MÉXICO EN LA PIEL


Con motivo del aniversario de la independencia de nuestro atribulado país me “presté” el nombre de la canción de Fernández Espinoza. Tengo la hipótesis de que si nuestros tres Poderes, o los de los medios de comunicación, o... todos, la escucháramos antes de actuar, nos pondríamos de acuerdo, guiados por lo que nos une: el amor a México.

Septiembre es el mes de la independencia. En el siglo 19, antes de que don Porfirio la celebrara el 15, día de su santo-cumpleaños, los Liberales la festejaban el 16 y los Conservadores el 27. Viene al caso por los sucesos de la última semana, penosos y preocupantes, que nos regresan al origen, al desacuerdo, a la raíz de los problemas, a nuestro lastre infinito: la discordia.

México es un país nacido en la división. Lástima que no haya un psicoanálisis nacional que nos aliviane. Es suficiente con ver el éxito que tienen nuestros paisanos en otros lados para darnos cuenta de que somos nosotros mismos los que nos las pasamos auto saboteándonos. Los ejemplos recientes, de uno y otro bando, son muestras de ese elemento ¿cultural? nuestro.

México tiene dos actas de independencia. Una, del Congreso de Chilpancingo2, data del 14 de septiembre de 1813, en ella, encabezado por el Lic. Andrés Quintana Roo, el grupo de Morelos rompe las relaciones con el trono español. La otra, del 28 de septiembre de 1821, es del Imperio3. En ella se usa ya el patronímico mexicano-a. Sus autores son dignos herederos de Sor Juana y de los criollos de los siglos 17 y 18, quienes, ávidos de encontrar su lugar en el mundo ven en el concepto México la forma de subrayar el pasado indígena, que los distingue de los españoles, como lo hace Francisco Xavier de Clavijero en la Historia antigua de México. (1780).

Tras la independencia, lo sabemos todos, México entró en una guerra civil que, con diferentes nombres y episodios, se prolongó hasta 1876. Ese permanente desencuentro entre los dos puntos de vista que siempre nos han dividido, el comunitario y el individualista, por definirlos de alguna manera, nos costó el 51% del territorio, dos guerras internacionales, una invasión, muchos muertos y cuantiosa deuda internacional, por no hablar de las oportunidades perdidas, del desarrollo negado y de otros costos escondidos. Baste con apuntar que iniciamos con 60 años de retraso el tendido del ferrocarril.

Con Porfirio Díaz hubo un paréntesis de paz y progreso, difícil de apreciar por razones ideológicas. Dicen los que lo oyeron que sus últimas palabras en el México que dejó en 1911 fueron: “No sabe Madero el tigre que soltó”... El tigre, la Revolución, puso de manifiesto la polarización. De nueva cuenta, México perdió y otros se beneficiaron con nuestras luchas.

El historiador Lorenzo Meyer cuenta que el Presidente Thomas Woodrow Wilson, cuando los europeos aceptaron presionar a Victoriano Huerta para que dejara el poder, se declaró impotente para solucionar el "problema mexicano" por otro medio que no fuera dejar que la guerra civil siguiera adelante “hasta agotar su terrible lógica” y, tras explicarlo a la Foreign Office, revocó el embargo de armas, con lo cual los revolucionarios las compraron a pasto.

Decir horrores de EUA y del Presidente Wilson, no sirve. La invitación es hacer el ejercicio de preguntarnos ¿Por qué un doctor y profesor de Ciencia Política pensó que para alcanzar la estabilidad había que agudizar la inestabilidad? ¿Por qué México se sumió en un baño de sangre antes de crear nuevas instituciones? ¿La inseguridad de hoy es la versión actual de lo mismo? ¿Tendremos que llegar al extremo para retomar el rumbo?

México tuvo una relativa paz a partir de 1921, interrumpida por la Guerra de los Cristeros, cuando, con toda saña, las familias y el gobierno dirimieron sus diferencias religiosas. El centro del país quedó semi destruido y tras 250 mil desaparecidos, entre Calles y Cárdenas, uno primero y otro después, enemigos entre sí, pusieron los medios para recrear las instituciones. Con distintos nombres y etapas, la paz del PRI duró 57 años, hasta hace 25.

En el 2000, creímos alcanzar la democracia, definida como votación y alternancia, pero luego descubrimos que esa definición es incompleta, que nos “ahorra” responsabilidades y compromisos que nos obligarían a actuar en serio y a comenzar a vernos con más objetividad. Esta semana, sólo por no dejar, hice un sondeo informal. La pregunta fue ¿Qué se hace en México si el Presidente no termina el sexenio? La respuesta más común fue: sube el Presidente de la Suprema Corte. Hubiera sido correcta en 1872, cuando Sebastián Lerdo de Tejada sucedió a Benito Juárez.

El Art. 84 de la Constitución4 establece el procedimiento, mismo que se reformó por última vez en 1933, cuando Calles era el hombre fuerte, que hacía y deshacía en el Congreso. A diferencia de otros países, donde se sabe que el sucesor sería quien ocupe “x” puesto y ya, en nuestro caso, la “falta absoluta del Presidente de la República”, se suple con diferentes mecanismos, según las circunstancias:

En los dos primeros años del periodo presidencial, hay dos caminos:

A. Si el Congreso está en sesiones:
1. Se constituye en Colegio Electoral, y con un quórum de dos tercios, nombra en votación secreta y por mayoría absoluta, un presidente interino.
2. El mismo Congreso convoca a elecciones, un plazo no menor de 14 meses, ni mayor de 18.
3. Un nuevo Presidente concluye el periodo.

B. Si el Congreso no está en sesiones.
1. La Comisión Permanente nombra un presidente provisional y convoca a sesiones extraordinarias al Congreso.
2. Una vez que el Congreso esté en sesiones, se hace lo que dice el punto A.

En los cuatro últimos años del periodo presidencial, hay también dos caminos. Es de suponer que sería votando de la misma manera, pero no está especificado, ni se aclara en qué momento se da la división entre el segundo año y el primero de los cuatro últimos. Las opciones son:

a. Que el Congreso esté en sesiones y designe al Presidente substituto que concluya el periodo;

b. Que el Congreso no esté en sesiones. “En ese caso, la Comisión Permanente nombrará un presidente provisional y convocará al Congreso de la Unión a sesiones extraordinarias para que se erija en Colegio Electoral y haga la elección del presidente substituto.

Sin comentarios.

Es hora de definir algunos puntos de acuerdo fundamentales que nos permitan salir adelante, de asumir la historia, de consultar la abundante información que hay sobre el país, de conocerlo, de quererlo, de sentirlo en la piel, de intentar un rumbo menos rabioso, menos polarizado, más constructivo. Suena utópico, lo sé, pero si hacemos cuentas de lo que cuesta el desacuerdo, tal vez podemos animarnos a construir acuerdos en lo fundamental, no “cargadas” contra de las mayorías.

1 Composición de Juan Manuel Fernández Espinoza, popularizada por el cantante Luis Miguel. Hay un video para ver gratis en youtube http://www.youtube.com/watch?v=hQirsttMUPg
2 http://www.ensayistas.org/identidad/contenido/politica/const/mx/acta1813.htm
3 http://es.wikipedia.org/wiki/Acta_de_Independencia_del_Imperio_Mexicano
4 http://info4.juridicas.unam.mx/juslab/leylab/250/85.htm. También se puede ver en: http://www.normateca.gob.mx/Archivos/CONSTITUCION POLITICA DE LOS EUM ULTIMA REFORMA.PDF