imposible hacerlo de otra manera. Lo mismo sucede con los padres, los capacitadores y, para acabar rápido, con todo aquel que tenga contacto con otro ser humano y pretenda seguir creciendo junto con otros.

Entre las diversas cosas interesantes que encontré fue la existencia de una universidad totalmente virtual: la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Su portal está en catalán, español, inglés y francés.

Si uno quiere ser usuario de un lugar así, no tiene ningún problema de idiomas, pero si desea estar del otro lado, es decir, de quienes producen la información, la cosa cambia: cuando menos debe manejar lo suficiente el inglés y el francés como para saber si la traducción de lo que hace es correcta. Tener al menos un segundo idioma es una habilidad profesional indispensable para un ciudadano del siglo XXI.

En una de sus convocatorias para profesores, el sitio enlista una serie de habilidades que deben tener. Entre ellas está la de conocimientos de Ofimática, Para quienes ignoraban, como yo, la existencia de esa palabra, les informo que la Real Academia la define como acrónimo de oficina e informática. Significa automatización, mediante sistemas electrónicos, de las comunicaciones y procesos administrativos en las oficinas.

Vuelvo a las habilidades. Además de las específicas de la materia, la UOC enumera las que considero importantes en el mundo de hoy:

Conocimientos de Ofimática e Internet …

Habilidad para las relaciones personales y para la comunicación verbal y escrita, además de un alto nivel de iniciativa y capacidad de organización y de trabajo en equipo.

En otras palabras, para estar más o menos cómodos en esta etapa del siglo XXI, tenemos que:

Saber bien nuestro idioma y un segundo que puede ser inglés o francés. Si somos más ambiciosos o tenemos facilidad para los idiomas, alemán, noruego, chino o japonés son buenas opciones.

Manejar bien la computadora y usarla para nuestro trabajo, al igual que la Internet. Dificulta mucho la relación el que de entrada alguien diga: “no sé nada de computación, ni quiero saberlo.”

Automatizar nuestro directorio y todos los procesos administrativos que tengamos, por más sencillos que sean (dependiendo a qué nos dediquemos, desde las listas de calificaciones o la nómina, hasta la agenda, la lista del súper y todo aquello que nos quite tiempo y sea repetitivo).

Cultivar las relaciones personales. Esa habilidad es importante siempre, al margen de la época en la que se viva. Lo interesante de las relaciones personales por Internet es que se establecen de mente a mente, por encima de la distancia física, de la ubicación geográfica, de los horarios vitales, de la clase social y de la edad. Desde luego, hay que tener cuidado con las relaciones, tanto en el mundo físico como en el virtual. Uno corre riesgos tanto si se sube al auto de un desconocido como si su Facebook está abierto a todos.

Desarrollar la habilidad para la comunicación verbal y escrita. También ha sido y es fundamental. Si uno no sabe hablar, leer y escribir está perdido. En México la gente lee pocos libros, pero eso no quiere decir que no lea. Lee mucho. También escribe mucho. Eso lo sabe cualquier joven con un celular o una computadora o quien viaje en Metro y vea los letreros. La calidad de lo que se escribe y se lee es, en términos generales, deficiente. Sí. Eso es otra cosa. Analizar por qué en estas fechas en las que se celebra la Feria de Libro de Fráncfort del Meno la televisión alemana DW dice que el libro es un excelente negocio y en México no lo es, me excede. Me conformo con consignar que el mexicano lee y escribe mal y que tenemos que mejorar esas habilidades si queremos tener un país mejor.

Tener un alto nivel de iniciativa y capacidad de organización y de trabajo en equipo. Pienso que en ocasiones los mexicanos tenemos buenas iniciativas, pero poca capacidad de organización y de trabajo en equipo. Es muy impresionante constatar cómo en el trabajo virtual se manifiestan las actitudes que las personas tienen en el mundo real.

He tenido la oportunidad de trabajar varias veces en equipos por Internet. Es muy difícil cuando la integración de la organización es deficiente, cuando hay gente que “manda”, pero es ignorante en el tema o personas que están más preocupadas por mostrar su autoridad que por los resultados del proyecto. Trabajar así también es difícil en el mundo físico.

En cambio, es fácil hacerlo con equipos de instituciones bien integradas, enfocados a resultados, sean equipos del mundo “real” o del virtual. La primera vez que tuve la suerte de hacerlo en el ámbito virtual fue en Compuserve-Mexis-TO2. Cuando veo a quien fue mi jefe entonces, me da muchísimo gusto saludarlo. Martín Casillas es un ingeniero químico-literato, que ahora da cursos de Liderazgo en Shakespeare en el ITAM.

La segunda vez que trabajé así de manera muy grata fue con Mónica Sacristán y Sylvia Meljem, ambas del ITAM. ¡Qué dupla! La misión de Sylvia era, ni más ni menos, evitar que cometiéramos los errores de otros equipos virtuales en los que ella había participado. Mónica dirigía las cosas y puso a Rosa Tamayo y a otras personas a que estuvieran al pendiente de todo lo que necesitáramos y de los tiempos de entrega. Con decirles que hasta corrector de estilo virtual hubo y a mi me tocó en suerte la mejor: estupenda, respetuosa, incapaz de cambiar las cosas sólo porque sí.

La mejor experiencia que he tenido en trabajo virtual en equipos fue con un empresario de Monterrey, ingeniero, una persona muy educada, organizada y exigente. Humberto no se anduvo por las ramas. Siempre tuvimos muy claro qué tenía que hacer cada quien, cómo y en qué tiempo. Cuando celebramos la conclusión del trabajo “conocí” a mis pares. Fue muy agradable. Las comillas se deben a que nos conocíamos bien, aunque nunca nos hubiéramos visto.

El mundo virtual no hace mejor o peor líder a nadie. Tampoco le quita el liderazgo a quien lo tiene, ni desorganiza al organizado o hace ignorante al culto. Es un medio distinto donde se expresa lo que uno es. Si queremos que nos vaya mejor en el siglo XXI, a los mexicanos nos urge encauzar las iniciativas personales, alentar la creatividad, dejar que florezcan los espíritus inquietos y desarrollar habilidades de organización y de trabajo en equipo.