POBRE MÉXICO, GANÓ TRUMP


MÉXICO GLOBALIZADO Luz María Silva

Ganó Trump. Su triunfo se agrega a la lista de hechos inesperados, junto con el Brexit y el referendum negativo a la paz en Colombia. Tres acontecimientos aparentemente inexplicables, pero ¿lo son tanto?



Los ingleses no gustan de la migración indiscriminada. Los colombianos no fueron consultados por su presidente, quien dejó de lado todo lo que rodeaba a su propuesta de paz, como que los invadidos tenían que renunciar a sus propiedades, por no hablar de lo difícil que es perdonar a quienes mataron y dañaron a los seres queridos sólo porque alguien dice "borrón y cuenta nueva".



Ganó Trump. He visto reacciones de miedo. La devaluación es la más obvia, pero hay muchas. México está triste. Tiene derecho, sin duda, pero me pregunto, junto con mi marido, si el triunfo de Trump significa que se nos cerraron las brillantes oportunidades imaginadas si ganaba la Sra. Clinton, aunque nunca hayamos definido cuáles eran.



Me impresiona constatar que algo pasa con las interpretaciones de los medios de comunicación masiva y de la mayoría de los analistas. De verdad nos desinforman: el triunfo republicano es aplastante. No sólo ganaron la presidencia, sino holgadamente el Congreso. ¿Eso no nos dice algo más allá de hacernos sentir que se nos viene el mundo encima?



Que el orbe está en crisis no cabe la menor duda. Los triunfos de la derecha son cotidianos en la mayoría de los países y aunque no podríamos decir que Hilary es de izquierda, es obvio que Trump representa una raza nueva de empresario-político que se está dando por distintos lados y que obviamente es de derecha.



No me atrevo a llama a Trump nuevo político pues hizo algunos intentos previos y sobre todo a los 70 años es difícil ser nuevo en algo y llegar a la cima del mundo.



El discurso de Trump fue bastante político y conciliador. Sin duda que Carlos Slim tiene razón al afirmar que ni él ni nadie puede poner un impuesto de 35% a todo lo que importa EEUU sin provocar una mega inflación que acabaría con la economía estadounidense y golpearía terriblemente al mundo. Trump es empresario, especulador, bravucón y demagogo, un Homero Simpson sublimado, pero ¿será política y económicamente suicida?



Nuestros medios hacen ruido. Todos lo hacemos. "México sabe gritar" decía Juan Pablo II. A mi más que el triunfo de Trump me preocupa nuestra capacidad para meternos ruido, para atarantarnos y cerrarnos oportunidades, para hacer profecías catastróficas auto cumplidas, para nosotros mismo ponernos limitaciones y trampas.



Mientras todo esto sucede ¿Se dieron cuenta de que ayer Peña inauguró al fin la salida a la carretera de Cuernavaca y que estuvieron con él Miguel ángel Mancera Espinosa (el Dr. MAME) y, mucho más importante, el Ing. Slim?



Tal vez el triunfo de Trump, para ellos previsible, haya obligado a un acercamiento entre Peña Nieto y el empresario. Qué bueno. Es indispensable para salir adelante, para empezar a crear opciones, para analizar los problemas que enfrentamos y ver si además de lamentarnos podemos hacer algo por nosotros mismos. No es sano que el corazón de un país lata al ritmo del corazón del vecino.



La automatización y la falta de educación en la tecnología de información y comunicación (TIC) causan desempleo. La organización económica también. El Estado grande, pesado y paternalista de la sociedad industrial es obsoleto. Se ve por todos lados. Sirvió durante 250 años, pero hoy es disfuncional. Busca crear empleos y tímidamente trata de crear empresarios, a los que llama emprendedores.



Los empleos que ocupa gente que hace trabajo de máquinas desaparecen a pasos agigantados. México le ha apostado siempre a la mano de obra barata y por ello ha descuidado la educación de las mayorías. La gente sale de la preparatoria sin saber leer, no digamos analizar.



Parte de esas personas se van a Estados Unidos. Muchas tienen éxito porque son inteligentes y trabajadoras, pero muchas no porque su formación personal no les permite acceder a los puestos que no desempeñan las máquinas. A ellos son los que quieren echar de regreso para acá y que, de hecho, los han venido enviando desde hace ya varios años. El presidente Obama ha sido implacable y discreto en su operación. La ley contra los ilegales, originalmente llamada Simpson-Rodino, tiene 30 años en vigor. A pesar de ella los ilegales aumentaron durante un tiempo y las remesas se volvieron indispensables para nosotros.



Ganó Trump. Sí, es cierto, pero ¿resistirá nuestra economía nuestros propios embates de aquí a enero, antes de Trump asuma la presidencia? ¿Tendremos de aquí a entonces una recesión auto generada? ¿Seguiremos leyendo, escuchando y viendo que el fin del mundo exclusivo para nosotros se acerca a medida que el calendario pierde sus hojas? ¿Trump es realmente el antiCristo? ¿No podremos hacer el esfuerzo de verlo objetivamente y de exigir a los medios que hagan su labor informativa y dejen de desinformarnos con sus apreciaciones escandalosas y muchas veces infundadas?



Ganó Trump. ¿Qué sigue después? ¿Qué margen de maniobra tenemos? ¿Nada hay que aportar al mundo? Estados Unidos tiene intereses, no amigos. Lo ha dicho siempre. Nosotros, en cambio, quisiéramos tenerlos de amigos, pero ¿Cuáles son los intereses de México? ¿No será el momento de descubrirlos?