CANCÚN; NEGOCIOS Y EPIDEMIA


MÉXICO GLOBALIZADO

Echar a andar la economía nacional, cuidar que no se deteriore mucho el PIB, seguir en alerta sin pánico, dotarnos de un sistema fiscal razonable y hacer campañas efectivas a favor de México, son retos del gobierno.

 

Las personas tenemos desafíos equivalentes: adaptarnos a los cambios, ordenar las finanzas, salir del sobreendeudamiento, recuperar los clientes y hacer que donde trabajemos el negocio sea negocio, sin importar si somos asalariados (para conservar la chamba) o es nuestro (medio de vida).

 

Veo el libro de Pedro Dondé Escalante y Eduardo Turrent y Díaz, Banco de México fundador de Cancún. XL Aniversario: 1969-2009. Publicado por el propio Banxico, en sus 44 páginas de apretada y amena historia, tiene varias fotos que muestran cómo hace cuatro décadas ese gran polo turístico era una zona despoblada, dominada por la naturaleza.

 

Los autores hablan de los funcionarios públicos que impulsaron el desarrollo y de algunos emprendedores que tuvieron la visión de asentarse en esa región entonces tan lejana de México. Mientras leo, me pregunto ¿Qué dirían aquellos pioneros si vieran la zona hoy en día, tan llena de edificios, tiendas y opciones de diversión y, en proporción, tan despoblada como cuando Puerto Juárez era una colonia de 117 habitantes?

 

Entre los fundadores mencionan a don Aníbal de Iturbide. Su nombre me arranca siempre una sonrisa de admiración. Fue gran emprendedor. Tuve la suerte de platicar con él algunas veces y sobre esos recuerdos construyo esta pequeña biografía y mis reflexiones.

 

Inició su vida profesional en Banamex en los años 1920s. Lo mandaron becado a España, donde cambió el estudio por los toros. El Banco le perdonó el abandono y lo repatrió. Don Aníbal alegaba que fue una buena inversión porque por eso logró que los mostradores sustituyeran las rejas que antes de él caracterizaron las ventanillas bancarias, esas rejas que vemos en las viejas películas del Oeste y que, decía convencido, afeaban tanto las sucursales.

 

En 1932, dejó Banamex y se fue con don Salvador Ugarte a fundar Bancomer. Era un banco tan pequeño que tenían que esperar a que el socio mayoritario, don Raúl Baillères, cerrara sus negocios y aportara los fondos para ir con los cheques a la cámara de compensación.

 

Nadie visitaba Bancomer con su flamante mobiliario de segunda mano. Para ir haciendo clientes, iban a oficinas y negocios a ofrecer servicios más adaptados a sus necesidades, quizá alguno más barato, o con un pequeño plus. No abrían la puerta, ponían cara de aburrimiento y se sentaban a esperar su llegada.

 

Supongo que eso diría don Aníbal a la gente de los negocios que hoy están desiertos como secuela de la epidemia: “piensa qué cosa útil puedes ofrecer y ve por tus clientes, porque ellos no vendrán solos.”

 

Años después, cuando don Manuel Espinosa Yglesias se quedó frente a Bancomer, don Raúl se fue del Banco y con él varios directivos, entre ellos don Aníbal. Se encargarían de Comermex, antecesor del actual Scotiabank.

 

Al poco tiempo Rockefeller invitó a don Manuel y a don Aníbal a desayunar. En la plática, el anfitrión preguntó a don Manuel cómo hacía para poner sucursales y éste le describió un complicado sistema, que era más elaborado que la realidad. Luego le preguntó a don Aníbal qué hacía y la respuesta fue: Espero que Bancomer abra una sucursal y pongo una enfrente.

 

Años después se retiró y se fue a Quintana Roo. Cancún era aún isla. Ignoro qué tantos negocios haría ahí. Sé que parte importante de su tiempo la dedicó a bucear (estoy hablando de un jubilado) y a disfrutar de su casa en Chakalal, adonde sólo se llegaba en lancha. ¿Qué diferencias hay entre don Aníbal y los actuales pobladores de la zona y entre éstos y los miles de emprendedores que están frente a sus negocios vacíos?

 

La imaginación, la prontitud de respuesta y las inversiones cuidadosas. Don Aníbal era simpático y sabía atender a los clientes, los conocía, tenía idea clara de qué necesitaban y cuidaba muy bien aspectos como los costos.

 

En los negocios vacíos de hoy, en Cancún, en Cozumel y en todo el país ¿La gente sabe quiénes son sus clientes y por qué son suyos y no de otro? Si la respuesta es “no”, “creo” o “supongo” es hora de investigar. Si uno ignora quién es su cliente, por qué lo es y dónde está ¿Cómo puede ir por él? ¿Cómo puede hacer que regrese? ¿Cómo saber si se fue por la epidemia o ya se había ido y se dieron cuenta a raíz de paralización de actividades?

 

Otra pregunta que vale la pena hacerse es ¿Qué cambios e innovaciones ha tenido el negocio a lo largo de su historia, sin importar qué tan larga o corta sea? El mundo ha cambiado los últimos años. Lo hace más en últimas fechas. Si todo sigue igual ¿Por qué? ¿En qué ramo está que no le afecta el entorno? ¿No se irían los clientes porque el negocio no adapta a las transformaciones?

 

Otros puntos fundamentales son ordenar las finanzas personales y salir del sobreendeudamiento. Si estamos endeudados en exceso y el negocio también ¿Cómo hacer que el negocio sea negocio? Los mexicanos tenemos aversión a achicar las empresas, pero a veces es necesario, es la manera de sobrevivir a un temporal, para luego volver a crecer.

 

Cuando don Aníbal se fue de Banamex a Bancomer con un sueldo menor, dio de baja un teléfono y a una empleada doméstica. Era hombre adinerado al final de sus días, porque cuando fue necesario, supo achicarse. ¿El negocio tiene los mismos gastos con la mitad de la clientela o menos? ¿Por qué? ¿De dónde salen esos recursos? ¿De la tarjeta o de otra forma de crédito? ¿Qué haremos si no generan lo suficiente para pagar ese dinero? ¿Cuánto nos cuesta lograr una venta? ¿Separamos nuestros gastos personales de los que hacemos para generar dinero? ¿Somos dueños de un negocio que nos paga un sueldo o lo “ordeñamos” cada vez que necesitamos comprar algo y si no nos alcanza pensamos que es culpa de la crisis, del gobierno o de la epidemia?

 

En el 2008, cuando inició la actual crisis, la Deutsche Welle TV, en su programa en español de las 21 hrs., pasó entrevistas a los pequeños empresarios. Fue muy interesante: muchos esperaban dinero del gobierno porque ya no les alcanzaba para pagar su nómina.

 

No entendí dónde estaba el negocio, si no había dinero suficiente para los gastos cotidianos. Urge una redefinición mundial del crédito. Que el emprendedor, la PYME, el trabajador por cuenta propia y el asalariado encuentren dónde está el negocio de lo que hacen es esencial porque, mexicanos o extranjeros, con o sin epidemia, con o sin crisis, con o sin idealismo, los negocios necesitan de la ganancia como los humanos del oxígeno y vivir de prestado no es generar ganancia.

 

Es vital aprovechar el momento actual para replantear el manejo financiero, redefinir nuestra actividad, aprender a fijarnos en los clientes, ir a buscarlos y estar listos para que la ayuda que nos dé el gobierno, si acaso nos llega, sea eso, una ayuda y no un tanque de oxígeno que nos dé respiración artificial y luego se convierta en una gran deuda o en un problema mayor.