IInvitación a ver nuestra historia


México globalizado


Luz María Silva


Teresita Solá me envió el texto que el New York Times publicó a Enrique Krauze. Creo que vale la pena leerlo, tanto por su resumen histórico como porque de alguna manera representa una corriente de opinión a la que siempre le falta el 50%, es decir lo que hacemos los mexicanos para que otros, no sólo EEUU, se aprovechen de nosotros.

 

Titulado "Trump amenaza a un buen vecino" es del 18 de enero. La liga es: http://www.nytimes.com/es/2017/01/18/como-debe-responder-mexico-a-las-amenazas-de-trump/?smid=wa-share-es

 

Decidí comentarlo en mi página de Historia de México en Facebook y enviar el comentario a quienes me hacen el favor de leer mi cada vez más esporádico "México globalizado".

 

Me llamó la atención la omisión de la pérdida de Texas, en 1836, anterior a la guerra de México Estados Unidos que él menciona, y pretexto para la confrontación que nos costó la mitad del territorio, si bien fue un territorio que en su mayoría ni exploramos, ni dominamos.

 

En 1836 México tenía 15 años de haber consumado la independencia, en 1821. EEUU 47 de que Washington había iniciado la primera presidencia del país, en 1789 (uso esas fechas para no meterme en líos de que EEUU declaró la independencia en 1776 y México tal vez en 1810).

 

Para entonces EEUU tenía su séptimo presidente, Andrew Jackson. México tenía al presidente Miguel Barragán, llegado con el año, y en febrero estrenaba su gobierno 18, la presidencia de José Justo Corro.

 

En 1836 México había ya sido imperio, república federalista y centralista. Los estadounidenses se habían ya metido en Texas. La única condición para obtener el permiso era que fueran católicos. Tal vez la cumplieron. Lo cierto es que eran esclavistas sureños y rechazaban a los yanquis del Norte.

 

En México, tardíamente Lucas Alamán advirtió del peligro. Se había preferido dejar que los estadounidenses colonizaran sobre los españoles porque tenían el temor de una reconquista. No era infundado, desde luego. España reconoció nuestra independencia hasta el 28 de diciembre de 1836.

 

Tener 18 gobiernos en 15 años es peor que no tener alguno porque significa una lucha civil encarnizada entre personas de diferente ideología en la que el país importaba poco.

 

En 1833, tres años antes de la guerra de Texas, Valentín Gómez Farías había intentado hacer una reforma para que el gobierno liberal se quedara con los bienes del clero y para acabar con el centralismo. Cuando Stephen F. Austin llegó a la Ciudad de México para pedir que el gobierno mexicano apoyara a los colonos texanos (sureños) contra la penetración de los yanquis del Norte y que separara a Texas de Coahuila, Gómez Farías lo metió a la cárcel.

 

En mayo de 1833, al regresar Antonio López de Santa Anna al poder, sacó a Austin de la prisión, pero lo mantuvo arraigado en la Ciudad de México hasta 1835. ¿Qué tanto influyó ese hecho en que Texas haya declarado su independencia en 1836?

 

Ya con Texas independiente, en 1838, México tuvo otra guerra, esta vez contra los franceses: la guerra de los pasteles. Mientras en EEUU la lucha no declarada, pero sí muy real y en diversos planos librada, entre Norte y Sur seguía adelante y el enorme territorio mexicano, despoblado y descuidado era una gran tentación para ambos bandos, aunque la situación geográfica favoreciera al Sur.

 

En México no vimos jamás si la lucha entre el Sur y Norte podía traducirse en oportunidades para nosotros.

 

En 1845 asumió la presidencia de EE.UU. James Knox Polk, el undécimo presidente. Como Jackson, Polk nació en Carolina del Norte, es decir era sureño. Polk mandó tropas estadounidenses al territorio que estaba entre el río Nueces (frontera oficial de Nueva España establecida en 1819 por el Tratado Adams-Onís) y el río Bravo, que Polk había definido como frontera entre México y Estados Unidos.

 

Como hubo enfrentamiento y soldados muertos de ambos bandos Polk nos declaró la guerra por haber matado ciudadanos estadounidenses en su territorio. El desenlace fue terrible: pérdida del territorio, miseria y muerte, amén de dejar en manos de apaches y otros indios belicosos al norte del país, pues los ejércitos privados que defendían a poblados y haciendas de los indios desaparecieron en la guerra.

 

Claro, simultáneamente los liberales y los conservadores se peleaban por quién debía poseer los bienes de la iglesia, por la forma de gobierno y otros problemas internos que serían muy importantes, pero nadie volteaba a defender el territorio nacional.

 

Dice Krauze: "Había que provocar la guerra para acrecentar la supremacía blanca y la causa esclavista. Al son de “Yankee Doodle” la guerra contra México desató una euforia nacionalista sin precedentes en Estados Unidos." Tal vez, pero también es cierto que Polk delimitó las actuales fronteras de ese país: con México, al ganarnos gran cantidad de territorio, y en la frontera actual con Canadá: en el noroeste de Estados Unidos, al norte de California, ganó para su país los actuales estados de Oregon y Washington que ya en 1819, en el ya mencionado Tratado Adams-Onís, España se vio obligada teóricamente a cederlo a Estados Unidos, aunque Inglaterra tuvo otros planes.

