EL GOBIERNO, LAS TARJETAS Y LA HISTORIA


México globalizado

Las entrevistas por radio, las presentaciones y los cursos en torno al libro ¡Auxilio! ¿Qué hago con mi tarjeta de crédito? (Panorama Ed.) me han dado la oportunidad de escuchar puntos de vista diferentes que me invitan a reflexionar sobre aspectos relacionados, externos a la obra. Por ejemplo, la influencia del manejo gubernamental del dinero en lo personal y viceversa. Por siglos aprendimos del comportamiento financiero del gobierno. Ahora es tiempo de mostrarle al gobierno lo que las tarjetas nos enseñan:

·      No podemos gastar indefinidamente por encima de los ingresos reales.

·      Presupuestar ingresos no garantiza que los obtengamos.

·      Consumir a crédito es diferir los gastos.

·      Diferir los gastos implica un pago extra.

·      Las tasas de interés variables encarecen las deudas, no las generan.

 La deuda con las tarjetas es mundial. También la de las empresas. La última sorpresa fue la quiebra de Japan Airlines. Está en un mercado en el que sólo Rayanair, la línea irlandesa de bajo costo, parece sustentable. Vende lo que ofrece: vuelos a clientes que van como si viajaran en Metro. Lo sustentable en el mundo globalizado tiende a ser así: descarnadamente simple, rápido y barato. Lograrlo exige alta productividad. Por eso, el proceso de pagar las tarjetas puede acelerar el tránsito a lo sustentable.

 Entre 1929 y 1932 el Presidente Hoover de los EUA animaba a los ciudadanos diciendo “la prosperidad está a la vuelta de la esquina”. En 1939, cuando su país alcanzó esa prosperidad, la economía que salió de la crisis era diferente de la que entró en ella. Los autos, la electricidad, la radio y el cine, con nuevas técnicas de producción, dominaban el panorama. Algo similar pasa ahora: para llegar al mundo sustentable, rápido, sencillo, ecológico, competitivo y flexible muchas cosas desaparecerán en el camino.

Que la economía se reanime poco a poco es diferente a que se acabe la crisis. Los gobiernos de los países desarrollados que apagaron a billetazos el incendio iniciado a mediados del 2008 están a punto de aprenderlo. También los gobiernos que, como el de México, succionan a la sociedad los recursos que ésta debería usar para aumentar su producción y el pago de impuestos.

En México el gobierno es el origen de muchos comportamientos sociales. Por desgracia, es ineficiente para manejar adecuadamente el dinero. Me refiero al gobierno actual –en sus tres niveles, al margen de los partidos – y a todos, desde el virreinato. De los precolombinos no digo, porque no sé. Su economía no era monetaria.

Cortés (1485-1547) llegó a México en 1519. Carlos I (1500-1558) reinaba ya sobre la España unificada, que heredó de sus abuelos maternos. Al año siguiente se convirtió en Carlos V cuando recibió de su abuelo paterno el Sacro Imperio Romano Germánico. También le dejó los Países Bajos y los territorios austriacos.

Carlos V, fundador de la dinastía de los Austria o Habsburgo en España, fue un rico heredero. Durante su reinado aumentó enormemente sus ingresos, sus gastos y sus deudas. Sus dominios americanos lo proveían de un flujo considerable de recursos, pero menor al costo de sus guerras y forma de vivir. La sociedad novohispana le aprendió las delicias de gastar.

En 1556, Felipe II (1527-1598) heredó de su padre el imperio español y una deuda de veinte millones de ducados. Al año siguiente se declaró en bancarrota. Durante su reinado emprendió sus guerras a crédito, con vistas a las ganancias futuras de su imperio, que también sustentaron el esplendor cultural del Siglo de oro, el Renacimiento español, donde florecieron talentos como Santa Teresa, Cervantes, Lope de Vega, El Greco, Murillo y Velázquez.

