APRENDIZAJE ACELERADO


En la sociedad contemporánea, la información es tan abundante que cuesta trabajo volverla conocimiento y que sin ese conocimiento es cada vez más difícil tener éxito y competir. Sabedora de mi búsqueda continua de nuevas formas de aprendizaje, hace unos años mi hermana Mireya, experta en el tema, me envió a un taller (seminario) del Ing. venezolano Adrián Cottín Belloso. Me encantó. Me abrió todo un mundo. Aprovecho que Adrián, mi mentor en esos campos, dará un próximo taller (del 26 al 29 de octubre) en el Hotel Fiesta Americana centro Histórico de la ciudad de México, para comentar el tema.

El aprendizaje acelerado es una forma diferente de conocer. Se vale de técnicas que conducen al pensamiento creativo, al trabajo, dentro de un marco de interés, de libertad, diversión y motivación al logro. Hace que el aprender signifique un profundo placer. Quien haya sentido cómo la emoción de descubrir algo nuevo corre por sus venas, sabe que hablo de uno de los estímulos naturales más poderosos que existen.

Las técnicas de aprendizaje acelerado se orientan al desarrollo integral de la persona, combinan el pensamiento racional y analítico con habilidades como la intuición. Usan los dos hemisferios del cerebro (izquierdo, analítico; derecho creativo) y los cinco sentidos: gusto, oído, olfato, tacto y vista. Por eso, eliminan la pasividad, el gran defecto de la escuela y de la capacitación tradicional. Se pueden aplicar en cualquier ámbito de la vida. Por ejemplo, usar una tormenta de ideas para resolver un conflicto familiar es mucho más constructivo que un pleito entre los involucrados.

Estas técnicas son especialmente útiles en las instituciones porque generan un ambiente de cordialidad. Lo sé por experiencia propia. El facilitar que el grupo tenga como objetivo común el conocimiento hace que pasen a segundo término otro tipo de intereses e inquietudes. Permite, por ejemplo, diseñar la estrategia de la empresa, pensar en su funcionamiento, lograr empatía con los clientes, aumentar las ventas, o facilitar que los alumnos investiguen y aprendan. Bien mirado, todos los resultados dependen del conocimiento que se tenga y de su aplicación específica. Si uno sabe poco de su actividad, sus posibilidades de éxito son reducidas y al revés: entre más sepa, más probabilidades de triunfar tiene.

Sé que el ambiente del país no está para hablar de triunfos y éxitos. Sin embargo, sólo nosotros podremos cambiarlo. Si nada más vemos fracasos y problemas, seguiremos igual o peor. Si nos esforzamos por ver otros ángulos, empezaremos a resolver lo que haya que resolver y a quitar los obstáculos del camino.

En México, es evidente que la división entre los políticos sólo conduce a la destrucción. Deberían saberlo porque han peleado, sin resultados positivos, durante la mitad de nuestra vida independiente. Cuando entran en esas etapas, no deciden, no administran, no gobiernan. Sólo se ocupan de destruir al adversario y, al hacerlo, afectan todo, empezando por el estado de ánimo de los ciudadanos y terminando por la imagen del país en el exterior. (En una etapa así perdimos el 51% del territorio, ahora “sólo” inversiones y oportunidades de desarrollo).

Nuestros políticos ya deberían saber que los conflictos continuos sólo conducen a nuevos conflictos, en los que nadie gana. Ellos no aprenden porque el aprendizaje es producto de la sinergia y la cooperación y, por tanto, contrario a su forma de actuar. Difícilmente podremos convencerlos de que apliquen las técnicas de aprendizaje acelerado para resolver sus asuntos, pero nada impide que nosotros las usemos para minimizar los efectos de sus pleitos sobre nuestra vida y la de nuestras empresas.

Cooperar y aprender es algo que nosotros sí podemos realizar. Hagamos un pequeño experimento. Podemos hacerlo solos o invitar a varias personas. Aunque usamos todos nuestros sentidos, los seres humanos tenemos uno “favorito” para aprender. Nuestra forma de expresarnos indica cuál es. Podemos, por ejemplo, leer un texto propio o sentarnos a platicar sobre la comida una película u otro tema. Las condiciones para que funcione el experimento entre varios participantes son: decirles que se trata de descubrir cuál es su sentido “favorito”, escoger un tema neutral, que no sea ni haya sido motivo de conflicto, y pedir que escriban rápidamente cinco o seis renglones sobre el tema. Una vez terminado, se leen en voz alta, sin discutir el contenido.

La lectura hará obvio qué diferente modo de escribir tenemos cada quien. Como se trata de apreciar la forma de expresión, nadie debe revisar, corregir o debatir el texto. Sólo deben buscarse las palabras que tengan relación con los sentidos y marcarlas. Si uno está solo y escribe su texto o toma uno antiguo, tiene que hacer el mismo proceso: marcar de diferente forma las palabras del lenguaje de los sentidos y al final contarlas.

Las personas con lenguaje VISUAL usan términos relacionados con “ver”, “fijarse”, “brillo”, “oscuridad”, “claro”, etcétera. En quienes el AUDITIVO es el sentido “favorito”, abundan términos relacionados con “oír”, “comentar”, “hablar”, “palabras”, “ondas” y similares. Aquellos para quienes el TáCTIL es el sentido más importante usan vocablos relacionados con “sentir”, “temperatura”, “áspero”, “seco” y “ponerse en los zapatos del otro”. Quienes prefieren el OLFATO usan “oler”, “aroma”, “perfume”, “nariz” y vocablos similares y quienes anteponen el sentido del GUSTO incluyen en sus expresiones términos como “exquisito”, “sabor” y “hacerse agua la boca”.

El resultado del experimento, mejora la comunicación. Si uno se entrena para saber qué sentido es el favorito de su interlocutor, puede conocerlo mejor. También es válido para conocerse a sí mismo y optimizar su forma de aprender. Saber las cosas sin saber que se saben, es igual que ignorarlas. El aprendizaje acelerado es una técnica ideal para descubrir el conocimiento que una persona, una institución, un país tienen de sí mismos. Se basa en la creatividad que, define Cottín, “es la capacidad de establecer nuevas relaciones entre cosas o ideas ya existentes.”