 

Luego dice Krauze: "México asimiló la derrota: apoyó a la Unión en la Guerra de Secesión" Bueno, Juárez y los liberales apoyaron a Lincoln y los del Norte. Los conservadores y Maximiliano a los del Sur, a los confederados. Su derrota en 1865 no ayudó a su imperio, sí el triunfo del Norte a la victoria de la república en 1867.

 

Continúa Krauze diciendo "y desde 1876 abrió las puertas a la inversión estadounidense en ferrocarriles, minas, deuda pública, explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales, servicios públicos, industria, bancos y petróleo. En 1910 la inversión de Estados Unidos en México era mayor que la de todos los otros países en su conjunto."

 

Cierto, el porfiriato abrió el país a la inversión extranjera: los ingleses y españoles, que ya invertían, trajeron más capitales. Los franceses vinieron a pedir perdón por el asunto de Maximiliano, trajeron bancos y continuaron desarrollando sus tiendas y demás negocios y también vinieron alemanes, suizos, etcétera. Efectivamente en 1910 nuestros vecinos eran los que tenían la mayor parte de la inversión extranjera.

 

Tras hablar de Madero, Krauze afirma: "en 1917 cuando en el Telegrama Zimmermann, Alemania le propuso a México una alianza contra Estados Unidos con la promesa de devolverle los territorios perdidos en 1847, el presidente Venustiano Carranza se negó." Claro que se negó: los ingleses descifraron el telegrama y Carranza, con gran sentido político, negoció su apoyo a los estadounidenses.

 

Luego sigue la época de "vecinos distantes", dice Krauze. "Esta etapa culminó en 1994, cuando nos volvimos vecinos cercanos, socios y hasta amigos." Cierto, desgraciadamente. Nunca he entendido la cuestión de la amistad y cómo se define la amistad entre dos países. No son personas, no sé por qué hay que ser amigos, menos aún sin que cada quien defina sus propios intereses y ambos sepan cuáles son los intereses de cada quien.

 

En 1994 Salinas entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hoy en entredicho. Dos años antes logró que EEUU firmara y Canadá, que había tenido un tratado con EEUU desde 1988, se incorporara. Canadá había insistido en hacerlo para arreglar los errores cometidos, como por ejemplo que no habían asumido lo que significa negociar con un país federal en el que sí funciona la federación. Vinieron a decirnos eso y muchas otras cosas. No me atrevo a decir que no les hicimos el mínimo caso, pero casi.

 

El error del 94, cometido por el presidente Zedillo, le costó a México la banca, mal reprivatizada por Salinas, y algo fundamental que hoy nos va a hacer una gran falta: las cadenas productivas. Ese sexenio las desarmó todas. El corazón de la economía mexicana comenzó a latir al ritmo de la estadounidense desde entonces.

 

Hoy sigue ese latido y por ello, con o sin tratado, habrá que fijarse cómo late.

 

Trump simplificará y bajará los impuestos para impulsar al sector productivo y va a soltar el gasto público para estimular el crecimiento con obras de infraestructura. Que son medidas inflacionarias que lo llevarán a aumentar su endeudamiento ya se sabe, pero ¿suponen alguna oportunidad para México? ¿algún impacto negativo?

 

Nosotros, al comprar bonos del Tesoro, somos acreedores de EEUU ¿Cómo nos impactará esa nueva política? Finalmente, en pocas palabras me gustaría saber algo que no tengo claro: ¿Cuáles son los intereses de México? ¿Qué planteamientos hay que nos unan y que nos hagan perseguir esos intereses, luchar por ellos y conseguirlos?

 

A mi Trump me cae mal por sus decires y haceres, pero creo que dedicarnos a hablar mal de él y de su país sólo calienta la sangre y nubla el entendimiento. Necesitamos conservar la calma, negociar, ver oportunidades, no sólo el cierre de éstas y el pasado que ya pasó.

 

No somos víctimas inocentes, lo somos por no mirar hacia nosotros, por no situarnos, por estarnos siempre peleando y conservando elementos que no favorecen nuestro crecimiento, como sucede con la desigualdad social. Nos independizarnos para "salvarnos" la constitución de Cádiz y sus ideas igualitarias y ha sido una realidad que hemos conservado por encima de todo, a través de nuestra historia.

 

Hago votos porque seamos capaces de convertir a Trump en una gran oportunidad para México, porque seamos capaces de enfrentar de manera constructiva las dificultades y los retos que nos plantea. Hago votos para que dejemos de llenarnos de resentimientos contra EE UU, para que podamos analizar fríamente las cosas y ver qué es lo que nos conviene hacer, en forma realista, entre lo que hay. Como bien dice en ingeniero regiomontano Humberto J. Garza: “si no hay oportunidades hay que crearlas” ¿Querremos hacerlo?