CHISPAZOS DE HISTORIA RECIENTE (VIII)


Lamento haber interrumpido esta serie sin previo aviso. Fue por motivos de trabajo. Espero escribir mensual o quincenalmente. Reinicio celebrando los 70 años de don Humberto Rodríguez (HR). Banquero de profesión, es excelente sociólogo pragmático y, conocedor de las pautas culturales de diferentes estratos sociales, comparte con generosidad sus conocimientos.

Don Humberto nació en 1935 en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Miembro de una familia sencilla, entró a Banamex en 1950, en la sucursal de su ciudad natal. Ahí conoció a Teresa García, la hijita del gerente. Alguna vez ella confesó que a su mamá le gustó para yerno, antes de que ella le echara el ojo al joven alto, espigado y serio que sería el amor de su vida. Hoy son sensacionales abuelos.

A HR le tomó dos décadas llegar a la cima de Banamex. El 31 de diciembre de 1970, se jubiló la plana mayor completa. Agustín Legorreta López Guerrero, director general; Javier Bustos; Jesús Pérez Pavón (mi tío) y Ladislao López Negrete, directores, pasaron al Consejo y 1971 comenzó con el nuevo equipo: Agustín F. Legorreta, director general; Rubén Aguilar, Francisco Martín del Campo, Alejandro Medina Mora, Humberto Rodríguez y Salvador Villar, directores generales adjuntos. Mi tío decía que don Humberto era “un joven muy talentoso”.

En 1971 una profunda trasformación estaba por aflorar en el mundo, mucho más allá del Banco. Llegaba a su fin la etapa de estabilidad y crecimiento iniciada a finales de la segunda guerra, con el Tratado de Bretton Woods. Desde 1944, el mundo había vivido la etapa histórica conocida como “la edad de oro”, época de estabilidad y crecimiento económico sin precedentes. En ese tiempo, nuestro país había sabido aprovechar la coyuntura y al “milagro mexicano” le había seguido el “desarrollo estabilizador”. Aunque se habían dado ya señales de que las cosas no seguirían como iban, nadie hubiera imaginado los alcances de lo que ocurría. Los síntomas eran tecnológicos, económicos, sociales y políticos.

En 1967, la IBM sacó la 360, su primera computadora con memoria virtual e inició con ella la sociedad postindustrial, como se le llamó a la era de la información. En noviembre de ese año se devaluó la libra esterlina, la peseta y otras monedas. También fueron sintomáticos los movimientos estudiantiles de 1968, los de integración racial y los feministas. En 1969, la renuncia de Charles De Gaulle en Francia, marcó el inicio de una era menos autoritaria y 8 meses después de haber asumido la dirección, en agosto de 1971, el equipo que encabezaba Banamex se enfrentó con la devaluación del dólar, el fin de la era del interés bajo y del petróleo barato. El precio del oro se fue a las nubes y cayeron nuestras importaciones.

Además, en diciembre de 1970, Luis Echeverría tomó posesión de la Presidencia y, con su “estilo personal de gobernar” inició la época de sobresaltos, terminó con la armonía entre los sectores público y privado y desató una serie de hechos cuyas consecuencias aún vivimos. Hasta la fecha, no hemos reencontrado el camino del desarrollo y la mejora constante en el nivel de vida de las mayorías. En esa etapa de confusión y problemas, le tocó actuar a la nueva dirección. Cuando empecé a tratar a don Humberto, era el jefe de mi patrón Aveleyra. Lo recuerdo en su oficina, con “El 1º de mayo en Moscú”, de Diego Rivera en la pared, y en la sala de juntas del Palacio de Iturbide, donde reunía un equipo sin igual.

El 1 de septiembre de 1982, López Portillo estatizó la banca y borró, de un plumazo, las oportunidades de desarrollo de varias generaciones de mexicanos. Al otro día, 2 de septiembre, don Humberto nos recibió en el Palacio de Iturbide. Era el único edificio del Banco que permanecía abierto, sin resguardo de la policía, gracias a la habilidad del intendente quien, aprovechando la exposición de pintura que tenía Fomento Cultural, convenció a los patrulleros asignados para cerrarlo, que se trataba de un museo. Entramos inundados de tristeza...

En el Banco había una reunión anual de revisión y perspectivas en la que los de Estudios Económicos y los de Estudios Sociales explicábamos cómo veíamos el país, qué había pasado y qué podríamos esperar. Ahí desarrollé mi capacidad de síntesis, pues los de Sociales disponíamos de 3 minutos. Una vez nos excluyeron, aprovechando que el patrón estaba de vacaciones, pero logré que don Humberto escuchara lo que habíamos preparado y cuando llegué al déficit nacional de viviendas, me preguntó: “¿Qué es el déficit de viviendas? ¿Cómo se saca? ¿Con quiénes quiere que se queden las mujeres y los niños de quienes van a EUA a trabajar? Si pretende que cada familia tenga su casa ¿Quién cuidará de ellos?

En diversas oportunidades, me señaló cómo las cosas se ven diferentes en el DF que en resto del país y en tres o cuatro ocasiones tuve el dudoso privilegio de sacarlo de quicio, como aquella en que le dije que los de Parral veían poco para el centro del país y me contestó indignado que cuando era niño, quien se enfermaba de algo grave sólo podía ir a EUA, pues aún no existía la carretera a Torreón, era muy difícil llegar hasta Monterrey y más aún a la lejana capital.

No le hizo gracia aquella vez en la que le pidió a mi patrón que Sociales hiciera un escenario sobre lo que podría ocurrir los meses siguientes. Como no lo juzgaba pertinente, le puse “H.U.E.V.O”, para indicar la obligatoriedad de la tarea, y con puntos, por las iniciales cuyo significado inventé después: “Hacer Un Escenario Viable de Ocurrir”. En él, mi hermano José Luis, el Dr. Paul Lamartine Yates y yo hicimos un escenario de alta inflación (35%), que resultó escandaloso. Nos vimos cortos cuando la realidad nos enfrentó a una inflación de 170% a finales de 1986.

Por encima de las etapas del Banco, HR permaneció en él. Su carrera, iniciada como sencillo empleado de la sucursal Parral, culminó en la Vicepresidencia del Consejo de Administración y, a partir de la estatización, se convirtió en una especie de gurú, papel que aún conserva. Feliz cumpleaños don Humberto.