DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD


México globalizado

DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD

 

                                                              Luz María Silva

 

DMD, Por el Derecho a Morir con Dignidad, A. C., convocó al Primer Coloquio Internacional, a un día de reflexión sobre la vida y la muerte. La Fundación DMD México está auspiciada por la Fundación Espinosa Rugarcía (ESRU) y presidida por la Dra. Amparo Espinosa Rugarcía.

 

El Coloquio fue el jueves 31 de octubre de 11:30 a 17:30 en el Hotel Marquis Reforma. Se invitó a quien quisiera ir, con el requisito de un registro previo. No se omitió detalle para que los asistentes estuviéramos cómodos. Así, el Coloquio fue de primera, al igual que el servicio, la comida, que fue una ofrenda a la vida, y los regalos: libros, blog de notas, pluma, y, con su cempasúchil pintado, morral y camiseta.

 

De acuerdo con las fechas, una hermosa ofrenda fue el telón de fondo, en todas las mesas y en la entrada, hubo arreglos con las flores de muerto: cempasúchil, nube blanca y nube rosa, terciopelo, claveles y crisantemos. Cada asistente encontró en su lugar agua, café y un pan de muerto individual. Los ponentes recibieron de regalo un hermoso y pequeño árbol de la vida de metal plateado.

 

El objetivo del Coloquio Internacional, como la misión de DMD, “es promover un diálogo abierto y constructivo entre los mexicanos sobre la eutanasia y la muerte médicamente asistida, con el fin de plantear, si fuera considerado conveniente, los cambios legales necesarios para regular ambas prácticas.”

 

El programa consistió en dos paneles, sus respectivas sesiones de preguntas y respuestas, así como su mesa de conclusiones. Los paneles fueron:

1. Experiencia en Holanda y en Estados Unidos

2. Experiencia en España y Colombia

 

Cuando se habló de EE.UU., se incluyó el tema de la perspectiva del catolicismo en el Derecho a Morir con Dignidad. Cuando el tema fue Colombia se hizo referencia a que es el único país latinoamericano que legalmente permite DMD. Se habló de Uruguay –bastante permisivo- y de México, que va lento en esos aspectos, porque siguen prohibidos la eutanasia y el suicidio asistido. Se explicó que los cambios legales que se han dado, se resumen en tres aspectos:

 

1. Reconocer la decisión de un enfermo a no recibir tratamientos que le prolonguen la vida innecesariamente.

 

2. Dar certidumbre al médico de que no tendrá consecuencias penales el que no impida la muerte de su paciente.

 

3. Establecer la obligatoriedad de brindar cuidados paliativos a los pacientes en situación terminal. Estos cuidados incluyen la sedación, incluso profunda y continua, hasta que llegue la muerte si no hay otra manera de evitar el sufrimiento.

 

En México, la muerte no es tema. En las escuelas de medicina se habla poco de ella, los médicos y profesionales de la salud evitan específicamente mencionarla, al igual que las escuelas psicoanalíticas –salvo la lacaniana- y las familias. Incluso en los recientes sismos e inundaciones, muerte fue sólo una palabra seguida de una cifra estadística. El envejecimiento y la muerte son dos materias ausentes del curriculum académico de la mayoría de las universidades, aunque cada día crezca el número de ancianos y la esperanza de vida. Todos solemos vivir como si fuéramos inmortales.

 

¿Quién reflexiona sobre su propia muerte en día de muertos? Uno recuerda a sus seres queridos y ya. Para nosotros una cosa son las “fiestas” de muertos, que nos encantan, y otra es ver a la muerte como un asunto personal. 46% de los mexicanos entrevistados, dice la Encuesta Nacional “Sobre muerte digna”, levantada por DMD en 2016, casi nunca piensan en su propia muerte y 45% contestó que no ha hablado de su propia muerte con nadie.

 

El Coloquio fue una oportunidad para pensar tranquilamente sobre las opciones de la muerte propia y de la de los seres queridos. Organizado con gran inteligencia, nadie salió deprimido. La Dra. Espinosa Rugarcía dio la bienvenida a los asistentes y clausuró el Coloquio. Los moderadores fueron los Mtros. Jesús Silva Herzog Márquez y Bernardo Barranco. Los ponentes fueron expertos nacionales e internacionales. Hubo traducción simultánea español-inglés e inglés-español.

 

Se habló de la eutanasia y el suicidio asistido como un límite al sufrimiento, como la respuesta a la pregunta que las familias no se atreven a formular cuando alguien está en etapa terminal. ¿Qué es lo mejor para todos? ¿Qué queremos al final de la vida para nosotros? La muerte es parte de la vida. Por eso, debemos considerar las opciones para morir con dignidad, si no fallecemos repentinamente o por accidente.

 

Los pensamientos y experiencias expuestas por los ponentes fueron muy ricos. Ideas como que desde la muerte tocamos vida y libertad, o del despotismo del temor a la muerte, dejaron un reto de reflexión a los asistentes.

