LA CHAMBA DE LAS EMPRESAS


“Porque dar empleo es la chamba de las empresas” reza un lamentable eslogan que se difunde por estos días en México. Nacido el año pasado, expresa el deseo de darle buena imagen al sector empresarial. Sacada de contexto, como frase aislada, induce al error. La chamba de las empresas no es dar empleo. Lo dan como consecuencia de hacer bien su chamba. Como los mexicanos tenemos mentalidad de empleados, solemos esperar que alguien nos ocupe en vez de inventar qué hacer. Así, el eslogan refuerza patrones culturales que nos impiden desarrollarnos.

La Academia Española de la Lengua define a la empresa, como “Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos.” La idea es clara: la empresa se dedica a producir artículos o a prestar servicios a cambio de lo cual gana dinero, es decir, hace cuentas para tener claro que sus costos son menores que sus ingresos y si no es así, si pierde cada vez que vende, quiebra y tiene que cerrar sus puertas.

Las empresas, como las personas, tenemos diversidad razones para existir. En su caso, definir su misión es esencial porque es lo que le da sentido al negocio, su razón de ser. Consciente o inconscientemente la misión lleva a tomar decisiones y a actuar conforme a ella. Si uno decide que la misión de su empresa es crear empleos, así nada más, está tomando un camino erróneo, que lo llevará a crear desempleados.

Cada vez que escucho el eslogan publicitario recuerdo el caso de una empresaria que asistió a mi curso de “Negocios con visión estratégica”. Al hablar de la misión, lamentó lo mucho que le había costado pensar que la empresa sirve para crear empleos. Viuda joven y con hijos pequeños, cuando heredó el negocio de su marido, duplicó la nómina y las sucursales, pensando que el crear empleos la haría exitosa. El resultado no se hizo esperar: en unos cuantos meses, su patrimonio mermó considerablemente. Mujer ingeniosa y valiente, ante la inminencia de la quiebra, cerró sus sucursales, las nuevas y las viejas, y con ayuda de algunos empleados, dispuestos a ser médicos ambulantes, empezó a prestar servicios yendo a las instalaciones de sus clientes. Cuando la conocí, una década después, empezaba al fin a crecer, gracias a su disciplina y su fuerza de voluntad. Buscaba cómo seguir delante, optimizando sus esfuerzos.

Cada empresa, como cada persona, tiene su razón de ser, su misión. Si no se define, se va a la deriva. Las empresas que salen adelante amén de tener claro qué desean, hacen bien su chamba: cuidan de su mercado, de sus clientes, de sus productos y sacan cuidadosamente sus cuentas. Como consecuencia de ello generan empleos y tienen utilidades. La chamba de las empresas tampoco es sólo ganar dinero. Si no lo ganan, quiebran. El dinero es para la empresa el equivalente del oxígeno para los seres humanos. Si dejamos de respirar, morimos, pero difícilmente encontraremos una persona que tenga como misión vital respirar.

A México le urgen salidas. La época del empleo masivo es parte de la historia. No depende de la voluntad política de los gobiernos ni de eslóganes bien intencionados. Tenemos que aprender a trabajar por nuestra cuenta, que inventarnos una ocupación, que definir y satisfacer necesidades del mercado, pero sin el peso que significa asumir obligaciones extrañas. Es muy interesante darse cuenta cómo las empresas exitosas crean su propio mercado, cómo lo sostienen, cómo lo hacen crecer y cómo a medida que eso sucede, emplean más gente y le suben el sueldo, no al revés.

Un ejemplo clásico es Henry Ford. Creó el negocio del automóvil. No inventó el auto ni la producción en serie, pero al combinarlos bajó tanto los precios que personas que jamás habían soñado con tener un automóvil, pudieron comprarlo.

Otro ejemplo más moderno, que muchos vivimos, fue cuando Gates regalaba el Windows. Desde luego, regalar algo implica capital. Gates aprovechó bien el suyo: hizo sentir la bondad de sus productos, abrió el apetito por ellos y al crearles mercado cambió la manera de vivir de las mayorías del orbe. Hoy su empresa es gran empleador internacional y él, el hombre más rico del mundo.

Son dos ejemplos internacionales. También hay ejemplos nuestros. Hay empresas mexicanas que hacen muy bien su chamba y, como consecuencia, crean empleos. Pongo un ejemplo: D’Gari. Tiene más del 60% mercado de gelatina en México, exporta a EUA y a varios países centroamericanos. En regiones como Veracruz, Oaxaca y la mayoría del Bajío, D’Gari es genérico, es decir, es sinónimo de gelatina.

Casi todos hemos comido sus gelatinas y flanes, aunque lo ignoremos. Los hoteles que se precian de su repostería, muchos restaurantes y en muchos hogares se usan. Su sabor es fino, natural y sus colorantes no dejan huella en la lengua de los comensales, ni en la ropa de los bebés. Presenta su polvo en bolsitas transparentes de polietileno, con un niñito y su gelatina. Los fundadores de la empresa fueron incansables para hacer su chamba: experimentar hasta obtener la mejor calidad, trabajar de sol a sol para ir abriendo su mercado y crecer con base en lo que podían pagar: ingredientes de primera en vez de publicidad. Su desarrollo se basó en la recomendación personal, de boca en boca, de sus clientes.

Ahora D’Gari crea empleos, porque sigue haciendo bien su chamba: cuida su producto y su mercado con base en la calidad. Por eso, a diferencia de sus competidores, hace sus productos puros: la gelatina y el flan normal con azúcar y los dietéticos con aspartame, sin mezclarlos para bajar precios.

En México, como en otros países de América Latina, hay más casos exitosos de los que creemos. No los vemos porque las buenas noticias no venden tanto como las malas. La mayoría de las empresas comenzaron pequeñas. La campaña que nos ocupa necesitan hacer mejor su chamba: debe sustituir su eslogan por uno de orientación verdaderamente empresarial. Ayudaría a encontrar salidas al desempleo y nos acercaría a la empresa.