¿AUTORITARISMO SIN AUTORIDAD?


MÉXICO GLOBALIZADO LUZ MARIA SILVA

El gobierno mexicano se deteriora, como sucede con otros, así que inicio esta reflexión con una hipótesis: los gobiernos están en crisis porque su estructura obedece a la ya desaparecida sociedad industrial, no a la de hoy.

Las reglas de la sociedad del conocimiento aún no acaban de conformarse, pero es evidente que flexibilidad y velocidad son fundamentales. Frente al nanosegundo, los gobiernos se mueven con la torpeza de un elefante y los grupos sociales se salen de control. Se generaliza el espectáculo de políticos que pretenden actuar igual que siempre y cobrar lo mismo que recibían cuando la sociedad no se preocupaba por ello.

Como suele suceder, si las cosas funcionan nadie se fija en lo que cuestan. Como ahora los gobiernos son disfuncionales, salen a la luz sus excesos, sus gastos, sus inhabilidades. En un país se manifiestan en que el gobierno espía sin recato; en otro en que el rey (que no gobierna) se va de cacería mientras el pueblo vive paro y pobreza; y en los de más allá en descarada corrupción. “En todos lados se cuecen habas.”

Deshacer las estructuras que sustentan una forma de gobierno para dar origen a otra, es difícil. Lo enseña la historia: cuando comenzó la sociedad industrial, cuyo fin vivimos, el Estado-Nación sustituyó al absolutismo. Tomó tiempo y problemas porque la economía y la sociedad siempre van más rápido que los políticos, cuya principal obligación es, ha sido, y será siempre, conservar el poder. Los mecanismos que se construyen para eso funcionan, aunque estén en un cascarón vacío, como hoy. Un ejemplo claro, al alcance de todos, es la burocracia: es mil veces más dificultoso enfrentarse a un burócrata con computadora que al mismo cuando escribía a máquina.

En este entorno de disfuncionalidad, los mexicanos elegimos gobierno. Harta de la inseguridad, llena de ilusiones y buenos deseos, la mayoría optó por regresar al PRI a la presidencia, con el mandato de que lograra la paz y la prosperidad en 24 horas. No sucedió, era imposible. La inseguridad siguió y, por si fuera poco, buena parte del país se inundó. Es decir, se agregó una situación de emergencia a lo que ya de por sí era difícil. Es posible que traduzca en excelentes cosechas en primavera-verano, pero en el ciclo actual no: los precios suben y los bolsillos sufren.

De hecho, los bolsillos vienen sufriendo desde hace unos meses: el gasto público está restringido y –al menos en el área del DF- no hay suficiente inversión. El clima económico recuerda al que se sentía cuando la “atonía” de Echeverría. Se parece hasta en detalles como el de que cuando uno va al banco por cambio, se lo dan en billetes deteriorados de 100 y 200 pesos, mismos que el Banco de México renovaría en una situación normal.

En ese marco, se dan a conocer las reformas. El que le hayan sacado el cobre a Carlos IV “El Caballito” hace pensar en las reformas borbónicas y en sus pésimos resultados. Ambas reformas, las borbónicas y las actuales, comparten una concepción política disfuncional: recuperar la autoridad dando paso al autoritarismo. El problema es que el autoritarismo no funciona si no hay autoridad detrás. No sirve para recuperarla.

Nuestro gobierno carece de autoridad. Lo demuestran los maestros en las calles. Mientras él se pone sus moños para resolver los problemas laborales con sus trabajadores, estos se unen con otros: los del IMSS, los de la ex Cía. de Luz y los que se acumulen. Amenazan a 22 ciudades con el caos. Si lo logran será claro de qué lado está el poder. El hecho no tiene qué ver con la razón ¿Para qué alegar que la reforma ya fue aprobada si en la calle está reprobada y el gobierno no la puede imponer?

Lo mismo sucede con las cuestiones fiscales. Hay una disposición del SAT por la que uno debe emitir certificados fiscales electrónicos. Son cómodos y el organismo ofrece una opción gratuita. No la intenté, el sitio del SAT es poco amigable y muy inestable.

Así, como todos los causantes, tengo la espada de Damocles encima: hay una disposición que es oro molido, la del “Certificado de sello digital sin efectos.” Quien se atreva a fallar tres veces seguidas en las declaraciones consecutivas (ejemplo: mensuales) o no se entere de algo que llegue a su buzón fiscal, no podrá emitir facturas porque sus certificados perderán la validez. Pregunto: al sacar al causante del sistema formal ¿qué esperan que haga? ¿Debe optar entre la economía subterránea y morir de hambre? Con ese espíritu está hecha la reforma fiscal. Hay que leerla completa. En resumen, el causante que se porte mal, será castigado.

El gobierno se debate entre una izquierda que favorece el aumento del ISR y una derecha que se inclina por el IVA generalizado. Para elevar el ISR y la recaudación, propone medidas con dedicatoria. Las visibles son las del IVA a colegiaturas y transacciones relacionadas con la casa habitación. Hay más.

Nadie puede decir que el economista Rolando Cordera sea de derecha. Sin embargo, tiene un párrafo en su artículo “En el reino de este mundo” (La Jornada 13 oct.) que resume la cuestión: “... su falla mayor, que fue no haber centrado el esfuerzo en los impuestos generales, abriendo el flanco adversario a todos y cada uno de los impuestos específicos.”

¿Podrá –y querrá- el gobierno arreglar los problemas con sus trabajadores? ¿Tendrá la habilidad suficiente para dar marcha atrás en la cuestión fiscal? Ojalá que sí, que esté interesado en pasar a la historia como un gobierno contemporáneo, sabio y negociador, conformado por políticos de oficio. De lo contrario, una vez más, veremos cómo se evaporan las oportunidades histórico-geográficas que se abren al México de hoy.