Felipe II quebró a sus acreedores. Sólo los banqueros alemanes Fugger (Fúcar en español), pudieron salvarse de la quiebra cuando su majestad volvió a suspender pagos en 1575 y en 1596. Sus últimos créditos los consiguió a 70% de interés. Heredó a su hijo Felipe III una deuda de cien millones de ducados.

El sobreendeudamiento fue ejemplo de gasto y talón de Aquiles del Imperio. En 1700, cuando se acabaron los Austria, llegaron los Borbones. No pudieron resolverlo. Al contrario. Su precaria situación hizo crisis con la invasión napoleónica a España. Cuando José Bonaparte suspendió pagos en 1808, ahogó la economía y arruinó a los criollos de la América hispana. En términos actuales, quebró a las clases medias y provocó la Independencia.

En México, los insurgentes, por encima de diferencias ideológicas, coincidieron en la aberración económica de abolir los impuestos. (Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre). México comenzó a crédito su vida independiente. Su deuda se nutrió con altas tasas de interés. En 1876, Díaz llegó al poder. Abonar la deuda con EUA fue una de sus medidas iniciales.

Su gobierno, el 60 desde la Independencia, requirió de más de una década para equilibrar las finanzas. Creó oportunidades de inversión, como los ferrocarriles, para pagar parte de la deuda sin desembolsar un dinero que no tenía. Logró desarrollo y obtuvo préstamos internacionales a bajo interés. Tras 30 años en el poder, su edad avanzada, la crisis de 1907-08 y decisiones inadecuadas contribuyeron a la Revolución.

Tras la guerra, en la segunda mitad de los 1940s, México recuperó el crédito internacional barato y la inversión. De Alemán a Díaz Ordaz se dieron el milagro mexicano y el desarrollo estabilizador. En los 1970s, el desarrollo compartido de Echeverría, su manejo de la política económica desde Los Pinos y una banca internacional con sobrantes de petrodólares que prestar, nos llevaron al sobreendeudamiento. El final de esa etapa fue la estatización de la banca (1982), el error de diciembre (1994) y la renegociación para pasar la deuda a plazos más largos y con interés menor. Eso permitió enfrentar con relativa tranquilidad los primeros embates de una crisis global que va mucho más allá de lo económico.

Para entrar a la etapa de la economía sustentable, gobierno y ciudadanos debemos reorganizarnos eficiente y productivamente. Hacer las cosas como siempre lleva a los resultados de siempre. Si como personas, buscamos resolver el problema del pago de deudas, los gobiernos tienen que hacer su tarea. Una reforma fiscal no es suficiente. El replanteamiento es más profundo. Los efectos de las alzas no se van a diluir. Como la economía no se mueve, ni genera los recursos suficientes para absorberlos, agudizarán las carencias y volverán más precaria la situación social.

La crisis de los países desarrollados está haciendo que saquen su producción industrial a naciones que puedan manufacturarla. México puede. Nuestra mano de obra es excelente, como sabe la industria automotriz. Atraer más empresas supone un sistema fiscal eficaz, fácil, claro y realista. El actual es deficiente, difícil, confuso y caro. El problema no es retener 10.6667% de IVA, porque con poner el .6667 a la fórmula de Excel, la computadora lo saca.

La cuestión es de definición conceptual: ¿qué prefiere el gobierno: absorber más de la mitad de los ingresos de los causantes cautivos o que estos generen más riqueza? Es momento que el Ejecutivo, el Congreso de la Unión y demás involucrados entiendan que los recursos ilimitados no existen, que no pueden pretender un crecimiento sostenido sin manejar los gastos de acuerdo con el ingreso y con la generación de recursos.

Cuando los tarjetahabientes emproblemados aceptamos esa realidad y actuamos en consecuencia, comenzamos a pagar realmente las tarjetas. El gobierno tiene que hacer lo propio, que entender, por ejemplo, que no puede cobrar ISR +IVA + IETU y lograr simultáneamente crecimiento económico y empleo. ¿Cómo habrá más empleo si a la sequía de recursos que provoca el sistema agrega el IETU, que acelera el proceso de automatización, pues al no deducir la nómina hace más costeable tener máquinas que empleados?