Cronología del progreso


MÉXICO GLOBALIZADO Luz María Silva

Cronología del progreso es el nuevo libro de Gabriel Zaid, autor único, original, capaz de manejar gran cantidad de información sin abrumar al lector, sin aburrirlo. Al contrario. Su texto es fluido, agradable, inteligente, retador.

 

Organizado en doce capítulos breves, una cronología del progreso de 68 páginas, una nota bibliográfica, el índice general, el de materias y de nombres, el libro puede ser leído de principio a fin, como invita a hacerlo el interés que despierta, o puede ser abierto en cualquier parte o en una ruta que cada quien quiera, usando la cronología y uno o sus dos índices.

 

Según su costumbre, Zaid comienza por el principio. Progreso, define, "es toda innovación favorable a la vida humana, sea en el mundo físico, biológico o cultural; teórico o práctico; individual o social."

 

En su primer capítulo, El progreso milenario, se remonta hasta Plinio (23-79), el creador del concepto de museo de historia natural, pero antes de llegar a periodo tan lejano, hace un alto en el camino para saludar a un gran educador: a Condorcet, uno de los miembros más ilustres de la Asamblea que, en los años del Terror, quien, condenado a muerte, se escondió, escribió su “Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano” y finalmente fue encontrado por sus perseguidores. "Asombrosamente, el marqués de Condorcet (1743-1794) murió lleno de fe en la Revolución" apunta Zaid.

 

Siendo Zaid un gran autor católico, tiene su encanto que cuente que cuando Napoleón, intrigado por la idea de Laplace de que los planetas son desprendimientos del sol en rotación y no cuerpos eternos, como se pensaba, le preguntó "¿y Dios?" Para escuchar la respuesta: "es una hipótesis innecesaria."

 

"El Progreso es anterior a la mentalidad progresista, el cristianismo y los conocimientos... De muchas cosas se ha dicho que son progreso, y también que no lo son. La noción de progreso implica cuando menos tres: cambio, tiempo, mejor; que también han sido negadas..."  Tras esa afirmación menciona Zaid a los genios de la humanidad que las niegan.

 

Más adelante explica que Aristóteles creía en la generación espontánea, como lo hizo durante al menos dos milenios la humanidad, hasta que Pasteur y su microscopio ganaron el concurso de experimentos organizado por la Academia de Ciencias de París. "Sin embargo, reflexiona el autor, ahora es respetable creer en la abiogénesis: la generación espontánea de moléculas orgánicas, aunque ningún laboratorio ha podido recrear lo que supuestamente sucedió hace 3.5 millones de milenios."

 

Entre reflexiones y narrativa, se entera uno de cosas tan diversas como que Sadi Carnot fundó la termodinámica o que Leibniz se preguntó por qué hay algo en vez de nada. También que la humanidad vivió primero aprovechando la energía de los seres vivos y que hace solo tres milenios que encendió el carbón y por qué sin fuego no hay progreso.

 

¿Alguna vez han pensado qué fue lo primero que se escribió? Fueron cantidades, no palabras afirma Zaid, tras explicar razones. Es curioso leer, ahora que la educación visual pone de moda los pictogramas, que estos datan de hace 40 mil años, que luego se combinaron y mucho después apareció el alfabeto, que cuenta con algo así como 3,800 años, si se toma el egipcio.

 

"Los griegos no inventaron el alfabeto, que tomaron de los fenicios, pero lo mejoraron, (hace unos 2,900 años) con media decena de letras adicionales para representar las vocales (a,e,i,o,u)... Esto aceleró su desarrollo intelectual. No sólo facilitó la creación de la prosa (y el pensamiento) de Heráclito y Platón, sino que inspiró a Leucipo la concepción de la materia reducida a sus elementos mínimos: los átomos: (el alfabeto de la materia)."

 

"Hubo creación literaria antes de la escritura... Para escribir de prisa lo que decía Sócrates, Jenofonte usó un sistema taquigráfico hace 2 400 años...En China, Europa y Japón se inventaron otros. Calen Phillips vendía cursos por correo del suyo en 1728, en Boston.

