CHISPAZOS DE HISTORIA RECIENTE (VII)


La época actual, 1968 y la guerra de los siete años (1756-1763) son tres etapas en las que se agudizan las diferencias entre las formas de ser de los países y se acentúan las ventajas competitivas de unos sobre los otros. En las tres épocas es evidente que las naciones que favorecen el desarrollo de las personas son las que crecen más rápida y sólidamente que aquellas que encargan la tarea del desarrollo a la cabeza del Gobierno (Rey, Príncipe, Presidente) y quienes lo rodean (Cortes, Diputados, Oligarquías).

Forman parte de mi vida el 68 y la época actual. De alguna manera la guerra de los siete años también, no porque la haya vivido, sino porque cada vez me doy más cuenta de su importancia y porque a veces las preguntas de mis alumnos me obligan a poner más atención en ella. A veces me sucede, como a muchos, que repito las cosas sin analizarlas profundamente. Siempre que me toca impartir Historia Sociopolítica de México en el ITAM hablo de ella, porque el programa está estructurado de tal manera que se entienda la interrelación de nuestro país con el mundo y este conflicto es parte del mismo.

En la clase del jueves pasado un alumno de repente preguntó ¿En dónde se libró la guerra de los siete años? Le contesté que en Europa y en América, pero me dejó una espinita clavada en el cerebro, así que terminada la sesión recurrí al Dr. Raúl Figueroa, mi gurú en la materia, quien de inmediato me señaló que me había faltado Asia y me prestó uno de sus tesoros bibliográficos, con unos mapas sensacionales. Gracias, Raúl.

Bueno. Me quedé picada. Ya tenía claro que ese conflicto bélico implicó una redistribución del mapa mundial y que por eso los especialistas piensan que fue la verdadera primera guerra mundial. Sabía que una consecuencia para Inglaterra fue la independencia de EUA trece años después, reacción disparada por los impuestos excesivos que la metrópoli se vio obligada a recaudar para poder salir delante de los gastos que le había supuesto ganar la guerra de los siete años. También sabía que por ese conflicto España perdió Florida, que cambió por Cuba y Filipinas –que habían caído en manos inglesas- y que Francia perdió Louisiana, que le dio a España en compensación por la derrota. Ignoraba las pérdidas francesas en Asia, por la zona de India y, aunque sabía que España había perdido (y recuperado) Filipinas, nunca me había puesto a pensar lo que implicaba. Quien desee darse una idea de la ubicación de esos países, aunque sea con sus fronteras y nombres contemporáneas, puede consultar el atlas-e de National Geographic (http://www.nationalgeographic.com/xpeditions/atlas/).

A partir de 1763, lo tengo cada vez más claro, el capitalismo inglés logró un progreso sin precedentes. Cosechó en buena medida los frutos de sus grandes pensadores, como Locke y Hobbes, para mencionar algunos y los de haber propiciado el desarrollo personal de sus ciudadanos. Los EUA se inscribieron, sin duda, en esa tradición y a los pocos años de su independencia eran ya la segunda potencia marítima, después de su ex metrópoli, lo cual supone un crecimiento capitalista a partir de desarrollar el mercado, es decir, de ver qué necesidades tiene la gente y satisfacerlas a través de la venta de los productos y servicios que las satisfacen.

En esos entonces la Francia endeudada y derrotada de Luis XV, dejó que sus burgueses se desarrollaran –para que le pagaran impuestos-, pero su nobleza no fue capaz de retomar su desarrollo y el resultado fue la Revolución iniciada en 1789, y que somete al país a la inestabilidad por muchísimos años. El saldo intelectual de la Revolución francesa es excelente: la filosofía burguesa latina, pero el precio que el país pagó entonces por ella fue elevado.

Por su parte España, se enfrentó a la realidad del Despotismo Ilustrado, del príncipe que trata de modernizar a su sociedad, de acuerdo con su concepción, y cuyo resultado final es exactamente el contrario al deseado. En su caso, fue la pérdida del imperio. Carlos III, con mucho el más inteligente de los Borbones españoles de la época, no logró muchas de las cosas que deseaba, entre ellas que la gente pensara, que no aprendiera las cosas de memoria. Aún luchamos con ese problema, 230 después, y con otro peor, parte de lo mismo: la concepción de que ser “autoridad” implica ser dueño de la verdad absoluta, al menos en el ámbito en el que se es autoridad. La falta de análisis y la concepción de autoridad se tradujeron en un desarrollo dependiente del Estado, incluso a nivel personal.

El segundo acontecimiento que dejó atrás a los sistemas que no propician el desarrollo personal, fue 1968. Los movimientos estudiantiles que se dieron en diversas partes del mundo son su parte visible, en especial el movimiento francés. De Gaulle fue barrido por los acontecimientos. Era un personaje del pasado, a quien profesé tal admiración que algunos años antes, cuando vino de visita a México, fui a darle la mano. Eso supuso meterme en la bola que se hizo frente a la Facultad de Filosofía de la UNAM, recibir y dar varias patadas y finalmente acercarme al caudillo. Aún puedo recordar la sensación de logro que sentí al estrechar su manota y la tristeza que me dio tener que lavármela ese mismo día, por presiones maternas, pues por mi la hubiera dejado así varias semanas...

Mi admirado De Gaulle era un personaje autoritario. Ni hablar. Contra él se inició el movimiento juvenil que, paradójicamente, tenía importantes tintes socialistas, pero 37 años después es claro que propició el desarrollo individualista. Aunque recuerdo algunos lemas del movimiento estudiantil que se inició en mayor de 1968, como el famoso “Prohibido prohibir, la libertad comienza con una prohibición,” salido de la Sorbona, preferí recurrir a la Internet para recordar algunos otros. (http://agora.ya.com/ligamarxista/libro6.htm)