BIBLIOTECA RA┌L BAILL╚RES JR.


Fiesta de libros. Regalo de conocimiento. Orgullo de pertenencia a una comunidad de excelencia académica. El ITAM estrena su remodelada Biblioteca Raúl Baillères Jr. Sitio sin igual, en el que coexisten desde la vanguardia tecnológica hasta añosos libros pasando por un diversificado acervo de 400 mil volúmenes, acomodados en 6,178 metros cuadrados de libreros, una hemeroteca con más de mil títulos, una excelente biblioteca digital y las instalaciones necesarias para lavar, planchar y restaurar cualquier obra que lo amerite.

Poco más de quinientas personas tuvimos la fortuna de participar en la celebración. Inició en el Auditorio Raúl Baillères del plantel de Río Hondo, en Tizapán, San ángel. El recinto estaba lleno de gente y de alegría. El ambiente era amable, relajado y al mismo tiempo solemne. El Presidium, encabezado por el Lic. Alberto Baillères, se mostró muy cercano a los asistentes. He estado muchas veces en el Auditorio repleto, en el que se siente la tensión, sobre todo cuando hay un Secretario de Estado. Esa noche hubo tres, Creel, Tamez y Gil, pero supieron ponerse a tono, estar como en casa. De ellos sólo habló Tamez.

Gonzalo Suárez Prado, economista con Maestría en Políticas Públicas por el propio Instituto, vicepresidente de los ex alumnos y profesor en el Departamento de Estudios Generales condujo la ceremonia y con una manera muy suya de hacerlo estableció los puentes necesarios entre un personaje y otro. (En la página del ITAM hay un apartado dedicado al evento (http://biblioteca.itam.mx/reinauguracion/reinagura.html en la que se enlistan los miembros del Presidium, se reproducen algunos discursos y se muestran varias fotografías).

El Dr. Arturo Fernández, nuestro Rector, honró la memoria del Maestro Miguel Palacios Macedo, formador de veinticinco generaciones del ITAM, ejemplo perenne para los miembros de la comunidad. También hablaron al respecto el Lic. Miguel Mancera Aguayo y el Lic. Alberto Baillères. La colección bibliográfica personal de Palacios Macedo, integrada por bien escogidos títulos de Filosofía, Derecho y Economía, está ahora acompañada por un busto del Maestro que, debido al arte del escultor Andrés Peraza, parece vigilar bondadosamente que los alumnos de sus discípulos sean atendidos como él mostró que debe hacerse. Cualquier profesor se sentiría profundamente orgulloso de su labor si sus alumnos dijeran la décima parte de lo que dicen de su mentor los de Palacios Macedo. Reproduzco las palabras del Lic. Baillères:

“Don Miguel Palacios Macedo fue un hombre extraordinario, de esos de los que no hay más de diez en una generación, un hombre que desempeñó un papel relevante en el diseño de instituciones económicas en el México posrevolucionario. Como maestro e intelectual, fue espléndido: nos lo ha recordado Miguel Mancera. Sus clases eran una verdadera aventura intelectual en la que se integraba el conocimiento económico con el filosófico y el jurídico. Cultivó en quienes fuimos sus estudiantes un sano realismo, actitud indispensable para formar el espíritu crítico; nos infundió la afición por la reflexión y por la lectura, y sembró en nosotros un firme compromiso con el desarrollo de México.”

¿Qué profesor no sueña conque sus clases sean una aventura intelectual, con sembrar el amor a la patria, la inquietud y el compromiso, con cultivar el espíritu crítico de sus alumnos, con infundirles el gusto por la reflexión y la lectura? ¿A quién no le gustaría ver las pruebas personales que sus alumnos dan de su compromiso con el desarrollo del país? Me impresiona, por ejemplo, que el Lic. Baillères use su patrimonio para dotar al Instituto de lo que va necesitando: un moderno gimnasio, unos laboratorios de vanguardia y ahora la Biblioteca, para hablar de lo más reciente. Claro, también sigue el ejemplo paterno pues don Raúl, mantuvo de su bolsillo varios años al ITAM, pero ¿Cuántos mecenas así hay en México?

De compromiso con la reflexión y la lectura se trató la fiesta y también de alegría y juventud. La Biblioteca pasó a poder de los estudiantes inmediatamente. Hay tantos disfrutando de sus instalaciones, que parece temporada de exámenes finales. Muchos leen y trabajan y otros ¿Por qué no? Aprovechan sus cómodos sillones para tomar una larga y profunda siesta en un ambiente de alegre recogimiento en el que huele a libros, a madera, a cuero, a silencio. Como me dijo un alumno, entre broma y vera: “con esta Biblioteca voy a tener que estudiar”. Realmente se antoja.

La Biblioteca además de estrenar remodelación, festejó el enriquecimiento de su acervo con dos colecciones: la del economista Rudiger Dornbush, donada por su viuda, la Sra. Sandra Masur, y la de José Luis Lamadrid, formada por 16,000 volúmenes, referidos principalmente al ámbito del Derecho, que adquirió el Instituto. Me gustó enterarme que el Lic. Lamadrid fue un gran aficionado a la cocina de Jalisco y que reunió libros y recetarios al respecto.

Por su parte, la Lic. Catalina Jaime álvarez, directora de la Biblioteca Raúl Baillères Jr., pronunció un breve y emotivo discurso en el que nos explicó cómo llegó a la institución con la promesa, ahora cumplida, de que tendría la oportunidad de hacer la biblioteca de sus sueños. Nos invitó a disfrutarla con pasión, para despertar en los alumnos ese entusiasmo que sólo siente quien sabe estar a solas y comunicarse con alguien que, a través de sus obras, rompe las barreras del tiempo y la distancia para interactuar con su lector. También se refirió a la tecnología de punta con la que cuenta la Biblioteca que, entre otras cosas, permite el acceso electrónico a miles de títulos. Hubo otros interesantes discursos. Por razones de espacio no los menciono. El artículo de hoy es más largo, por una contribución a la fiesta de la lectura.

Cuando escribí para el Club de Banqueros de México las “Memorias del Club a través de sus socios”, tuve la oportunidad de conocer los poemas del banquero Salvador Ugarte. Fue, con Raúl Baillères, Mario Domínguez y Ernesto Amescua, parte del legendario Grupo BUDA, cuarteto de empresarios comprometidos con México. Reproduzco uno de sus versos:

MI BIBLIOTECA

Mi biblioteca
es un santuario
donde descansan,
en anaqueles,
todos mis libros.

Mudos están,
pero al leerlos,
¡cuánto me dicen!
Todo lo han visto,
todo lo saben.

Ellos me cuentan
viejas historias
y me relatan
hechos heroicos
de personajes
que ya pasaron.

Cantan romances
de aquellos tiempos.
Cuántos tesoros
entre sus pastas
ellos encierran,
¡qué generosos
me los ofrecen!

Nada me piden.
Todo me dan.

¡Qué gran nobleza
tienen mis libros!
Son mis amigos,
mis compañeros.
Son mis hermanos
siempre dispuestos
a corregirme,
a prodigarme
sus enseñanzas.

Si estoy con ellos,
bien me reciben.
Si quedan solos,
no me lo reprochan.

Ellos comparten
mis alegrías
y me consuelan
en mis tristezas,
y me entretienen
si estoy ocioso.

Libros vetustos
que no envejecen.
Pasan los años
y nunca mueren
Porque ellos tienen
alma inmortal.

Nada me piden.
Todo me dan.
¡Qué gran nobleza
tienen mis libros!