Nosotros, Sarkozy y la Restauración Meiji


México globalizado

Lástima que sea indicador de un serio problema cultural. De otra manera, me daría risa leer que el Presidente Sarkozy “se portó mal” en su reciente visita a México. Sarkozy hizo lo que tenía que hacer: aprovechar la agenda que le servimos en bandeja de plata. Si hubiera traído un tema del cual hablar, una bandera que defender o una propuesta que hacer, la hubiera dicho de todas maneras. No traía nada en especial y cuando le pidieron que no hablara de la secuestradora, le dieron material de conversación y de paso, como se dice vulgarmente, nos emboletó en algo que puede volverse un gran problema.

 

La cuestión saca a la luz nuestra costumbre de ver a la carambola de seis bandas como la distancia más corta entre dos puntos, de manejar las cosas como arte barroco, de usar varios lenguajes para las mismas circunstancias y de utilizar la información como arma, no como elemento de conocimiento que es necesario aplicar. Entre nosotros, quien está cerca del poder, “sabe”, el que está lejos “ignora”, no es digno de respeto y carece de posibilidades en la mente del “poderoso”. En realidad no es así, porque la información abunda, y eso genera conflictos y contradicciones.

 

El mundo maneja la información de otra manera. Ignorarlo es querer tapar el Sol con un dedo. En la sociedad del conocimiento ese manejo “secretista” de la información nos está poniendo en serios problemas. La cuestión de Sarkozy ilustra el punto. Cualquiera que lea en la Wikipedia quién es, se dará cuenta de que es canela fina. (http://es.wikipedia.org/wiki/Nicolas_Sarkozy)

 

Pocos políticos en ejercicio tienen un apartado de “escándalos” en su biografía, y además es interesante saber que entre otras cosas en 1993-95 fue ministro de Comunicación y Portavoz del Gobierno de Edouard Balladur. En buen español eso quiere decir que el 23° Presidente de la República Francesa y Copríncipe de Andorra no da brinco sin guarache. ¿Cómo puede alguien pedirle a un jefe de Estado, con un currículum como el suyo, que hable o deje de hablar de un tema?

 

La crisis mundial está sacando a la luz nuestros defectos y los del mundo entero, pero por lo pronto interesan los nuestros. El del manejo secretista y jerarquizado de la información es uno muy serio en la sociedad del conocimiento, la que además de poner la información al alcance de todos, hace del conocimiento uno de los principales mecanismos de creación de riqueza.

 

De las definiciones de conocimiento de la Real Academia aplica en este caso la que dice que es el acto de conocer. De éste, son aplicables dos acepciones 1. Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. 2. Entender, advertir, saber, echar de ver. (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?)

 

Cuando se maneja en secreto lo que por definición no es secreto, diciendo a “B” no le digas a “A” tal cosa y viceversa, si se trata de algo que afecta a todos, se da pie a rumores, a malos entendidos, a pérdidas de tiempo y de competitividad. Es una manera de perpetuar la cultura autoritaria, de evitar que “crezca nuestra democracia”. No digo que se difunda todo indiscriminadamente, no. No se trata de eso. Lo más valioso que hay ahora es la información vuelta conocimiento. Lo que digo es que nos demos cuenta de lo ineficientes que somos al manejar mal las cosas, en parte por falta de información, aunque los datos estén ahí, gratis, al alcance de cualquiera que desee hacer bien su trabajo.

 

Nuestro futuro es de pronóstico reservado. No se ve que las luchas iniciadas en 1810 y en 1910 nos hayan ayudado a construir el gran país que podríamos ser. Tenemos muchas cualidades, pero también muchos defectos y el confundir la capacidad de calificar con la de analizar es uno de ellos. Salvo excepciones, preferimos calificar (o descalificar) que pensar. Eso nos impide progresar, vivir en armonía, tener un Estado de Derecho, un buen gobierno y empresas competitivas a nivel mundial.

 

¿De dónde nos viene esa forma de ser? En parte de los españoles. Recuerdo que hace muchos años leí El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, escritor español que vivió de 1760 a1828. El sí de las niñas es la descripción de cómo las jóvenes de su tiempo le dan el avión a cualquiera, en vez de decir que no, de preguntar, de hablar francamente, etcétera. También creo que nos viene de los indios. No me imagino a nadie diciéndole a Moctezuma: “No mi huēy tlahtoāni (rey de reyes), no es Quetzalcoatl, es Hernán Cortés.”

 

Con ánimos de proponer algún cambio que nos permita encontrar nuevos caminos, ser más constructivos y comenzar a hacer las cosas de otra manera, pensé que podemos aprender de los japoneses y su restauración de la dinastía Meiji, (http://es.wikipedia.org/wiki/Restauraci%C3%B3n_Meiji) que aún está frente a Japón. Fue una verdadera revolución, el fin del feudalismo y la apertura del país al mundo. Corrió a cargo de la élite, que en 1868 se dio cuenta que ante la avalancha de extranjeros era suicida conservar sus privilegios.

 

Fue tarea difícil, les costó 40 años de inestabilidad, pero lograron lo que querían. Hoy nosotros no tenemos estabilidad y nuestro tejido social se desbarata. Es hora de hacer las cosas de otra manera, de adaptarnos al mundo actual. Los Meiji conservaron la ética samurai y dieron a la población la posibilidad de portar apellido (es decir de ser personas). Nuestra situación es distinta y los retos también. Definir nuestra ética real, aprender a analizar las cosas, olvidarnos de secretos que no son tales, tratarnos a nosotros mismos y a los demás con respeto, como personas, es andar por el camino que puede ayudarnos a salir de la crisis y encontrar un rumbo más constructivo que el que ahora tenemos.