DEL PAPIRO A LOS MÓVILES


México globalizado

Luz Ma. Silva

En días pasados fui invitada a dar un curso de tecnología y educación. Investigar sobre dos de mis temas favoritos, unirlos y reflexionar al respecto con un excelente grupo de maestros, fue sensacional.

 

De entre todas las culturas antiguas escogí la egipcia por representativa, tecnológica y ser gran raíz de Occidente. Amén de piedras y cinceles, los egipcios usaban los costosos papiros, en los que escribían con tinta, y los ostracones, de cerámica y de conchas, que marcaban con cañas biceladas.

 

En las “casas de instrucción”, como le decían a la escuela, aprendían astronomía, religión, música, lenguaje, higiene y la escritura demótica, o del pueblo. Los escribas iban a una escuela especial donde aprendían escritura hierática, para cuestiones religiosas y administrativas, y jeroglífica, para especialistas. Los alumnos, como todos los de su época, escuchaban al maestro, quien escogía a sus discípulos. La forma principal de trasmisión del conocimiento era personal (NO personalizada) y el joven debía escuchar al mentor y repetir lo que éste dijera, como lo dijera.

 

Sócrates, el maestro de maestros, vivió del 470 a. al 399 a.C. Entiendo que lo hayan condenado a morir bebiendo cicuta, pues al descubrir la ignorancia de reputados expertos, inventó la mayéutica, método inductivo con el que ayudó a la gente a pensar y aquilatar su grado de conocimiento. Ahora diríamos que hizo que aprendiera a aprender. Más aún: usó educación audiovisual: con la tecnología de su tiempo, una vara y la arena de la playa, dibujó un cuadrado que reprodujo, unido, varias veces y al que luego le dibujó unas diagonales para que, al ver y escuchar, un esclavo aprendiera geometría. La contribución socrática al desarrollo de la tecnología de la educación fue indiscutible.

 

La relación personal maestro-alumno fue indispensable hasta la Edad Media, cuando la copia manual de los libros se hizo una práctica común en los conventos y permitió que más religiosos aprendieran a través de la lectura, conocimiento sólo de educados. El papel era tan caro como los pergaminos, hechos de piel de bovino. Independientemente del material del soporte tecnológico del libro, lo común era enrollarlo.

 

A medida que el papel cobró importancia, porque se encontraron formas más baratas de producirlo, fue más fácil guardar los libros, incluso doblados en forma de acordeón. Para escribir, se siguió usando la tinta.

 

En 1440 Gutenberg imprimió las 44 líneas de su Biblia. Con la imprenta de tipos móviles hizo una revolución cultural porque su tecnología se juntó con otras. Por ejemplo, ya para entonces el papel era considerablemente más barato porque desde el siglo anterior, el XIV, se habían puesto de moda las camisas, que hombres y mujeres usaban como ropa interior, y el trapo de esas prendas, al volverse viejas, permitió producirlo a menor precio y coserlo con hilos. Occidente se alfabetizó.

 

Los grandes descubrimientos geográficos, y de todo tipo, iniciados a finales del siglo XV y continuados en el XVI, hicieron que la humanidad viviera el Renacimiento, esa época de explosión de conocimientos similar a la actual.

 

En 1500, hubo otro descubrimiento tecnológico-educativo: el grafito. Usar el lápiz debe haber propiciado el interés por escribir, pues pronto fue más barato que la tinta, más fácil de transportar, y permitió escribir cosas más permanentes que con pizarra y gis, fieles compañeros de la humanidad.

 

Volverse lector tuvo más sentido. Escribir también. Las universidades se abrieron a los nobles e hidalgos que quisieran asistir a ellas. Las distintas sectas protestantes inauguraron sus escuelas dominicales, que enseñaban a leer, y que se agregaron, o sustituyeron, a los colegios católicos. Entonces, la buena educación se daba aún de forma personal, en interacción directa del maestro con unos cuantos alumnos.

 

En nuestro caso, a mediados del siglo XVI a la Universidad de Salamanca, la más prestigiada de España, se agregó la Real y Pontificia Universidad de México con la facultad de otorgar grados académicos: bachiller, licenciado y doctor. Las discusiones entre los representantes de la corona (Real) y de la Iglesia (Pontificia) fueron grandes y se aderezaron con las que significó que los Jesuitas tuvieran sus propias escuelas.

