REVOLUCIÓN ENERGÉTICA EN EL PANORAMA


El petróleo es un producto estratégico para México. De él cuelgan nuestro presente y parte del futuro. Estamos en el negocio petrolero, al que entramos a principios del siglo pasado, en el Porfiriato, en el que tuvimos un serio tropiezo en los años veinte, del que nos salimos en los treinta, y al que regresamos a finales de los setenta. Desde entonces, permanecemos en él, sin ver que es tiempo de entrar al negocio de la energía, que es diferente al negocio del petróleo, aunque aún lo comprenda.

Intuyo que el mundo desarrollado está a punto de sorprendernos en materia de energía. Me encantaría saber los tiempos y costos de la transición y su impacto en nuestro país. También quisiera saber si podemos hacer algo para aprovechar las oportunidades que los cambios en materia de energéticos traigan aparejados, que la revolución energética nos sirva para desarrollarnos, que no nos aplaste. Dicen que los mexicanos miramos sólo al pasado. Quizá, aunque ignoramos nuestra historia y sus enseñanzas. Una es que las tendencias mundiales son inapelables. No son cuestión de gusto, ni de opiniones o buenos deseos. Tampoco de presión política internacional. Por ejemplo, México perdió las riquezas del henequén cuando el automóvil desplazó al caballo; las de la plata cuando se acabó el bimetalismo y está en vísperas de ver reducido considerablemente el valor de su petróleo, hoy tan elevado.

La historia reciente muestra que el precio del petróleo alto, hace costeable la investigación para reducir su consumo. últimamente está por las nubes: el barril de petróleo WTi y el Brent por encima de los 50 dólares y la mezcla mexicana a más de 41. En este contexto, me llama la atención que Japón hayan comprado 20% menos hidrocarburo que el año pasado. Es la segunda economía más grande del mundo y consume el 50% de la energía solar que se produce. Los japoneses tienden a usar cada vez más energéticos limpios y renovables, de los cuales disponen, como la energía solar, la eólica y la hidráulica, en vez del petróleo, del que carecen, y cuyo traslado es problemático y caro.

El tema de los energéticos es esencial para el devenir de México. Tomar decisiones inadecuadas, es muy costoso. Ejemplifico y aprovecho la oportunidad para rendir homenaje póstumo al recientemente fallecido Mario Ramón Beteta. Como Secretario de Hacienda tuvo que devaluar por órdenes de Echeverría, el Presidente que trasladó a Los Pinos la política hacendaria y cuyas preocupaciones por alcanzar el liderazgo del entonces cada vez más importante Tercer Mundo, le impidieron ver que el aumento del precio del petróleo había terminado con la llamada “época de oro”, basada en el dólar estable y en el energético barato. En 1976, México no exportaba petróleo y en cambio importaba la gasolina a precios cada vez más elevados. Acabar con la paridad de 12.50 en agosto de ese año, frustró la posibilidad de Beteta para seguir frente a la Secretaría de Hacienda, lo que, sin embargo, no empañó su profundo y genuino nacionalismo. Acuarelista como su padre, dejó hermoso testimonio de su amor por nuestro país.

El sucesor de Echeverría, López Portillo, encontró oro negro en la sonda de Campeche, lo que nos abrió la posibilidad de formar parte del primer mundo. La desaprovechamos. El Sr. Presidente tenía una mentalidad típicamente “clase mediera:” entre más ingresos, más gasto. Incapaz de imaginar que el alto precio del petróleo hacía costeable una serie de tecnologías ahorradoras de energía, hasta entonces muy caras, no previó que en 1981 bajara vertiginosamente el petróleo y con él las posibilidades de desarrollo nacionales. El resultado fue que dejó al país tan emproblemando que aún no recuperamos la brújula ni terminamos de pagar los 34 mil millones de dólares de deuda externa que nos heredó.

Para nosotros hablar de petróleo es hacerlo de PEMEX, de sus directivos, del sindicato y discutir en torno a la “propiedad” de los mexicanos. Para el mundo no: a 50 dólares el barril, la tecnología para usar la energía renovable se hace viable a pasos agigantados. El petróleo está destinado a ser una importante materia prima para la petroquímica y a perder su carácter estratégico como combustible. Es cuestión de tiempo y de precio. La tendencia es clara. México es muy rico en fuentes de energía renovables ¿Esta vez tendremos la capacidad de aprovecharlas o nos las arreglaremos para desperdiciarlas?

Los países europeos están muy interesados en la energía renovable. Dinamarca, Alemania, España, Suecia y el Reino Unido van a la vanguardia y también algunos subdesarrollados, como Argentina, Brasil, China, Costa Rica y Tailandia. Es un renglón económico que en el mundo atrae muchas inversiones y que se contempla como oportunidad de desarrollo para los pobres, en especial para quienes forman parte de la población rural.

Las energías renovables están destinadas a proveer servicios energéticos claves: luz, calefacción, refrigeración, calor seguro y saludable para cocinar, fuerza mecánica, transporte y comunicaciones. El gobierno mexicano está emproblemado en materia energética, empantanado en una reforma que no avanza, ni avanzará. Quizá los ciudadanos podamos tomar un atajo independiente. Por ejemplo, en las zonas en las que la construcción está en auge, podría integrarse la energía renovable en los proyectos de unidades habitacionales, edificios y casas habitación.

También es importante que los medios de comunicación y la escuela proporcionen información relevante sobre las energías renovables, que organicen mesas redondas, concursos y entrevistas sobre el tema. El turismo ecológico va de la mano con los energéticos renovables. Es una oportunidad para hacer negocios. Sólo para dar una idea aproximada, van siguientes cifras: México recibe 9,500 millones de dólares turismo tradicional y cinco millones de dólares por turismo ecológico. Nuestro país tiene la cuarta biodiversidad del planeta. Costa Rica, con un territorio más pequeño que Veracruz, capta diez veces más divisas por turismo de aventura que nosotros.