 

"Pellegrini Turri inventó en 1808 una máquina de escribir al tacto para su amada, que era ciega ... Gutierre Tibón lanza una máquina de escribir portátil en 1932...

 

"Oralmente se pueden memorizar las tablas de multiplicar. Pero pocos razonamientos matemáticos son pensables sin figuras geométricas o representaciones algebraicas..." También en la música sucedió algo parecido con la notación. Los árabes inventaron el solfeo, Guido de Arezzo el antecesor del pentagrama y Bach escribió la ornamentación de sus obras, notas que antes se omitían.

 

"Para orientar a los navegantes y caminantes se inventaron los mapas hace unos 4,300 años; los faros hace 2,500; el astrolabio hace 2,200; la brújula hace 1,000; el sextante hace 300 y el GPS (Global Position System) a fines del siglo XX. Para orientar a los albañiles se inventaron los planos de construcción hace unos 4,000 años."

 

Luego de hablar de señales de humo, indígenas y chinas, de papiros y pergaminos, toca su turno a las bibliotecas, para terminar en el surgimiento del mercado del libro y con una reflexión,  inspirada en Karl Popper: el surgimiento paralelo del público lector y la democracia.

 

En "El fuego del saber" habla de cómo "la cocina creó una conciencia de superioridad sobre los animales, que comen crudo y no saben hacer fuego. En mitos analizados por Claude Lévi-Strauss (Lo crudo y lo cocido), lo crudo es la naturaleza y lo cocido la cultura."

 

"Con El Progreso nace la crítica del progreso. El fuego del saber es una hazaña técnica memorable, pero transgrede el orden cósmico..., afirma nuestro autor. "

 

Luego Zaid analiza el pecado original, de la mano del progreso y la conciencia del mismo, para pasar a la vida del ser humano antes y después de inventar la producción y con ella la acumulación. Su enfoque es históricamente provocativo: consumo alto en sociedades con productividad baja, escasa población y nomadismo, mejora de vida por razones distintas a la acumulación, enfermedades y otros inconvenientes provocados por la vida sedentaria, las maravillas de la conversación y la afirmación de que "el pecado original fue preferir el trabajo al paraíso de la conversación."

 

En el capítulo "De la revolución urbana a la comercial" Zaid analiza cómo la vida sedentaria significó la aparición de cosas, actitudes y comportamientos nunca antes vistos. Tras hablar de Grecia y otros lugares, el autor se detiene en la Edad Media y tranquilamente, como si no rompiera nuestros prejuicios sobre la época, suelta que:

 

 "Los medievales inventaron conceptos básicos para la industria moderna, tales como la estandarización e intercambiabilidad de partes, que introdujo Gutenberg con los tipos móviles de la imprenta. Inventaron los mecanismos de transmisión de potencia que convierten movimientos giratorios en lineales y viceversa: manivelas, tornos, relojes mecánicos, molinos de agua y de viento... Pero la gran originalidad del homo faber medieval no estuvo tanto en los inventos mecánicos, como en la confianza en un futuro mejor..."

 

"La revolución comercial de la Edad Media empieza por el comercio a distancia, terrestre o marítimo, de Venecia y otras ciudades: la importación de especias, sedas y marfiles orientales; la exportación de tejidos de lana y trabajos de hierro, madera y vidrio. Pero el desarrollo del comercio exterior estimula el comercio interior,... Italia se vuelve el centro de una economía global. De San Francisco de Asís, hijo de un próspero mercader, oh ironía, surge la crítica radical a la revolución comercial.. Sus críticas y las de sus seguidores se prolongan por varios siglos y se extienden por el mundo. Zaid llama al santo "laico radical."

 

"La historia como progreso es un mito cristiano que empezó a formarse en el siglo XII y a secularizarse en el XVIII. En la perspectiva de hoy, supone una gran línea cronológica, donde hace 500 000 años empieza el uso del fuego, hace 10 000 la agricultura, hace 200 el buque de vapor, etcétera. No hubo esta concepción antes ni fuera de la cultura occidental."

