Migración y desempleo


México globalizado

Hoy la crisis revive cuestiones que el filósofo y psiquiatra Frantz Fanon vivió hace 60 años. Originario de La Martinica, siempre se sintió francés, hasta que, expulsados por los nazis, llegaron los franceses a su isla y se dio cuenta que era negro, no francés. Fanon fue un luchador social, autor de Los condenados de la Tierra, (Les Damnés de la Terre) libro que, con prólogo de Jean Paul Sartre, levantó ámpulas en los 1960s. Merece una segunda lectura a la luz de la crisis actual.

 

Día con día vemos noticias sobre migrantes ilegales emproblemados. También vemos que hay dificultades para definir el estatus de la población de lugares como el Departamento de Ultramar (Martinica, Guadalupe y la Guayana) de Francia, república centralista, cuyos Departamentos son teóricamente iguales, aunque los tres lugares mencionados sean en realidad sus colonias en América.

 

Los habitantes de Ultramar afirman que si son europeos tienen derecho a trabajar en el Continente, que no los quiere, y que si Europa no los recibe ¿por qué tienen la obligación de recibir a los trabajadores europeos, mucho mejor calificados, que los desplazan hasta de los puestos más humildes?

 

Euronews ha pasado varios reportajes sobre Guadalupe. Entrevistaron a unos desempleados, por ejemplo a una mujer que buscaba empleo en un hotel sueco que acaba de reabrir. Decía muy indignada que para hacer camas no se necesita saber sueco. Cierto, para hacerlas no, pero para recibir y seguir instrucciones de los empleadores suecos sí.

 

Me recordó una investigación que hice hace ya muchos años para una cadena hotelera pionera en Cancún. Aún no existía la ciudad. El hotel tenía una rotación de 200% anual, es decir, en promedio cambiaba el personal dos veces al año. La desesperación del gerente era tal que una vez contrató como meseros a los dos patrulleros que había, quienes dejaron la patrulla tirada, al pueblo sin vigilancia y el resultado fue fatal: le echaron el café encima a los clientes, porque tenían buena voluntad y ganas de ganar dinero, pero ninguna calificación.

 

Uno de los resultados de la investigación fue detectar que las personas analfabetas no entendían las instrucciones, ni menos aún tenían la capacidad de dar seguimiento a su propio desempeño, así que era común que dejaran sin sacudir algo, los baños a medio hacer y cuestiones parecidas.

 

Saber leer y escribir supone capacidad de abstracción. Si la gente tiene su certificado de educación básica, es decir, estuvo en la escuela hasta tercero de secundaria, pero no aprendió, es analfabeta funcional. Poco puede hacer en el mundo actual y menos en el que ya se vino encima: el de la sociedad del conocimiento.

 

En la sociedad industrial, que desaparece a pasos agigantados, las personas sin conocimientos escolares tenían cierta cabida, aunque fuera en los trabajos más sencillos, ahora cada vez más escasos. No es problema de “echarle ganas” es una cuestión de mejora en los conocimientos básicos, de encontrar la manera de trasmitirlos rápido y masivamente.

 

Por ejemplo nuestros jornaleros, o los centroamericanos, sin educación escolar que emigraban a EUA ¿Qué pueden hacer ahora? Ya las máquinas los desplazaron de los cultivos de granos, incluso aquí. Para cultivar jitomates, y frutales en general, cuya fragilidad dificulta el empleo de maquinaria, se necesita una coordinación motriz fina, de la que carecen, y capacidad de abstracción para cuidar las plantas. Por tanto, ya no tienen cabida en el campo.

 

Si se quedan en las ciudades ¿Qué pueden hacer? Antes eran lavaplatos, pero ahora hay lavavajillas. Introducir y sacar la loza de la máquina es el puesto para una persona que tenga capacidad para hacer el sencillo proceso de quitar los restos que no podrá lavar la máquina, de observación, para evitar que algo esté manchado, y la coordinación suficiente para acomodar la vajilla por tamaños y en forma segura. Es un trabajo muy sencillo, que no puede hacer alguien que no ha desarrollado esas habilidades.

 

Los ejemplos son infinitos. Las deficiencias de nuestra escuela elemental son visibles. México le apostó a la mano de obra barata hace años, cuando nadie sentía la presencia de China o de la India y simplemente se pensaba que lo barato era una ventaja comparativa del país.

 

Ahora, cuando las ventajas son competitivas, es decir, nacidas del valor que uno agrega, es claro que fue un error garrafal, con contenidos políticos, cuyas consecuencias estamos pagando ya. Quienes así pensaban, creían que la gente mal educada no tenía ambiciones y no se rebelaba. No sé si alguna vez la hubo, pero hoy no existe correlación entre la ignorancia y la estabilidad política y menos existirá en el futuro cercano.

 

Los emigrantes poco calificados son un problema mundial. Supongo que los países que reciben población harán tratados con los que la expulsan, para poner coto a esa migración. Admitirán cada vez menos, en condiciones cada vez más limitadas. Los tratados de braceros de los años 1950s entre México y EUA fueron eso: los primeros intentos de reducir un flujo hasta entonces ilimitado. Los tratados tienen esa función: impedir la llegada de personas que nacieron en otros lugares y que las economías receptoras ya no necesitan ¿Eso buscan quienes presionan para que Calderón haga que Obama aborde el tema?

 

El problema principal es nuestro. Si las máquinas desplazan al ser humano de los trabajos que ellas pueden hacer ¿Qué valor agregan a una economía las personas sin calificación para hacen esos trabajos? ¿Qué puede hacerse en México para enfrentar rápida y eficazmente las deficiencias educativas fundamentales? Me gustaría oír y ver respuestas a esas preguntas. Ver que por encima de ideologías y posturas personales, los partidos políticos se ocupan del tema y proponen soluciones concretas y viables. ¿Podrán y querrán hacerlo?