De los sismos y la comunidad ITAM


México globalizado Luz María Silva

El jueves 28 de septiembre fue un día importante en el ITAM. La junta de facultad fue dedicada a compartir las experiencias del sismo del pasado 19, a revisar lo que aprendimos y lo que nos falta.

Una parte de la relativamente corta sesión se la llevó el Consejo de Alumnos. Nos dieron un brevísimo y sustancioso informe de sus actividades, desde que iniciaron en el Delhi, un restaurante de enfrente, mientras el ITAM checaba hasta el último milímetro de sus instalaciones, para que pudieran entrar, hasta el domingo, que levantaron el Centro.Terminaron explicándonos cómo funcionó su call center y cómo organizaron brigadas para entregar ayuda donde había que llevarla, sin desperdicio ni saqueo. Wow. De verdad que tienen los dos hemisferios funcionando y en su lugar.

Qué orgullo. Consiguieron todo lo que se necesitó y lo mandaron a donde se necesitó, con un representante en cada auto y en cada camión que salió del ITAM rumbo a donde tenía que llevarse, en especial a las comunidades de Morelos.

Hicieron una cosa que es la primera vez que escucho que alguien hizo: se pintaron en su brazo su nombre y teléfono. Hasta ese detalle habla de la calidad de su organizada mente y de su gran corazón.

Los restauranteros y Chente, el de "la tienda de Chente", se encargaron de que no les faltaran alimentos y bebidas para su consumo y todos, Jovita la de los tacos incluida, recibieron su reconocimiento público.

Nos explicaron cómo se organizaron, cómo y dónde ubicaron cada cosa y cómo las protegieron en las instalaciones de la institución, mientras las entregaban. Nada queda ya de lo recibido. 

Tras la junta, fuimos a una ceremonia luctuosa organizada en el patio del ITAM, con banda de policía incluida. Tuvo su parte muy emotiva y su parte racional, pues estoy hablando del ITAM. Alejandro Hernández, el vicerrector, dijo un discurso sensacional. Hubo otro discurso, que es el que quiero compartirles, pronunciado por Juan Pablo Pietrini Sánchez, el presidente del Consejo de Alumnos:


"Para nosotros, los afortunados, la vida continúa; pero eso no quiere decir que tengamos o debamos de regresar a la normalidad.

"El pasado lunes tuve la oportunidad de ir al homenaje de 5 estudiantes del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México que perdieron la vida en el temblor del 19 de septiembre. Al final de la ceremonia, se leyó un poema que una estudiante que había sido rescatada de los escombros y afortunadamente se encontraba recuperándose quería compartir con su comunidad. Creo que nuestra comunidad también lo debe escuchar y por eso lo tomo para decírselos:


'Si sólo la desgracia te sensibiliza,
entonces será la desgracia tu Maestro.
Si sólo ante la carencia pones fin a la arrogancia,
entonces será la carencia tu Maestro.
Si sólo la enfermedad detiene una vida de abusos,
entonces será la enfermedad tu Maestro.
Si sólo ante una tragedia te solidarizas,
entonces será la tragedia tu Maestro.
Y cuando seas sensible, humilde, sencillo y solidario
sin necesidad de experimentar
la desgracia, la carencia, la enfermedad y la tragedia,
entonces tú serás El Maestro.'


"De parte de la comunidad estudiantil del ITAM refrendamos toda nuestra solidaridad a la comunidad del Tecnológico de Monterrey. La comunidad universitaria debe estar más unida que nunca. Asimismo enérgicamente refrendamos nuestra solidaridad a todos los Estados del país afectados. Seguimos y seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestras manos para apoyarlos en esta dolorosa situación.

Me gustaría poder agradecer a todos por lo mucho que han hecho. Personas de todas las áreas imaginables de la comunidad ITAM pusieron toda su fuerza y corazón para poder ayudar estos días. Creo que es imposible resaltar esfuerzos individuales, ya que nunca acabaríamos de reconocerlos, mucho menos en justa medida, y sobre todo porque muchísimos fueron esfuerzos invisibles que no se publicaron, esfuerzos que no se ven pero que existen y que son gigantescos.

"Nadie ayudó buscando un premio o protagonismo. Todos aspiraron a ser héroes anónimos, protagonistas desconocidos, campeones sin medallas. Quizás la mayor y mejor forma de gratitud que cada uno de nosotros pueda recibir es que en su conciencia esté seguro que hizo todo lo que estaba en sus manos cuando se le necesitaba y que como generación estuvimos a la altura de la Historia.

"Pudimos todos vivir algo inimaginable. Algo que nos había dicho era imposible. Vimos cómo se inundaron las calles de ayuda. Cómo voluntarios salieron a dar todo sin necesitar saber a dónde, cómo o para quién era la ayuda. Vimos a toda la población unida en cadenas humanas levantando cajas y escombros. Codo a codo. No nos importó quién era el de al lado; de quién era hijo, hermano, primo, amigo o enemigo. No nos importó si era rico o pobre, si tenía cuántos títulos o años, su puesto de trabajo o su sueldo. Nos olvidamos de todas esas etiquetas que nos ponemos para discriminarnos y que resultaron tan inútiles y estorbosas para resolver un problema real. Lo único que nos distinguía es que sabíamos que nosotros estábamos bien y muchas personas no. Y eso fue suficiente para arriesgar hasta la vida para ayudar a esos desconocidos. Pudimos entender que nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto.

"Nos dimos cuenta que el heroísmo no cabe en un modelo de elección racional y lo extremadamente lógico y cierto que es que las personas estemos dispuestas a sacrificar nuestro bienestar para que alguien más pueda estar mejor. Ese sentimiento fue como un parpadeo que duró días y que es nuestra responsabilidad mantenerlo vivo semanas, meses, años, vidas y generaciones. Porque es un espíritu que nos da esperanza. Saber que hay algo intrínsecamente bueno y noble en cada uno de nosotros nos devuelve la fe en nosotros mismos y en que las cosas sí pueden cambiar.

"Para nosotros los afortunados la vida continúa, pero eso no quiere decir que tengamos o debamos regresar a la normalidad. Esto que hemos vivido tiene que marcarnos y cambiarnos. Porque así como existen esfuerzos que no se ven hay dolores que no se escuchan. Y es nuestra responsabilidad salir con el mismo coraje, determinación y solidaridad a luchar por resolverlos. Ya tomamos las calles, no hay que soltarlas.

"Fuerza ITAM

"Fuerza México"