 

Tras un análisis de etapas y pensadores, llega al "Siglo de las Luces y de la guillotina (piadoso invento que logró apagar la hoguera de la Santa Inquisición), el jacobinismo como religión de Estado... la abolición de la monarquía y la declaración universal de los derechos del hombre, en Francia; más la emancipación política de las colonias inglesas en el Nuevo Mundo, hicieron tanto ruido, que el siglo XVIII ha sido visto como el origen del progreso.

 

“Pero hay que distinguir entre el progreso, la conciencia (laudatoria o crítica) del progreso, la fe en el progreso… y la voluntad de progreso… No todo sucede al mismo tiempo. Lo que empezó en el siglo XVIII fue la ciega voluntad de progreso…

 

“El hecho de que la fe cristiana y la fe en el progreso se hayan nublado paralelamente es un indicio de su afinidad. Progresos los ha habido en todo el planeta, en todas las culturas, en todas las épocas; pero la fe en la historia como progreso empezó con Fiore.

 

“Significativamente, los chinos que tuvieron siglos de ventaja sobre el resto del mundo en una serie de inventos y descubrimientos no les sacaron el partido que les sacó Occidente, ni los aprovecharon para imponer su liderazgo universal. Quizá porque no tuvieron el mito del progreso, hasta que les llegó de Occidente.”

 

“San Pablo fue el fundador de Occidente: un judío que pensaba en griego, estaba orgulloso de ser ciudadano romano y dio a la fe cristiana una apertura metacultural…” y a partir de semejante afirmación, Zaid inicia su análisis de Oriente y Occidente, de “Bagdad a Florencia”, del que forma parte la princesa Sukayna (676-736), ni más ni menos bisnieta de Mahoma, quien “tuvo la audacia feminista de crear un salón literario, mil años antes que en París” y en el que termina hablando del lector “que no lee para hacer carrera, sino por gusto, el autor sin cátedra, el saber fuera de la universidad, la contemplación fuera del monasterio, la religiosidad laica, la tertulia intelectual.” La descripción se ajusta bastante al propio Zaid.

 

El mercado, la sociedad industrial, el capitalismo, la producción, desde la que se hace a escala familiar, hasta la de las empresas gigantes, la pobreza, la desigualdad, la productividad y el progreso moral son cuidadosamente revisados por el autor antes de dar paso a la “Cronología del progreso” propiamente dicha.

 

La “Cronología del progreso inicia con el origen del universo hace 13.8 millones de milenios y termina en el 2015 con el descubrimiento del planeta Kepler, semejante a la Tierra. En las 68 páginas aparecen tanto los primates (hace 200 millones de años) y el origen del pulgar opuesto a los otros dedos (hace 50 millones de años). Los aumentos en la población mundial van dando marco a las diferentes etapas. Comienza con los 10 mil habitantes de hace 64 milenios y termina con los 7,000 millones de 2013.

 

Hay etapas en las que parece haber una explosión de inventos y conocimientos. Por ejemplo, en el 6,000 antes de Cristo se inventaron la cisterna, el espejo de obsidiana, la rueda, las vasijas de barro cocido, el torno del alfarero, la fruta seca y el pan cocido al sol, el vino y el queso, el cayuco y los remos, se produjo sal, se descubrió el oro y se domesticó al burro, al caballo y al dromedario.

 

Ver la Cronología hace tomar conciencia de lo antiguos que son algunos libros, como La divina comedia de Dante (1304), la Imitación de Cristo de Kempis (1418) o La Celestina de Rojas (1495). Es curioso darse cuenta de que Miguel ángel y Leonardo vivieron en un mundo con 450 millones de habitantes, que el piano, el reloj de péndulo, el tenedor tetradente y la biblioteca circulante datan de 1700, que Cri-crí, Cosío Villegas, Russell, Neruda, Gardel, Husserl, Keynes, Picasso, Renoir, Orozco y Dewey andaban muy activos en los años 1930s y que en un mundo con 6,000 millones de habitantes en el 2001 se crean la Wikipedia, el iPod y el iTunes y la aspiradora robot.

 

Un mundo sin mapas de Google es difícil de imaginar y sin embargo son del 2004, año en el que también surgió Facebook. Los iPad, que llenan nuestro paisaje cotidiano, son del 2010.