OLGA Y LOS ZARES


MÉXICO GLOBALIZADO

Ir al Museo de Antropología un miércoles de 9 a 11 es una experiencia que vale la pena, si la razón es visitar la exposición de los Zares con la agradable guía de Olga Cano, arquitecta de profesión, que tiene en su haber una larga y poco convencional experiencia profesional.

 

Olga ha demostrado a través de los años la importancia de la creatividad para darle un giro muy personal a lo que emprende. Los arquitectos saben de distribución de espacios, de ubicación, de arte, así que cuando la conocí aprovechaba sus conocimientos encabezando el equipo que hacía las guías de México para Promociones Turísticas Banamex.

 

Cuando el gobierno del Presidente López Portillo quebró la banca, situación diametralmente distinta a la que hoy vemos en EUA, el sector dio de tumbos y muchos de quienes trabajábamos ahí cambiamos de ámbito. Olga hizo varias revistas. Con Vuelo, de Mexicana de Aviación, ganó varios premios.

 

Cuando ‘el error de diciembre’ alcanzó sus revistas, a la compañía aérea y a todo el país, ella hizo guías para una editorial y otras cosas, siempre relacionadas con el turismo.

 

Entre sus actividades actuales organiza visitas guiadas a exposiciones selectas, para grupos muy pequeños. La combinación entre Olga y los Zares resulta de primera. Ella es una guía paciente y enterada que le hace uno mirar los cuadros, las esculturas, las modas, los muebles y a los personajes con ojos nuevos.

 

El montaje de la exposición es de primera. El Museo de Antropología sabe hacer las cosas. Cuida de ubicar las piezas lo mejor posible y que la música de fondo sea la adecuada para lo que cada sala va mostrando. La exposición es producto de un intercambio entre nuestro Museo y el Hermitage de la Federación Rusa. Sus explicaciones son buenas y completas y, sin perder el ritmo, Olga le da a uno tiempo para que las lea, si desea hacerlo.

 

Hoy aprendí muchas cosas sobre Rusia y sus Zares. Para comenzar que Zar y Káiser vienen de César, por Julio César el romano. Sólo sabía que el Hermitage es el Palacio de Invierno ruso, construido en San Petersburgo por Pedro I, el Grande, quien pensaba que Rusia debería ser un país europeo, abierto al mundo, con un palacio más bello que el francés de Versalles.

 

Los cuadros muestran la fortuna con la que el Zar logró su cometido: un lugar hermoso, dotado hasta de cascadas. Olga aprovechó un estupendo mapa puesto por Antropología para mostrar la inteligencia política y logística de Pedro. San Petersburgo está en la desembocadura del río Neva, en el golfo de Finlandia, sobre el Báltico, que Suecia controló medio siglo, antes de que el Zar cambiara las cosas.

 

El Báltico, me enteré también, es un mar interno, menos salado que la mayoría porque en él desembocan muchos ríos formados por agua de deshielo, con poca evaporación, amén de que, al casi cerrarlo, Dinamarca y su archipiélago impiden el intercambio de aguas con las saladas del Mar del Norte. Me resultó muy curioso saber que el Báltico es gran productor de ámbar, el tercero del mundo, sólo superado por México y la República Dominicana. Vimos un precioso cofrecito hecho con ámbar, esa resina fosilizada de coníferas de la que en Chiapas hacen algunos dijes.

 

Pedro el Grande, nos contó, dominó varios oficios. Entre ellos, fue tornero y carpintero. Su gusto por el arte lo llevó a estar en contacto con los extranjeros residentes en Rusia y a viajar a Europa. Fue una buena manera de aprovechar el tiempo mientras se presentaba una coyuntura favorable para su llegada al poder, bastante complicada, según aprecié en la genealogía que nos mostró.

 

Olga nos platicó de la formación de la Iglesia Ortodoxa, nos enseñó a los padres de Pedro, Alejo I y Natalya, cuyas ropas muestran el encierro de Rusia; nos dijo de sus 15 hermanos, de los cuales sólo 5 superaron la infancia. Realmente no tenemos idea de lo que eran los siglos XVII y XVIII en materia de higiene y cuidados, pues si en una casa real sobrevivía una tercera parte de los bebés ¿Qué sería en las demás?

 

Olga nos contó del cogobierno de Pedro con su enfermizo medio hermano Iván V, de la regencia y posterior reclusión de su hermana Sofía. Luego nos enseñó el vaciado de la mano del Zar, que me pareció una “manota” hasta que me enteré que Pedro I era un hombre de 2.04 metros, con extremidades pequeñas...

 

También nos platicó de Catalina II y algunos chismes sabrosos de amor, nos hizo ver a Napoleón Bonaparte desde el ángulo ruso y finalmente a los últimos Romanov: Nicolás II y su familia. La exposición muestra un oso de peluche sentado en un sillón art decó, que desde 1918 espera el regreso de su dueño, el infortunado zarevich.

 

Imposible ir a una exposición de arte ruso sin encontrarse con Peter Carl Fabergé, sus famosos huevos de Pascua y sus reproducciones, en oro, plata y platino, de las coronas rusas, 10 veces mayores que las joyas que se muestran.

 

La exposición termina con marzo. Olga, con la autorización correspondiente, organiza sus visitas de 9 a 11, a un precio más que razonable. El Museo cobra 51 pesos la entrada a los menores de 60 años. Para los mayores con credencial, es gratis. olga_cano@hotmail.com es el correo-e para aprovechar la oportunidad de pasar un rato interesante y divertido con Olga y los Zares.