GENERACIÓN LECTORA


México globalizado. Luz María Silva

Aviso: este texto está escrito pensando en quienes tienen acceso a la cultura digital, desde su expresión más simple, que es el teléfono celular, hasta la del servicio más complejo de Internet. Sé que hay muchas personas que no lo tienen, pero no es el punto sobre el que los invito a reflexionar hoy.

¿Han caído en la cuenta de que nunca en la historia de la humanidad se había leído y escrito tanto como hoy? En especial los jóvenes. La Internet, sobre todo Facebook, WhatsApp y Twitter, han hecho de ellos y de los no tan jóvenes, de nosotros, los habitantes actuales de la Tierra, la generación lecto-escritora más numerosa de la historia.

El que Internet desplace a la televisión en materia de entretenimiento significa que más personas dedican gran parte de su jornada a leer y escribir. Claro, mucha gente no lee libros, ni menos los escribe, tiene mala ortografía, un lenguaje pobre, enfocado sólo a ciertos temas de su personal interés y siempre que puede intercala abreviaturas y emoticones en sus textos.

Los jóvenes se pasan gran parte del día mandando y recibiendo mensajes, es decir, leyendo y escribiendo. Ahí se da una brecha generacional, desde el punto de vista educativo: no hablan de “cosas serias”, no se fijan en qué, ni en cómo escriben y además están más pendientes de sus mensajes que de una “conversación inteligente”. Es cierto, pero también lo es que padres, educadores y capacitadores tendemos a subvalorar lo que ese aprendizaje significa como plataforma de conocimiento.

Asimismo, hay que tomar en cuenta que, a diferencia de otras generaciones, las de ahora tenemos un aprendizaje que antes no existía: el de escoger cotidianamente lo que queremos hacer y llevarlo a cabo ¿Nos gusta escuchar simultáneamente música clásica y rock? En Youtube encontraremos la mezcla y si no existe, podemos hacerla. ¿Deseamos escuchar “El Quijote” en vez de leerlo? Nos metemos a la Biblioteca Cervantes y lo oímos divinamente grabado. Claro, también podemos leerlo en papel o digitalmente.

¿Preferimos jugar ajedrez con alguien de nuestro nivel? Lo hacemos, no importa con quién, ni donde viva, sólo jugar. ¿Buscamos pareja? ¿Necesitamos administrar el dinero de nuestra cuenta o usarla para endrogarnos? ¿Queremos llamar un taxi o avisar a nuestra familia que vamos a hacer “X” o “Z”? Todo eso y más lo hacemos diario, a cada momento, sin sentirlo, como parte de la vida cotidiana, sin pensar que hacer unos cuantos años era materia de la ciencia ficción.

Así, como los seres humanos de hoy hemos aprendido a escoger entre posibilidades diversas y crecientes, cada vez nos aburren más las instituciones en donde no podemos seleccionar lo que queremos o influimos muy poco en ellas. Dos ejemplos son las instituciones políticas, como el gobierno y los partidos, y las escolares, sobre todo en países como México donde la escuela, una de las instituciones más conservadoras de cualquier sociedad, aún refleja una cultura vertical y jerarquizada.

Por otro lado, el que seamos generaciones acostumbradas a leer y a escribir significa que hemos avanzado, que no podemos pensar en campañas de alfabetización para que la gente lea algo y lo aprenda de memoria. El uso del lenguaje escrito implica la capacidad para aprender cosas nuevas mediante la lectura y la capacidad para exponer pensamientos por escrito. Eso lo sabe cualquiera que mande o reciba un mensaje de texto y es también una base importante de aprendizaje.

La etapa de la lectoescritura es la más difícil en materia de enseñanza-aprendizaje porque leer y escribir exige coordinar actividades tan complejas como asignar un significado a los símbolos escritos e interpretarlos. Aunque tengamos frente a nosotros gente que sentimos que carece del interés y conocimiento como para ser comparada con ventaja con otras generaciones, la verdad es ya tiene esas habilidades que cuesta tanto trabajo desarrollar. A padres, maestros y capacitadores nos toca guiar a esas generaciones y ayudarlas a descubrir otros mundos y otros intereses.

En días pasados Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, anunció que su propósito de 2015 es hacer un club de lectura. Diciendo y haciendo. él como persona tiene casi 23 millones y medio de seguidores, es decir un número comparable al de los habitantes del área metropolitana del DF. De esos, cerca de 222 mil hicimos click  en su página A Year of Books. Es fácil pensar ¿Qué tiene que hacer un empresario gringo, de sólo 30 años de edad y millonario recomendando libros? La respuesta es: mucho. Sin duda es una de las personas que ha provocado más alfabetos en el orbe. Antier recomendó el libro de la semana: “The End of Power” (“El fin del poder”) del venezolano Moisés Naím. Agotó la edición, al menos en Estados Unidos y en México. Hoy no alcancé a comprar el libro, pero leeré los comentarios mientras lo consigo.

Facebook tiene 1,300 millones de usuarios, 18% de los 7,200 millones de habitantes del planeta y 110 idiomas se leen y escriben en esa red, WhatsApp tiene 700 millones y Twitter “sólo” 500 millones. Seguramente muchos somos las mismas personas que estamos en las tres redes, pero de cualquier forma la humanidad nunca había tenido miles de millones de personas que escriben y leen diariamente sobre lo que quieren y a quienes quieren. Eso necesariamente cambia la forma de ver la vida, la educación, la economía y la política. El reto es encontrar cómo conducir esa plataforma de conocimiento básico para convertirla en posibilidades de aprendizaje, para hacer que desde niños, desde la persona más sencilla, hasta la más encumbrada y brillante tengan posibilidades de realización como seres humanos.