VISIÓN DE PAÍS


Dicen que quien no sabe a dónde va, seguramente llegará a otra parte. ¿Alguna vez se ha puesto a pensar cómo le gustaría que fuera México y qué pasos tendríamos que dar para lograrlo? Quizá sea un ejercicio fuera de lo común, pero es ineludible, indispensable, si deseamos tener un país realmente democrático y desarrollado.

Hace poco llegó a mis manos un libro llamado Visión de país. En escasas 58 páginas de letra grande, con una prosa clara y fluida, propone una Visión e invita a la reflexión, a definir bien el rumbo de México como medio para sacarlo de la deriva, de la tendencia al estancamiento o al retroceso y de evitar las terribles consecuencias que tendría el no hacerlo. Con ver o escuchar las noticias cotidianas un día, es suficiente para darnos cuenta cuán importante es atender al llamado.

El documento recoge el sentir de muchos mexicanos y ve a México como una nación: Libre, justa, próspera y plural [...] plenamente desarrollada, en la que imperen la ley y el buen gobierno; cuyos habitantes vivan en paz y armonía, sin discriminación; que disfruten y vean protegidas sus libertades individuales, económicas y políticas; que gocen de la prosperidad, y que estén debidamente educados en la ciencia y en la tecnología, así como en los valores cívicos y humanos.

Quiere un México que en 25 años tenga una clase media educada y próspera, con un ingreso per cápita cercano al de países como Canadá y Australia o, lo que es lo mismo, que sea capaz de erradicar la pobreza, meta prioritaria en la que coincidimos la mayoría de la población. Dicho en otras palabras, plantea combatir la pobreza abriendo el camino de la prosperidad, haciendo de México una nación soberana, capaz de ofrecer oportunidades de desarrollo personal y bienestar para todos, sin prebendas ni privilegios, como parte activa y constructiva de la comunidad internacional.

Reconoce que México ha avanzado mucho, pero todavía hay una brecha enorme entre nuestras aspiraciones y nuestra realidad en términos de libertades, justicia, prosperidad y pluralidad. Por ejemplo, en materia de prosperidad y justicia, el país ha sido incapaz de ofrecer oportunidades para todos, como se manifiesta en el estado inaceptable de pobreza extrema en que viven muchos mexicanos y en su éxodo masivo al exterior.

Propone dos valores básicos: la libertad y la justicia, reforzados por otros “que contribuyen al desarrollo personal, a la vida digna, a la convivencia pacífica y provechosa, como la honestidad, la responsabilidad, la laboriosidad, la frugalidad, la tolerancia y el respeto a los demás, además del espíritu cívico, creativo y emprendedor.”

Sustenta su visión en diez pilares [...] sobre los se puede construir el modelo de nación más conveniente para México. Estos pilares constituyen los elementos necesarios para conseguir una alta tasa de crecimiento económico, una amplia creación de nuevos empleos y una mayor competitividad para lograr una sociedad libre, justa y próspera:

1. Derechos inalienables del ser humano.
2. Paz y seguridad.
3. Estado de Derecho.
4. Estabilidad política y gobernabilidad.
5. Gobierno eficaz y promotor del desarrollo.
6. Economía de mercado.
7. Capital humano e infraestructura física de clase mundial.
8. Estabilidad macroeconómica y financiera.
9. Integración exitosa a la economía internacional.
10. Preeminencia de la actividad empresarial nacional.

El documento explica ampliamente el contenido de dichos pilares, con los que se puede estar o no de acuerdo, pues, como él mismo lo dice, [...] procura despertar el interés de los distintos sectores de la sociedad mexicana e incluso servir de guión para iniciar un proceso de estudio, análisis y discusión que pudiera conducir a concretar un acuerdo y un compromiso mínimo para concebir un modelo o visión de país, con el objeto de conseguir la meta prioritaria e indispensable de erradicación de la pobreza en el menor tiempo posible.

Sugiero que cada quien asiente por escrito su Visión de país, su posición respecto a lo hasta aquí dicho y que actúe en consecuencia, consciente de que México no cambiará si no cambia su sociedad, es decir, nosotros.

Sin duda uno de los grandes problemas de México es nuestra tendencia a descalificar las ideas de una persona por lo que esa persona es. Estoy convencida de que es uno de los mecanismos que nos impiden progresar. También estoy consciente de que ese mecanismo es común y por ello puse hasta el final, después de la invitación a reflexionar sobre una Visión de país, el nombre y ocupación de los autores: Alberto Baillères, empresario; y Arturo M. Fernández, rector.

Ambos produjeron el documento tras dos años de reflexiones, de cuidadoso análisis e intercambio sistemático de puntos de vista. Una pregunta que vale la pena que cada quien se haga y que la conteste con toda sinceridad, en beneficio de la objetividad que tanto necesitamos, es: ¿el saber el nombre de los autores del documento cambió en alguna medida sus conclusiones? Y si fue así ¿por qué las cambió y en qué sentido lo hizo?

Tener una Visión de país es una tarea de la mayor importancia, urgente, indispensable si queremos vivir mejor, en un México con oportunidades de desarrollo para las grandes mayorías. Podemos coincidir o disentir con los autores del documento publicado por la Asociación Mexicana de Cultura (ITAM). Lo que es ineludible es atender a su invitación a la reflexión cuidadosa y comprometida de una Visión de México en un futuro cercano y en los pasos que hay que dar para llegar a ella.