MÉXICO KAFKIANO


México globalizado


Luz María Silva

 

De verdad que quienes dicen que si Kafka fuera mexicano sería costumbrista, se quedan chiquitos. Tengo mucho trabajo, pero en vez de hacerlo les escribo para tomarme un descanso mental, después he perdido las últimas horas tratando de salir adelante de la mancuerna terrorífica que seguramente sin querer han hecho Citibanamex y Telmex.

 

Absurda y ecológicamente se me ocurrió inscribirme en el programa de recibo sin papel en Telmex. Funcionó bien un tiempo, pero hoy… Uff… Ingenuamente entré a hacer mi pago y ¡sorpresa! el banco lo rechazó. Como suele tener problemas con sus sistemas, decidí usar la tarjeta de otro banco, que también rechazó.

 

Entonces, hablé a Telmex porque no tengo recibo en papel. Hablé para preguntar si la página sirve y cómo se hace para pagar sin recibo. Me enteré de ahora la página sólo sirve con Explorer. Sí el explorador que la ya Microsoft dejó de actualizar. “En el año 2015 se anunció que a partir de Windows 10 se sustituye por Microsoft Edge,” informa el cuadrito que sale del lado derecho de la pantalla cuando uno usa Google para buscarlo.

 

No sé por qué Telmex haya decidido usarlo de forma exclusiva, si tal cosa es cierta. De hecho, ignoro por qué a muchas instituciones que trabajan en México, públicas y privadas, les encanta. Increíble, pero ya hasta el SAT solucionó el problema y (lo digo quedito no me vayan a oír y deje de funcionar) ahora su página funciona bien con cualquier explorador.

 

Bueno, el caso es que en la llamada a Telmex una persona muy amable me sugirió que cambiara de navegador, para que pudiera pagar y ella entró a la página desde su computadora. Acto seguido me dijo “estoy en Explorer y el servicio funciona perfecto.” Me recordó hace muchos años, cuando trabajé en Compuserve y los clientes se quejaban de que los banners de publicidad alentaban el servicio. Cuando le dije a los directores me contestaron que era mentira, que sus máquinas trabajaban muy rápido. Jajaja. No tenían los baners ¿Resultado? Compuserve dominó Internet en los años 80. Hoy es propiedad de AOL, que adquirió el nombre, y es parte de la historia especializada. Estoy segura de que ustedes no han oído de la marca desde hace muchos años o inclusive jamás la escucharon.

 

Bueno, mis experiencias kafkianas no terminaron ahí. Habló una computadora de Citibanamex para preguntar si la operación de intento de pago era correcta. Como me dio la información correcta, la aprobé. ¿Resultado? No sé si pagué o me cortarán el teléfono. La página de Telmex no funciona y Citibanamex no ha reportado el cargo.

 

Desde luego, aún no acaba la cosa. Se me ocurrió hablar a Citibanamex, pero el teléfono de emergencia ahora está integrado al servicio normal, de banca por teléfono. Para usarlo hay que tener un número secreto nuevo porque el antiguo ya no funciona. Tras hacer todo lo que pidió la computadora, me indicó que vaya a la sucursal más cercana ¿Para qué harán que uno haga todo lo que le piden, si no le van a dar nada por ese medio?

 

Decidí, por último, entrar a la página de Citibanamex y ponerme en contacto a través de ella con la institución. Curiosamente, sólo los clientes tienen acceso –teórico- al contacto vía mensaje en la página, pero pregunta si es uno o no cliente.

 

En realidad, nadie puede tener contacto. Tras hacerle llenar al cliente una serie de datos, registra que la página está en ¡gallego! El español es el único idioma desconectado y como no se puede poner la opción correcta, el mensaje no se puede enviar y, claro, la empresa sigue diciendo que su servicio es excelente.

 

Esos fueron los ejemplos kafkianos del día de hoy. El del lunes también tuvo lo suyo: Superama que supuestamente tarda dos horas en surtir un pedido, lo surtió en seis. Pedí en lunes pensando que podría ser más fácil que en domingo, cuando se demoró cinco. No ¿Lo mejor del caso? El repartidor no supo cómo se imprime el voucher, pero sí cómo se carga en el banco, así que…

 

El universo kafkiano sin duda es a nivel nacional. El lunes, 13 de marzo, Nuño anunció una “profunda transformación del sistema educativo”, esto es la verdadera reforma educativa, término que no pueden usar porque el gobierno lo desgastó en sus problemas laborales.

 

En esa transformación anuncia la digitalización del país. El “Modelo Educativo para la Educación Obligatoria” contempla el uso de computadoras, que los alumnos aprendan a pensar ordenadamente, que aprendan a aprender y otras maravillas. Ojalá. Eso nos ayudaría a insertarnos en el camino del desarrollo. Estamos bastante atrasados porque mientras los proveedores del servicio y el gobierno se pelean por cosas como la banda ancha, el mundo progresa. Repetimos el error del siglo XIX: por los pleitos internos (guerras civiles) el ferrocarril llegó a México con 60 años de retraso.

 

¿De verdad funcionará el “Modelo Educativo para la Educación Obligatoria”? Sería maravilloso porque nuestros niños y jóvenes tendrían muchas oportunidades, dado lo creativos e inteligentes que son. Sin embargo, me temo que la burocracia digital se reproduzca a niveles desconocidos. En estos dos días he recibo varios mails que me invitan a certificar mis competencias digitales y eso que el Modelo aún no está en funciones...

 

Ahora bien, si queremos cambiar el destino, podemos hacerlo. Sólo es cosa de tomar las cosas en serio, de organizar los procesos como Dios manda, de hacer cosas tan sencillas como un diagrama de flujo para darnos cuenta de qué pasos integran un proceso y cuáles no, de hacer cuentas de cuánto cuesta a nivel nacional, institucional y personal trabajar mal, de aceptar que en la sociedad del conocimiento, de verdad hay que saber hacer las cosas, no sólo ofrecer los servicios. En pocas palabras, es tiempo de aceptar que NO SON sinónimos la eficacia o “capacidad para producir el efecto deseado o de ir bien para determinada cosa” y eficiencia “cuando se utilizan menos recursos para lograr un mismo objetivo” sin saber si esos recursos son o no los adecuados, ni atender el proceso para alcanzar dicho objetivo.

 

También, si no es mucho pedir, sería excelente que los miembros de las distintas élites se tomen el trabajo de ver personalmente qué tanto funcionan las cosas en sus distintas instituciones y si no funcionan, es hora de hacer que sí lo hagan tomando cartas en el asunto.