SUSTENTABILIDAD GLOBAL Y BOLSAS DE PLÁSTICO


MÉXICO GLOBALIZADO

Para E.V.

 

La historia de la humanidad está llena de tendencias que apuntan en un sentido y otras que lo hacen al contrario. Por eso es apasionante descubrirlas.

 

Hoy la naturaleza se pone de moda. Es parte del mundo que lucha por imponerse: más respetuoso de la ecología y menos consumista. Es un paso adelante en la tendencia antropocéntrica (del griego anthropos, "humano” y kentron “centro") que lucha por abrirse paso desde hace mucho tiempo.

 

La versión moderna antropocéntrica está en buena parte impulsada por la tecnología de la sociedad de la información, que desplaza con máquinas a los seres humanos que hacen trabajo de máquinas, y les abre la oportunidad, aún teórica, de una vida más humana, de hacer trabajos que sólo los seres humanos podemos hacer: pensar, crear, analizar, etcétera.

 

En la década de los 70s el ser humano comenzó a estudiarse a sí mismo con más interés que antes. De esa época datan las aplicaciones pragmáticas del funcionamiento de la mente, como los mapas mentales, y se aceleran los estudios del ADN, que derivan en el genoma, para  mencionar dos casos.

 

De ese tiempo data también el concepto de sustentabilidad que busca mantener el entorno en condiciones favorables para el desarrollo de la vida humana y que señala con dedo flamígero cualquier cosa que lo impida, como el calentamiento global.

 

Es interesante ver desde esa óptica muchas de las cosas que hoy suceden. Sin duda, la crisis de las tarjetas de crédito a nivel mundial  atenta contra la sociedad de consumo, esquema económico que es ya poco sustentable. No quiere decir que dejaremos de consumir, no. Simplemente que lo haremos a otro ritmo, más consciente.

 

Si se hace bien, liquidar las tarjetas implica aprender a manejar el dinero, conocimiento indispensable para todo emprendedor que quiera solucionar sus problemas al margen del mundo del empleo, que está cada vez más cerrado porque no será la forma común de trabajar en la sociedad del conocimiento.

 

El empleo es típico de la sociedad industrial, que está desapareciendo, y seguirá sólo en los países destinados a industrializarse. Si México quiere ser el país del empleo, tendrá que ser consciente de lo que significa y, de todas maneras, asumir que para triunfar en esta nueva sociedad, nuestro desarrollo personal, de seres humanos, es fundamental y manejar bien el dinero es parte de él.

 

Dentro de ese esquema, surgen muchas cosas que en los países desarrollados son parte de un proceso y en el nuestro, por desgracia, son sólo imitaciones extralógicas, incompletas, que sólo hacen ruido, nos llenan de conflictos y problemas. El ejemplo más reciente es el de las bolsas de plástico.

 

Como se sabe, la Asamblea del DF decidió prohibir que las sigan dando a sus clientes las tiendas de autoservicio porque contaminan. Es cierto, contaminan y en el mundo hay la tendencia a sustituirlas, pero como parte de un proceso, no como decisión política (¿ocurrencia?). Les guste o no a los Representantes, las máquinas que hacen bolsas de plástico no hacen bolsas de otro material y, por eso, los países que toman las cosas en serio tienen entre 5 años y todo lo que va de la década empeñados en el proceso.

 

El caso de las bolsas de plástico es, desgraciadamente, muy ilustrativo de lo que nos pasa. El planteamiento es, como suelen hacerse últimamente, incompleto. Ni siquiera hay idea del proceso de sustitución. Se habla de bolsas de papel. Quienes así lo proponen, no tienen idea de lo que dicen. Sería muy bueno que al menos hicieran una vez personalmente sus compras para que vean qué pasa si uno lleva su súper en bolsas de papel.

 

En otros países hay varias opciones:

 

  • Cobrar la bolsa de plástico para que la gente la cuide y la use varias veces. Ha resultado bien en lugares como Irlanda, que es de los pioneros en el cambio.

 

  • Hacer las bolsas de plástico de mejor calidad, para que se usen varias veces.

 

  • Hacer la sustitución por bolsas de algodón, tipo morrales de manta o de mezclilla, tres veces más caras, pero sin duda más lindas y resistentes. (Abre una ventana de oportunidad para países productores de algodón, como México. Otra sería regresar al uso de las canastas que se empleaban antes de las bolsas de plástico las desplazara. Sólo habría que mejorarlas.)

 

  • Sustituir el petróleo y casi todo el proceso de producción por materiales hechos con almidón o harina de papa, con la posibilidad muy real de que suban de precio, como sucede con los granos a raíz de los bioenergéticos.

 

Me pregunto, como parte del análisis. Como productores de petróleo ¿Somos conscientes de que el 5% de la producción mundial del hidrocarburo se destina a hacer bolsas de plástico? ¿Nos hemos dado cuenta de que en menos de una década ya no se harán autos de gasolina y que el petróleo será una materia prima más, útil en la petroquímica, pero no un material estratégico del cual vivir?

 

Sería sensacional tener bolsas biodegradables, reutilizables y compostables. Más aún lo sería contar con una propuesta bien pensada, analizada, responsable, con sentido, que pudiera llevarse a cabo con eficacia, sin sorpresas hijas de la improvisación, de la desinformación, de la frivolidad con la que hacemos las cosas.