CONOCER Y PROGRESAR


Desempleo, falta de competitividad y depresión son tres términos que describen el estado de ánimo de un creciente número de latinoamericanos y que, a través de las noticias, se permea a los medios de comunicación. Aún no nos convencemos de que, nos guste o no, a esos males sólo cada uno de nosotros podemos poner remedio. Ni el gobierno más imaginativo podría hacerlo, al menos a corto plazo porque el mundo actual pone el acento en el autoconocimiento, personal y de la empresa, como base del progreso.

Es interesantísimo darse cuenta de que en el mundo globalizado las grandes empresas, las trasnacionales, hacen esfuerzos descomunales para conocerse a sí mismas, para tener la flexibilidad y la movilidad de un emprendedor, mientras que estos ignoran que el conocimiento de lo que hacen es una de sus principales ventajas competitivas y que a partir de ese conocimiento pueden aprovechar muchas de las cosas que las grandes empresas han hecho para sí mismas y que están al alcance de todos, en libros, en los medios, en las universidades y en la Internet. Hoy importa tanto saber hacer una cosa como entender cómo mejorarla.

Ejemplifico: la señora que todas las noches saca una mesa y unas sillas para vender su cena a los transeúntes tiene éxito en la medida que sabe de su negocio: si tiene buena sazón y hace unas salsas inigualables tiene grandes posibilidades de triunfar, pero pronto se da cuenta de que esos dos elementos son insuficientes para tener éxito, que tener ventas y clientes son una parte del negocio, nada más. Cuando esa señora se percata de que tiene que hacer cuentas para ver si pierde o gana y empieza a hacerlas, está aprendiendo y cuando las hace y encuentra su punto de equilibrio, aprende aún más. Si después, con base en ellas decide “meter” refrescos y ve que tiene más clientes, lo más probable es que se ponga a investigar si el servir café de olla le daría mayores ganancias y así sucesivamente.

Las instituciones no pueden aprender de sí mismas a esa velocidad. A las que más les interesa conocer para hacer las cosas cada día mejor, es a la empresa. Las instituciones de otro tipo, tienen otra clase de preocupaciones y aunque en el mundo de hoy tienen crecientes presiones para que se incorporen a la sociedad del conocimiento, aún se resisten y por ello, entre otras cosas, los gobiernos están inhabilitados para resolver las cuestiones de desempleo y competitividad.

Las empresas saben que su éxito depende del conocimiento y para poder integrar el que tienen dentro de sí mismas, han inventado una serie de herramientas y disciplinas, como la “Administración del conocimiento”. Si retomamos el ejemplo de la señora que todas las noches vende sus cenas y enumeramos los departamentos (o divisiones) que se necesitan para lograr que una empresa haga lo que ella, nos daremos cuenta de las dificultades que la empresa tiene para integrar todo ese saber y tomar decisiones a partir del mismo. Claro, si lo logra, su crecimiento será mucho mayor que el de la señora, pero si no...

 El mundo está lleno de casos exitosos y de fracasos, algunos enormes, como los fraudes tipo Enron (desconocimiento del actuar interno), y otros hijos de la ilusión y de puntos ciegos en el saber, como sucedió con las .com, que, con independencia de su tamaño, se creyeron el cuento de que en “la nueva economía” las utilidades no importaban y crecieron y crecieron, hasta que un día estalló la burbuja, quebraron, provocaron una recesión mundial y, quienes aprendieron la lección, regresaron a la Internet a hacer las cosas de otra forma, tomando en cuenta que en el mundo de los negocios el que no gana, pierde y el que pierde indefinidamente, se muere.

Se dice que estamos en la sociedad de la información. En realidad, el término es inexacto: los datos en sí son inútiles si no los podemos integrar, si no logramos que nos sirvan para algo. Los datos ordenados, son información y cuando esa información se vuelve parte de nosotros, es conocimiento. Ese conocimiento debe servirnos para hacer el negocio y ser base de un aprendizaje continuo. Por eso, en realidad estamos en la sociedad del conocimiento y es importante recordarlo porque en la medida en que sepamos lo que sabemos, podremos salir adelante.

El conocimiento en los negocios sirve para ir afinando las cosas que hacemos y hacerlas de una forma diferente, cada vez más adecuada, de acuerdo con el saber que vamos adquiriendo. Eso es lo que llamamos competitividad. Digamos que el conocimiento es la estructura de lo que hacemos. Cuando rasgamos nuestras vestiduras porque no somos competitivos lo que en realidad estamos haciendo es ponernos a llorar porque queremos construir una casa a partir del techo (la competitividad), sin poner primero los cimientos, las varillas y las paredes (el conocimiento)

Saber, conocer de algo, es la base para solucionar el problema del desempleo, al menos a nivel individual. ¿Cuántas personas que perdieron su empleo no se han dado cuenta de que lo que saben los capacita para salir adelante? Si tuvieron éxito como empleados, quiere decir que creaban valor para quienes utilizaban sus servicios. Sé que es difícil decidirse a crear valor para uno mismo, pero es bastante más alentador y prometedor que quedarse en casa, esperando el milagro de que la economía “se componga” y su antiguo jefe llegue a decirle que regrese.

Lo mismo sucede con los jóvenes egresados de las universidades que no encuentran un empleo y con aquellos que han decidido no estudiar, porque “terminar una carrera no sirve para encontrar un buen empleo”. Efectivamente, estudiar hace mucho que dejó de ser garantía en ese sentido, pero en la medida en la que uno está en una buena universidad, aprende a ordenar la información y a volverla base de su conocimiento, podrá abrirse opciones a sí mismo y generar su propia ocupación. Hoy, el conocimiento es progreso. No hay más.