 

Tras explicar lo que sucede en los países seleccionados que permiten la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, la Dra. Espinosa Rugarcía, el Mtro. Silva Herzog Márquez y varios ponentes, se enfocaron especialmente a la situación en México.

 

Así, supimos que “DMD surge en respuesta al sufrimiento de cientos de miles de personas en este país que enfrentan el proceso final de sus vidas con dolores inconmensurables y sin el apoyo de profesionales de la salud con formación en cuidados paliativos o especialistas que atiendan sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales; con desconocimiento de las opciones legales a las que hoy tienen derecho para tener una mejor muerte y sin contar, cuando estos recursos ya no pueden aliviar su sufrimiento, con alternativas más radicales para aliviarlo, como la eutanasia y la muerte médicamente asistida, ya que, en la actualidad, están penadas por la ley.”

 

En nuestro país, aunque hay avances, la mayoría de las instituciones de salud están poco preparadas para la atención al enfermo sufriente o terminal; falta un desarrollo generalizado de los cuidados paliativos. Es aún común que cuando un enfermo ingresa a un hospital, sea público o privado, éste deje que los médicos decidan por él, sin ni siquiera consultarlo. Ellos suelen echar mano de los crecientes recursos que tienen para prolongarle la vida sin considerar sus sufrimientos, ni si tiene o no posibilidad de recuperación. Tampoco la cuestión económica propia y la familiar. ¿Quién no conoce casos de intentos desesperados, desde el principio inútiles, que cuestan todos los ahorros de la familia?

 

Entre los avances que ha tenido México se mencionó que es posible, al ingresar al hospital, firmar un documento de Voluntad Anticipada, de cómo queremos que nos traten si en la operación o tratamiento perdemos nuestras facultades. También hay algunos comités de bioética que, a la luz de los principios de autonomía del paciente, ayudan a plantear y resolver los dilemas éticos a los que se enfrentan el enfermo terminal y sus familias.

 

La “Encuesta Nacional Sobre Muerte Digna” muestra que la población urbana es más inclinada a decidir sobre su propia muerte que la rural. Aunque es evidente de qué lado está DMD, en los resultados incluyeron las opiniones más significativas de los encuestados, a favor o en contra. Reproduzco textualmente algunas:

 

I. ¿SE DEBERíA TENER LA OPCIóN DE DECIDIR ADELANTAR LA MUERTE?

 

El que está sufriendo es él. Se me haría ilógico que alguien más decidiera sobre ese tema.

El sufrimiento te robustece, te purifica, te da temple y tienes que saber enfrentar el dolor porque es parte natural de nuestra vida.

 

II. ACUERDO CON QUE EL MéDICO PROPORCIONE SUSTANCIAS LETALES QUE EL PACIENTE TOMARíA POR Sí MISMO

 

Si el paciente lo pudiera hacer por él mismo, que tenga una muerte asistida me parece correcto.

Es como tú sentirte más allá del Dios supremo. Yo soy católica y pienso que la vida me la da Dios y me la quita él. Yo lo considero como un suicidio, aunque esté en fase terminal.

 

III. ACUERDO CON QUE EL MéDICO APLIQUE DIRECTAMENTE UNA DOSIS LETAL DE MEDICAMENTOS

 

Pues que no les duela. Que se duerman y ya.

No creo que sea ético pedírselo a alguien que hizo un voto de procurar la vida. No está tan padre pedirle a alguien que se contradiga en ese sentido, que te mate.

 

IV. ACUERDO CON QUE EL MéDICO SIGA INDICACIONES DE LOS FAMILIARES SI EL PACIENTE ESTá INCONSCIENTE

 

Ya no va a tener calidad de vida, ya no tiene ningún sentido, pues ya no hay nada más qué hacer.

Una persona conocida estaba en coma y salió del coma y volvió a caminar y decía que oía todo. Y en su interior decía que no lo fueran a desconectar.

 

V. OPINIóN SOBRE SI EN LO PERSONAL LE GUSTARíA TENER LA OPCIóN DE DECIDIR ADELANTAR LA MUERTE.

 

Yo sí estoy a favor, principalmente para evitar el sufrimiento propio y en segundo término el de la familia.

Yo soy una persona que lucho mucho a pesar de las adversidades. Yo seguiría haciendo la lucha.

 

VI. EN CASO DE TOMAR LA DECISIóN DE ADELANTAR SU MUERTE ¿QUé OPCIóN ELEGIRíA? (aplicación del médico o que lo tome el paciente directamente)

 

Más vale el doctor que sabe cómo y tú te duermes y se acabó.

No aplica.

 

 

V. OPINIóN SOBRE CAMBIAR LA LEY

 

Si quisiera bien morir, pues no quisiera que nadie se metiera en un problema por tomar esa decisión y por eso estoy de acuerdo en que se legalice.

Yo creo que al legalizar ese tipo de cosas, siempre hay abuso y no hay la madurez en la sociedad. Sobre todo en un país como el nuestro, subdesarrollado y tan oportunista. Creo que se puede prestar a cosas horribles.