 

Para la gente común se empezó a hacer necesaria la instrucción. El Quijote (1605 primera parte y 1615 la segunda) habla tanto de Cervantes y la evolución del castellano como de la tecnología y la alfabetización: el autor escribió su famosa novela para acabar con el género de caballería, al que consideraba tan malo como una telenovela hoy. Logró su objetivo, sí, pero no por la burla que pretendió hacer sino por escribir la mejor obra de ese tipo, insuperable. él pretendía acabar con algo que hacía mal a la gente, lo que significa que había ya muchos lectores y que los libros eran bastante más baratos entonces.

 

El tiempo pasó. Más gente fue a la escuela. James Pillans (1778-1864), un profesor escocés de Geografía, inventó el pizarrón. En retrospectiva puede uno poner en duda la invención, ya que lo que en realidad hizo fue tomar una pizarra de sus alumnos y colocarla en la pared, pero lo cierto es que a nadie se le ocurrió hacerlo antes y que lo hiciera habla de que ya había que atender a más alumnos.

 

En la tecnología del pizarrón de hoy se resume la historia del soporte: hay verdes, tradicionales, de gises; blancos, para plumones; e interactivos, con electrónica incorporada. A nivel personal, vuelve por sus fueros y los niños tienen desde pizarrones mágicos, que borran “solos” hasta su versión moderna y altamente tecnificada: el iPad.

 

A finales del siglo XIX, la tecnología aportó la máquina de escribir a la educación. Christopher Lathan Sholes hizo la primera máquina comercial, aunque ya Hansen y otros habían patentado las suyas años antes. Sholes inventó el teclado “Qwerty”, que usamos incluso de manera virtual, en los celulares y otros móviles. Escribir a máquina fue un abono importante en materia educativa, ya que permite conservar y trasmitir información de manera más fácil y clara.

 

Hablando de conservar y trasmitir información, hay un soporte importante que aún no menciono: el cuaderno. Nadie puede negar su importancia. ¿Quién lo inventó? Descubrí que es bastante moderno, del siglo XX. Antes la gente escribía en hojas sueltas y, dado el caso, las cosía.

 

Encontré que los franceses –grandes consumidores de tela de algodón- tuvieron libretas en el siglo XVIII y que también los chilenos hacían las suyas. Según algunas fuentes de Internet el australiano J. A. Birchall fue el inventor del cuaderno en 1902. No encontré mayores datos suyos, salvo que fue dueño de la librería más vieja de Australia. Si alguien tiene información del cuaderno, le agradeceré me la haga llegar. Tenerlos dio independencia de los alumnos.

 

Sin duda el siglo XX fue definitivo en materia de tecnología educativa. Hacia 1960 la electrónica llegó a la escuela. La radio, la grabadora, los celulares (tamaño macana) y los proyectores de acetatos hicieron lo suyo en la transformación educativa que hoy vivimos. La tercera generación de computadoras (1964-1980) cambió la forma de procesar datos en bancos, comercios, fábricas y gobiernos y, al final de su existencia, fue acompañada de las primeras computadoras personales o PC.

 

De 1975 datan la PC Altair y su programación en Basic, hecha por Bill Gates y Paul Allen, quienes ese mismo año crean Microsoft, mientras que Steve Jobs y Steve Wozniak lanzan Apple 1. De ese tiempo datan los mapas mentales de Tony Buzan, uno de los primeros educadores que se preocupa de cómo funciona la mente, no el cerebro. De entonces para acá ni la tecnología, ni la educación han cesado de evolucionar.

 

Hoy los celulares y otros móviles son indispensables en nuestra vida y los cambios que provocan en ella, en nosotros y en las sociedades, son indudables. La crisis mundial del Estado Nación no es fortuita.

 

Hoy, en el ámbito tecnológico-educativo, México está dividido en tres: una parte en la cima, a la altura de los mejores del mundo. Otra, aunque sea a regañadientes, se familiariza con los cambios y una tercera está en la sima, inmersa en comunidades analfabetas, marginadas, sin oportunidad de crecer.

 

Aprovechar las opciones educativas actuales será una forma de sacar al país del bache en el que está metido desde hace décadas. La tecnología está al alcance de las mayorías. Nadie daría cicuta a Sócrates por ayudar a sus alumnos a pensar, a ser creativos y analíticos. Es hora de educarnos.