ESTATIZACIÓN BANCARIA


El pasado viernes 7 tuve la oportunidad de asistir a una reunión muy especial: la organizó la Dra. Amparo Espinosa Rugarcía para contribuir a la conciliación de los mexicanos y homenajear a su padre, don Manuel Espinosa Yglesias, quien hace 25 años fue despojado de Bancomer, su banco, el día que los mexicanos vimos afectado nuestro destino para siempre.

No hay que ser millonario, ni estar cerca de banquero alguno para darse cuenta que desde entonces el país no ve la suya, que al estatizar la banca el 1/9/82, el Presidente José López Portillo reabrió la caja de Pandora y de un plumazo nos regresó a nuestra atávica división, al desacuerdo perpetuo, que desde 1821 impide que nuestro país avance como tendría que hacerlo.

La reunión fue en el Club de Industriales. Se llamó “XXV Aniversario de la nacionalización de la banca en México” y tuvo como subtítulo “Reflexiones pendientes”. Un amigo me dijo que era la reunión de la nostalgia. Seguramente. En parte por los asistentes y el tema, pero sobre todo porque fue genuinamente plural. En 1982, aunque un poco fuera de moda, aún se acostumbraba la tolerancia. La gente oía y dejaba hablar a quien pensaba diferente. Ahora ni siquiera tenemos la capacidad de permitir que termine de exponer su idea. Es una pena, el intercambio analítico es muy constructivo.

Desde que recibí la invitación, me sorprendió ver a José Ramón López Portillo como integrante de la primera mesa “El proceso de toma de decisión”. Bien por la Dra. Espinosa que lo invitó y bien por él que aceptó. ¿Qué dirían Don Manuel y López Portillo de la capacidad de diálogo de sus hijos?

El orgullo del nepotismo presidencial es ahora un señor calvo que vive en el extranjero. Es valiente. Sin el sentido del humor paterno, tiene el suficiente para iniciar diciendo que es la piñata de la fiesta. Fue interesante escucharlo.

Me llamó la atención que don Carlos Abedrop, presidente de la ABM en la expropiación, dijera que está bien que se haya extranjerizado la banca en México. Explicó que en 1982 ya actuaba la banca extranjera, sin tener las obligaciones inherentes. Pienso que tener banca extranjera es inevitable. Oír al ex Presidente chileno Eduardo Frei me lo confirmó, pero es evidente que debemos encontrar cómo estructurar el sistema financiero mexicano para que cuente con instituciones del tamaño y peso que deben tener y conviva con esas instituciones que son más grandes que la economía nacional completa.

Sin estructura, como ahora, el sistema financiero satisface necesidades de corto plazo, pero no puede vertebrar el desarrollo del país. Los ponentes fueron prudentes, así que ninguno dijo, por ejemplo, que un problema muy serio es que al estar tan desestructurado, no hay un grupo de presión que contribuya a definir la política económica o la fiscal y los funcionarios, que son buenos empleados, no entienden lo que es el capital en el sistema productivo.

Los antiguos banqueros tenían su manera de decirle las cosas al Presidente. Aunque en la historia no vale el “si hubiera”, tengo la hipótesis de que si estuvieran en funciones, la reforma fiscal sería otra cosa. Estaría enfocada a gravar el consumo, no la producción, como en los años 60, cuando lo que importaba era hacer el producto no el costo de hacerlo.

Creo que los banqueros les habrían explicado a los políticos que es más desgastante proponer un impuesto como el de la gasolina y luego decir “yo no fui, fue Teté” que generalizar el IVA. Con el IVA hasta los contrabandistas pagarían y los pobres tendrían más oportunidades de desarrollo que las que tienen en la situación actual o las más precarias que tendrían con el ITU y la gasolina presionando a la producción y al empleo.

Don Agustín Legorreta, presidente de Banamex en 1982, pidió disculpas por ser menos moderado que el tono de la reunión y dijo, con razón, que la medida de López Portillo acabó con el presidencialismo absoluto. Al escucharlo pensé que lo malo es que no hemos sabido aprovecharlo. Olvidé el nombre del político español que en la primera mitad del siglo XIX dijo que del Congreso mexicano no había que esperar nada bueno. Por eso Venustiano Carranza plasmó el Presidencialismo en la Constitución y Lázaro Cárdenas lo reforzó.

En las democracias parlamentarias, como el Reino Unido, el primer ministro es tal porque gana el partido que él encabeza ¿Se imaginan al líder del partido en el gobierno como primer ministro mexicano?

Fue maravilloso volver a escuchar a don José Ma. Basagoiti. 25 años después es más delgado, pero su voz y su mente siguen siendo lo que eran. él era la cabeza de la Coparmex en 1982. Explicó algo que hoy quisiéramos olvidar, pero no podemos: en México hay ciertos sectores que son prudentes porque son concesiones y entonces “no es riesgo soberano, sino soberano riesgos” decir las cosas como son. Contó cómo la expropiación despertó a los empresarios, quienes continúan siendo ciudadanos de segunda, pues sus organizaciones carecen de  voz y voto en cuestiones sociopolíticas.

Escuchar a gente como Miguel ángel Granados Chapa, Jesús Silva Herzog, Soledad Loaeza y José Carral, por sólo mencionar a algunos, es siempre interesante.

La Dra. Espinosa subrayó que hizo la reunión con espíritu conciliatorio y por eso  convocó como ponentes a personas que nos dieran un mosaico de puntos de vista. Hizo referencia a una encuesta que realizó a través de la Fundación Espinosa Rugarcía (ESRU) y el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) y que espero que pronto publique, pues muestra que la población del DF apenas y recuerda la nacionalización (estatización nadie sabe qué es) y sólo 26% que la hizo López Portillo. El 14% piensa que fue un 2 de febrero. 50% está a favor y 50% en contra, pero hay dos puntos de consenso: Una expropiación debe pasar por el Congreso (82%) y la banca no debe estar en manos extranjeras (97%).

Gracias por la invitación, por la posibilidad de estar en una reunión con diversas opiniones, todas de calidad, en un foro respetuoso y constructivo. A quienes fueron ponentes, los felicito. Sólo les sugiero prepararse para hablar el tiempo asignado, como hizo la Dra. Espinosa. Fuera de ella, todos dejaron ideas en el tintero porque tuvieron su tarjeta amarilla o roja, sacada por el Dr. Enrique Cárdenas, director del CEEY, quien desempeñó su difícil papel con prudencia y buen humor.