CHISPAZOS DE HISTORIA RECIENTE (I)


El sábado 13 de noviembre tuve la suerte de asistir a la reunión semestral de Valores Compartidos, grupo formado por jubilados y ex altos funcionarios de Banamex. Fue un placer encontrar a los amigos. Como siempre, sucedió el milagro: después del saludo, las cosas se acomodaron, el tiempo desapareció y revivimos sentimientos, formas de hablar, chistes y sobre entendidos, como sucedía cuando nos veíamos a diario.

Viendo las cosas a la distancia, viendo lo que sucede hoy en día en nuestro país, la ocasión me invita a reflexionar sobre el México en el que he vivido, parte del cual compartí con ellos. Desde luego, soy la única responsable de todas las opiniones que exprese aquí y en los artículos subsiguientes. Por ello, escribo en primera persona.

Estuve en Banamex de 1966 a 1986. Veinte años. Entré a Estudios Económicos, luego estuve en Automatización, donde usé computadoras de tercera generación, esos grandes refrigeradores que salen en las películas antiguas, con cintas que dan vueltas lentamente, mismas que, lo aprendí pronto, no eran el último grito de la moda. Después, me fui a Investigación Ambiental y posteriormente fui cofundadora del Departamento de Estudios Sociales, donde tuve un mirador privilegiado y el reto de demostrarle a los banqueros que la Sociología sí sirve.

Entre 1966 y 1969 viví en lo que podríamos decir era el Banco tradicional. Dirigido por Agustín Legorreta López Guerrero, don “Tintino”, era una institución muy formal, donde estaba prohibido que las mujeres usáramos minifalda y los hombre barbas. En pleno esplendor del movimiento hippie, teníamos que ir bien vestidos. Hubo un memorando de la Dirección pidiéndonos que así fuera. Causó indignación a los jóvenes y entre algunas personas ya mayores. Recuerdo que se decía que don Pierre Moxhet, director de Crédito Bursátil, la financiera del Banco, comentaba: “cuando me contrataron me pidieron que me dejara crecer la barba. Ya para jubilarme, me piden que me la corte...”

También dio lugar a algunas historias, que ignoro si en realidad sucedieron como aquella de que don Tintino le dio dinero a su office boy para que fuera a la peluquería y se cortara lo que él consideraba una melena. Historias más o menos, lo cierto es que quebraron peluquerías y barberías. Unas fueron desplazadas por las estéticas y otras desaparecieron sin más.

El horario era de 9 a 6 de lunes a viernes y de 9 a 1 los sábados. Estudiaba en CU, entonces el único campus universitario de la UNAM, a donde podía llegar con tranquilidad en autobús desde el centro, que aún no se llamaba histórico. Tampoco existía el Metro y los autobuses, llamados camiones, habían cambiado sus colores distintivos, por uno crema, uniforme, con una banda del color original. Como cualquier estudiante, tenía permiso de salir temprano y llegar a clases. Mi camión salía de las calles de Uruguay y se iba hasta San ángel y CU. Su banda era azul y la media hora que hacía la aprovechaba para leer o hacer la tarea, según se necesitara. Había carteristas, como siempre, pero en términos generales podía uno descuidar sus cosas sin temor a perderlas.

Entré a Estudios Económicos por la sencilla razón de que Jesús Pérez Pavón, mi tío, era uno de los tres Directores de Banamex. Necesitaba trabajar, así que le dije que me metiera al Banco. Me dijo que sí, si pasaba los exámenes. Los presenté, aprobé y me preguntó dónde quería estar. Le dije y me envió. Pronto descubrí que ese señor amable, bromista y cariñoso que estaba acostumbrada a ver, era un hombre poderoso y temido. No sabía lo que había pedido: las mujeres sólo eran cajeras, telefonistas y secretarias, así que mi presencia en el feudo masculino que era el Departamento, les hizo corto circuito a mis compañeros, varios de los cuales son hoy entrañables amigos.

El Banco estaba a la vanguardia tecnológica del país. El año anterior, 1965, había comprado su primera computadora, una GE 415, y empezaba a automatizar cheques, ahorros y otros sistemas. En escasos dos años sacaría Bancomático, la primera tarjeta de crédito del país, instrumento que sólo daría a quienes pudieran pagarlas. El manejo disciplinado del crédito es una asignatura que hoy tenemos pendiente y que nos puede llevar a problemas tan serios como los que ya hemos tenido. Aunque nos empeñemos en negarlo, aún sigue vigente la empolvada ley de que quien gasta más de lo que gana, quiebra. Ahora no existen las cuentas de ahorro, que entonces se estimulaban mucho.

En 1966, Simon & Garfunkel's dio a conocer "Sounds of Silence”, la película del año fue Blowup, la conquista espacial, la guerra de Vietnam y las luchas pro integración racial encabezadas por Luther King Jr. compartían la atención de todos. Los Beatles estaban en la cima y la influencia oriental se hacía presente en su música. Aunque se iniciaban los estudios para definir los efectos nocivos del tabaco, aún era bien visto fumar, así que me pareció muy natural pedir un cenicero en cuanto me asignaron un escritorio. Casi se desmayan: los hombres fumaban en la oficina y las mujeres en el baño.

Johnson era el Presidente de EUA, Brezhnev encabezaba la URSS, De Gaulle Francia y Díaz Ordaz México. Paulo VI era el Papa. Mi primera tarea, asignada por Pablo Aveleyra, el subgerente que en realidad manejaba el Departamento, fue escribir un artículo sobre la reforma agraria para la revista “Examen de la situación económica de México”, iniciada en 1925, poco tiempo antes de que surgiera el Banco de México.

Pablo, a quien entonces llamaba licenciado Aveleyra, era un jefe duro y exigente. Escribí las cuartillas y esperé el veredicto. Me llamó y me enseñó el texto, lleno de marcas coloradas. Como aún no existían los plumones, usaba un bicolor al que sólo sacaba punta del lado rojo. Me dijo muy serio: “¿Qué no sabe que en español no puede haber tanta repetición?” Acto seguido, tomó las hojas y las echó por encima del escritorio al mismo tiempo que decía “¿Cómo se le ocurre que el Banco puede decir que la reforma agraria no sirve? Tome su trabajo y vuélvalo a hacer. ” Fue mi primera lección de redacción. Empecé a tomar conciencia de que en México hay dos posiciones irreconciliables que con frecuencia estorban el desarrollo de nuestro país, como sucede hoy. Entonces los enfrentamientos eran mucho más tranquilos... (Continuará)